
Safari por las llanuras sin fin
Con sus 15.000 km2, el Parque Nacional Serengeti es un refugio de vida salvaje y una meca para amantes de la naturaleza
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PARQUE NACIONAL SERENGETI.- El Jeep frena en seco delante de una acacia solitaria. "¿Lo ven?", pregunta John, nuestro guía y conductor. Miramos y nada. La característica copa achatada del árbol, el tronco flaco y pálido y, detrás, la inmensa llanura dorada del Serengeti, el parque nacional más famoso de Tanzania y tal vez de todo Africa.
"Miren bien", insiste John. Y, de golpe, como esos dibujos de puntitos que, con la vista desenfocada y una buena dosis de paciencia, se transforman repentinamente en imágenes tridimensionales (los famosos estereogramas), el leopardo cobra forma y se nos aparece como una revelación. Allí está, retozando entre las ramas, oteando el horizonte en busca de alguna presa, aparentemente indiferente ante la ola de "uuhhhs" y "ahhhhs" y los clics de las cámaras digitales que no dan abasto.
Las expresiones de asombro se multiplican cuando al animal se le ocurre bajar del árbol y, con su aire cansino, merodear alrededor de nuestro Jeep durante larguísimos minutos (en los que, una vez más, los zooms de las máquinas no paran de tronar). Hasta que, claro, decide que no somos dignos de su interés y se pierde definitivamente entre los pastizales.
Suerte de principiante, le llaman. Que en las primeras horas de safari se logre divisar a uno de los mamíferos más esquivos de los célebres Big Five (león, elefante, leopardo, búfalo y rinoceronte) no es algo que se dé todos los días. Por supuesto, será tema de conversación dominante esa noche durante la comida, entre cervezas marca Serengeti (como casi todo en la zona) y pescado fresco con arroz y verduras (aunque más de uno fantaseó con probar carne de cocodrilo, lo cierto es que los menús tradicionales fueron muy bienvenidos).
De hecho, los días y las noches de safari giran en torno de esos temas: que cuántos animales se vieron, que si es verdad que el hipopótamo corre más rápido que el hombre, que hace no tanto un león se engulló a un turista alemán que osó bajarse de la camioneta...
Es extraña la sensación de irse a dormir con el rugido de leones, el chillido de las hienas o el lamento de los ñús a metros de la carpa (que, dicho sea de paso, es una carpa de lujo, con cama -nada de bolsa de dormir-, alfombra y hasta ducha de agua caliente incluida). Pero también, curiosamente, el rumor es reconfortante, como un arrullo tristón con cuya música caemos rendidos.
Se duerme poco, eso sí. Apenas despuntan los primeros rayos de sol nos subimos a los Jeeps, bien abrigados porque a esa hora, y con el viento en la cara, puede ponerse bastante fresco (no hay que olvidar que estamos a 1700 metros sobre el nivel del mar).
Vale la pena madrugar. Y no sólo porque es el mejor momento para ver los animales en plena actividad. También, porque bajo los colores tenues y el aire brumoso del alba el Serengeti se despliega ante los ojos como una acuarela gigante. La sabana de acacias, salpicada de claros de un bosque casi transparente, se extiende hasta más allá de lo que alcanza la vista. Son 360° de un horizonte prácticamente desnudo.
En ese paisaje salido de las páginas de Africa mía descubrimos, a lo lejos, las siluetas estilizadas de una familia de jirafas, una manada de búfalos pastando tranquilamente y un grupo de gacelas que nos observan inmóviles, alertas.
Con las horas, el ojo poco entrenado aprende a reconocer el lomo del león camuflado entre los pastos, aunque nunca de forma tan aguda como John. Es él el que distingue a tiempo, por ejemplo, una espectacular pelea entre dos leones disputándose una hembra. El ganador se retira airoso junto al trofeo y en el grupo enseguida sobreviene el chiste fácil.
Por lo demás, todo es silencio y contemplación en la sabana. Ocasionalmente nos cruzamos con otros jeeps de turistas, europeos o americanos en su mayoría, todos vestidos con los infaltables pantalones caqui, sombreros de ala ancha y el resto del equipo que usaría el protagonista de la vieja serie Daktari.
"Jambo, jambo", nos saludan en el campamento al llegar, ya con las últimas luces de la tarde. Jambo significa hola en swahili y se repite decenas de veces al día. De impecable saco blanco, los tanzanios que se desviven por atendernos nos ofrecen jugo de fruta y toallas húmedas para la cara y las manos oscuras por el polvo. Bromean con nosotros y quieren saber cómo son nuestros respectivos países. Uno de ellos nos dice: "Acá, a Tanzania, se puede venir 30 veces y siempre será un país diferente". Y nos da otra buena razón para volver.
