Alberto Fernández criticó la "dependencia" con EE.UU., pero prometió pagar la deuda

Crédito: Frente de Todos
Silvia Pisani
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6 de septiembre de 2019  • 00:34

MADRID.- Era su primer viaje al exterior como favorito para octubre y se puso el traje de presidente. Más moderado que en campaña, el candidato del Frente para Todos, Alberto Fernández, expuso líneas de acción de un eventual programa. Una descripción en la que incluyó el pago de la deuda externa: "Vamos a cumplir y honrarla como siempre", dijo, pero "no a costa de los argentinos".

En materia internacional, sostuvo que el país debe integrarse al mundo, pero de un modo más equilibrado. Abogó por una mayor integración con Europa, "que es de donde venimos", porque "depender tanto de Estados Unidos nos ha hecho retroceder". No se trata de tener mal vínculo con Washington, previno, sino de "buscar uno más maduro", a la vez que se inclinó por una mayor integración regional entre los países de América del Sur, donde "lo que nos pasa a uno nos afecta a todos". Explicó que en ese caso, su "sueño" es reflotar la Unasur, en referencia al bloque regional de doce países que impulsaron los fallecidos presidentes Néstor Kirchner y Hugo Chávez, y del que varios países terminaron retirándose. La Argentina lo hizo el año pasado.

Sueño regional que trasladó a la Justicia, al apelar que se eleve un "clamor" de todos los países de la zona "por la libertad" de los expresidentes de Brasil Inacio "Lula" da Silva, de quien sostuvo que es "inconcebible" que esté preso, así como el exmandatario de Ecuador Rafael Correa.

De paso, consideró que el Mercosur "está funcionando mal", una situación que atribuyó a los "problemas políticos" en Brasil y en nuestro país. Confió también en poder "mejorar" el acuerdo comercial con la Unión Europea (UE), despojándolo de lo que sea perjudicial para el país. "Hay dos años de plazo para hacerlo", recordó. Ocurrió durante una conferencia en el Congreso de los Diputados de España, donde un grupo de argentinos lo alentó al grito de "vamos a volver".

Al apuntar fronteras adentro prometió que no iba a presionar a ningún juez. Pero reclamó que terminen "las detenciones arbitrarias" y que dejen de usarse como instrumento "para perseguir a los que no se les puede ganar en elecciones".

Una situación en la que incluyó la encarcelación de la activista Milagros Sala y la "persecución" que se hizo contra la expresidenta Cristina Kirchner.

Estaba feliz y se le notaba. Venía de una audiencia de más de una hora con el presidente en funciones Pedro Sánchez, a lo que siguió un almuerzo con el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. Con su audiencia y foto en el despacho presidencial, el socialista Sánchez le regaló al candidato la cereza de la gira. Un gesto que molestó a sectores de la oposición. Luego de ambas citas, Fernández se trasladó al Congreso de los Diputados. Junto al "vamos a volver", lo recibió un público entregado. Un centenar de emocionados argentinos. "Soy exiliada de Macri", dijo una de ellas. "Y muchos de los que están acá también", añadió.

Varios desplegaron carteles blancos con la frase "Alberto" y un corazón en celeste. "Creo que estamos delante del próximo presidente de la Argentina", lo recibió la presentadora Esther del Campo, del Observatorio de los Derechos Humanos, una de las entidades que organizó el ciclo.

Lo aplaudió también una decena de diputados de Podemos, el partido de izquierda radical en España.

Fernández tuvo allí un matiz interesante con Juan Carlos Monedero en el que terminó defendiendo el aporte inversor de España cuando el dirigente declaró sentir "vergüenza" por "los españoles que fueron a la Argentina a robar".

El ciclo era sobre integración regional. Pero el candidato -"pueden llamarme Alberto"- se explayó en definiciones de gobierno. No mencionó en ningún momento a Mauricio Macri o a la gobernadora María Eugenia Vidal. Pero sí les reprochó un duro diagnóstico. "Va a costar mucho salir", dijo. Mostró sintonía con su compañera de fórmula. "Cuando hablo con Cristina...", dijo más de una vez al arrancar alguna idea. También dio por segura la unidad del universo pero-kirchnerista sobre el que se asienta la dupla presidencial. "Lo mejor que hicimos fue unirnos, porque eso garantiza que nunca más nos gobernará el conservadurismo", sostuvo. Antes de repetir el lema bajo el que engloba a las diferentes tribus del universo peronista. "Con Cristina no alcanza, sin Cristina no se puede". Anoche cenó con inversores españoles en la Argentina y hoy parte a Portugal.

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