Victimización y ofensa: dos clases diferentes de manipulación

Bernardo Stamateas
Bernardo Stamateas PARA LA NACION
En este artículo, analizaremos dos de las características de la manipulación: la victimización y la ofensa
En este artículo, analizaremos dos de las características de la manipulación: la victimización y la ofensa Fuente: Archivo - Crédito: Shutterstock
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28 de mayo de 2020  • 00:16

Ya sea que nos demos cuenta o no, todos estamos rodeados de ciertas personas que se relacionan con otras con el único objetivo de obtener algo a cambio. En este artículo, analizaremos dos de las características de la manipulación: la victimización y la ofensa.

a. La victimización

"He sufrido mucho", "¡Me lastimaron tanto!", "La vida ha sido muy dura conmigo". Un tema es poder contar, compartir un dolor o una situación adversa que tuvimos que enfrentar, y otra cuestión muy distinta es victimizarnos por los hechos sucedidos. Muchas personas utilizan esta forma de relacionarse con los demás con el fin de llegar a su objetivo.

La persona que se victimiza se posiciona en el lugar de la impotencia y diseña una encerrona mental interna al declarar su derrota, con lo cual no solo inhibe al agresor, sino que también queda atrapada en su ardid. Quien hace uso de esta técnica dice: "Soy un pobrecito", "Nadie me ayuda", "Todo me sale mal", "Nadie me quiere", intentando buscar empatía de parte de su receptor. "Todo el mundo me está agrediendo y yo no tengo absolutamente nada que ver", afirman algunos. Ciertamente, esta actitud despierta en los demás emociones encontradas. En un primer momento, la gente los escucha; luego, ese discurso molesta, y por último, se alejan.

Es muy probable que todos, en algún momento de nuestra vida, tengamos que pasar por una crisis, una situación adversa, una frustración; pero debemos pararnos en el lugar de la responsabilidad y nunca en el de la victimización. Nuestra pregunta debería ser: ¿Qué haré para resolver este dolor o esta circunstancia?

Muchas personas suelen usar las situaciones tristes vividas para manipular al otro u obtener algún beneficio. Sin embargo, cuando queremos algo, debemos pedirlo y no utilizar el dolor para lograrlo.

b. La ofensa

La persona que se ofende, de alguna manera, también intenta manipularnos. La palabra "ofensa" en el griego quiere decir "trampa". El individuo susceptible de ser ofendido manipula a través de su mensaje. Te advertirá: "Cuidado con lo que estás a punto de decir, porque si no me gusta, me voy a ofender". Dicho de otro modo, dependerá de tus palabras, si él se ofende o no: "No depende de mí, sino de vos". De esta manera, la persona no asume la responsabilidad de sus emociones y sus sentimientos, sino que la transfiere a las palabras de los otros. Así, se coloca en el centro del universo, lo cual suele ser un rasgo predominante de una personalidad narcisista que quiere manipular y manejar a los otros de acuerdo con su conveniencia. Logra, de este modo, generar un tipo de culpa. No se hace cargo e indirectamente te está manipulando.

Otro tipo de narcisista indirecto es aquel que centraliza todo en sí mismo: "Te estoy aburriendo con mi conversación", "¿No te molestó lo que te dije?". Todo lo hacen focalizado en su persona, dado que necesitan la mirada de los demás para sentir que tienen el control de lo que sucede a su alrededor.

Sin embargo, necesitamos hacernos cargo de nuestros pensamientos y decisiones, y no hacernos responsables por las decisiones que toman los demás. Cada uno tiene que asumir y recuperar el control remoto de su mundo emocional, y respetar y aceptar las resoluciones del otro, pero sin hacerse cargo de cómo ese otro se siente, o si algo le gusta o le disgusta.

A más estima, menos ofensa.

Cuanto más sepas quién sos, en menos trampas caerás.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com

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