Qué macana
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Por un lado me siento grande. Siento que tomé una decisión de adulta. Mandé a hacer un mueble a medida. Una especie de biblioteca para poner debajo de la tele. ¿¿??
Quizá ustedes crean ya saber en qué termina este post. "Seguro sacó mal las cuentas y no le va." Podría ser, tranquilamente, pero no.
Me llamaron para avisar que ya estaba; mi concubino, santo, lo fue a buscar. Ví en su rostro que era más pesado de lo que yo pensaba.
Lo ubica donde debía ir y ahí...me quedé congelada mirando.
Él se fue a trabajar y yo me quedé en casa...con el mueble.
Lo miraba y lo miraba y no me cerraba. Estaba perfectamente hecho, medidas exactas, arbitrarias, pero exactas.
"No sé si me tengo que acostumbrar, como siempre que haces un cambio, o si no me gusta." Pensaba. No podía determinarlo.
Tal vez lo estaba mirando demasiado y por eso me resultaba raro. Así fue que me fui hasta el hall del edificio y volví a subir a casa, para probar cómo me pegaba entrar y verlo.
Mal me pegaba. Me pega mejor dicho porque lo tengo todavía, está en el living ahora, el intruso. Me siento culpable pero no lo quiero. Más culpable todavía porque me salió 600 pesos. Si llamo al lugar no me lo vana tomar, es a medida. No sé, llamo y les cuento. Buuuu.
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