Destino seguro y amigable
Tanzania es hoy un destino lejano para cualquiera que esté planeando sus vacaciones. Sin embargo, se vende como un país estable y seguro. Casi no hay estadísticas de asaltos a turistas, ni tampoco sufre las convulsiones políticas o religiosas que sacuden a sus vecinos, Uganda, Ruanda, Burundi o Mozambique, entre otros.
A pesar de la pobreza, el subdesarrollo y las alarmantes cifras del sida -como en muchos países africanos, sus índices de desarrollo social son pavorosos-, el antiguo protectorado británico optó por el turismo para intentar salir de la miseria. Gracias a una vigorosa política de promoción de sus bellezas naturales, el país es visitado semanalmente por unas 8 mil personas.
Tanzania es un mosaico de geografías, y cada uno de sus 13 parques nacionales representa parte de esa naturaleza. Los más visitados son el Serengeti y el cráter del volcán Ngorongoro, pero también reciben un aluvión de turistas el Kilimanjaro (la montaña más alta de Africa, con 5895 m) y la isla de Zanzíbar, la misma que vio nacer a Freddy Mercury.
Aventura y drama en un peculiar reality
Este año, el Parque Nacional Serengeti se convirtió en el escenario elegido para grabar un peculiarreality show. Se trata de Carrera en la Sabana , un documental de Animal Planet en el que los protagonistas son tres cebras y siete ñús, ese animal de cuernos curvados y patas flacas que, a primera vista, parece una cruza de caballo y buey.
En realidad, lo que Animal Planet hizo fue seguir en vivo, durante todo un año, uno de los acontecimientos más extraordinarios de Africa: la migración de más de 1,4 millones de ñús y 200.000 cebras y gacelas a través de la extensa planicie del Serengeti (que, precisamente, proviene del maasai Siringet, o llanura sin fin , aunque en rigor tiene un fin: abarca exactamente 15.000 kilómetros cuadrados), hasta las colinas de la reserva Masai Mara de Kenya, donde crecen pastos nuevos y frescos. Durante el frenético recorrido en busca de alimento, son más de 2800 kilómetros de distancia, unos 250.000 animales morirán en el camino, víctimas del agotamiento o las garras de los depredadores.
Los científicos que participaron del programa televisivo escogieron a los diez participantes y los dotaron de collares provistos de monitores GPS en miniatura, transmisores y sistemas de radio VHF, con el fin de seguir su rastro vía satélite. Captados por vistas aéreas, cámaras colgantes y otras instaladas en el suelo, los competidores exponen los peligros y vicisitudes de su viaje, que a la luz de las cámaras se convierte en una saga cargada de dramatismo.
Los mejores meses para presenciar la estampida son junio, julio y agosto. Los millares de ñús avanzan como una enorme mancha marrón en medio del paisaje, aunque no siempre están en movimiento. Pero, de pronto, a la orden misteriosa de uno de ellos, empiezan a correr en ordenado tropel por la sabana. Y con el galope sordo de su trote nos deleitan una vez más con un espectáculo único.
Datos útiles
Cómo ir
Desde Buenos Aires se puede llegar a Arusha, aeropuerto de Kilimanjaro, en Southafrican Airlines vía San Pablo, Johannesburgo y Dar Es Salaam, o en Lufthansa vía San Pablo y Francfort. Los pasajes parten de US$ 1700 más impuestos.
Safaris
Pueden ser de lujo o básicos, fotográficos o de trekking, en un solo parque o combinando varios. En promedio, seis días de safari en cuatro parques, con alojamiento en carpas con cama, comida y choferes, cuestan alrededor de US$ 2000 por persona. Si hay algo que no falta en Tanzania son agencias de turismo. Para más información, visitar la página www.thomsonsafaris.com o www.riftvalleysafari.demon.co.uk
Cuándo ir
No hay épocas malas para hacer safaris, con la posible excepción de abril y mayo, que son los más lluviosos. Las temperaturas varían desde los 15°C hasta los 30°C (enero y febrero suelen ser los más cálidos), y por la noche son sensiblemente más bajas.
Recomendaciones
Conviene darse la vacuna contra la fiebre amarilla y tomar pastillas contra la malaria. También, llevar binoculares, pantalla solar y repelente de insectos. La visa de ingreso en Tanzania se paga en el mismo aeropuerto y es de US$ 50.
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