Víctimas, hoy y mañana
Entre las muchas crónicas que registraron los casos de abusos en las divisiones inferiores de Independiente, en la edición del domingo, Gustavo Carabajal y Rodolfo Chisleanschi hicieron notar un dato sumergido entre tanto espanto. La mayor parte de las víctimas de la red de pedófilos no habían tomado conciencia plena de la gravedad de los delitos que habían padecido. La desgracia puede ser todavía más grande cuando sus protagonistas no tienen registro cierto de su propio sufrimiento.
Las causas de esa inconsciencia son varias y algunas pueden enumerarse: el origen social, la soledad de estar exiliados de sus hogares, la falta de madurez propia de un adolescente y hasta la siniestra colaboración de un cierto contexto sin normas de comportamiento ni controles preventivos.
El problema extra es que no tener un registro inicial de la situación no elimina los traumas. En algún momento, más allá o más acá en el tiempo, las huellas de esos abusos aparecen y exigen tratamiento y sanación. El retorno a la normalidad puede ser lento y complejo. Es ahora que tienen que prestar más atención en Independiente y rescatar a los chicos que antes no supieron cuidar.
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