Sexo en verano: elogio de lo efímero
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El imperativo de la monogamia que nos venden a las mujeres va tomando formas diferentes a lo largo de la vida.
A los 15 te dicen que "no te regales", que te "hagas valer". "Hacerte valer", para esos adultos que te lo enseñan, no es pedir tiempo para tu orgasmo o defenderte de una situación violenta: es exigir un compromiso de largo plazo a cambio de tu pasión, como si se tratara de un intercambio comercial.
A los 30, el relato es que no tenés que "perder el tiempo" en historias "que no van a ningún lado": si no es para los confites y los escarpines, salí corriendo que ya no estás para la pavada. Estos discursos no nos son ajenos, al menos a mí, a mis amigas y a muchas otras chicas que conozco: son parte clave de nuestra educación sentimental y a veces no sabemos cómo ni por dónde empezar a desarmarlas.
Una posibilidad es empezar por el cuerpo
El calor propio, el de algún otro (u otra) y el de la atmósfera, de paso, que ya está coqueteando ella también con los veintipico grados Celsius.
El amor de verano no se disfruta a pesar de que es breve: se disfruta justamente porque es breve, y aprender a transitarlo con placer y sin neurosis es una buena oportunidad no solo para la sensualidad, sino incluso para conocerte a vos misma.
No es obligatorio, pero es una experiencia, en el sentido más literal: te invita a estar ahí, en el momento, con el cuerpo y la cabeza en el mismo lugar, clavados en el deseo como la sombrilla en la arena. Por eso, este enero, tirate a la pileta sin miedo. •
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