
Vasos comunicantes
Como si estuviesen unidos por inesperados vasos comunicantes, los muchos esfuerzos del gobierno argentino por deteriorar la imagen del Poder Judicial terminan facilitando indirectamente las posibilidades del film Argentina, 1985 en cosechar lauros internacionales cada vez más importantes.
Volvió a suceder esta semana: mientras el inefable secretario de Derechos Humanos, Horacio Pietragalla llevaba adelante una absurda autodenuncia de la Argentina ante las Naciones Unidas -ya que los tribunales son uno de los tres poderes en el que se asienta nuestro sistema democrático- por el bendito lawfare que solo agita el kirchnerismo, la película que reivindica el valiente accionar de la justicia civil para juzgar a las juntas de comandantes de la dictadura, sumó un nuevo e importante reconocimiento: la Academia de Hollywood la nominó para disputar con otros cuatro títulos en el rubro de películas no habladas en inglés.
A veces no solo cuentan las calidades objetivas de una realización, sino que también puede sumar -y mucho- si la temática que toca tiene algún tipo de resonancia que sensibilice a la comunidad internacional. Podría ser el caso de Argentina, 1985.





