Alberto Fernández no quiere neutrales en el peronismo

Martín Rodríguez Yebra

Análisis de Martín Rodríguez Yebra

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16 de septiembre de 2019  • 21:15

A continuación, sus principales conceptos:

  • De regreso a la campaña, Alberto Fernández dejó en su paso por Córdoba un mensaje muy contundente hacia el peronismo: advirtió que está dispuesto a jugar fuerte para garantizar la unidad del peronismo, sin lugar para "neutrales". Apenas aterrizó en la ciudad, presionó fuerte al gobernador Juan Schiaretti en una entrevista con La Voz del Interior. "Parece que a Schiaretti le da lo mismo cualquier país: el que propone [Mauricio] Macri o el que proponemos nosotros", dijo. "No lo necesito para ganar", añadió.
  • Fue su forma de mostrar contrariedad por la actitud esquiva de Schiaretti y también para tratar de forzarlo a un cambio. El gesto causó una reacción casi inmediata. El gobernador, que se había negado a invitarlo formalmente a una reunión, terminó por pedirle "audiencia" al candidato presidencial en el hotel en que se alojó. Ocurrió después de la misa en homenaje a José de la Sota, fallecido hace un año.
  • Después de esa reunión a solas, de más de una hora y media, Fernández bajó el tono de las críticas a Schiaretti. Dio a entender que el gobernador cordobés pronto va a estar entre sus aliados.
  • Schiaretti, en realidad, mantiene su pretensión de autonomía, aunque empieza a ser consciente del riesgo que corre por no alinearse con esta nueva reunificación peronista, en caso de que Alberto Fernández se convierta en presidente.
  • En la reunión a solas, sugirió que necesitaba "tiempo" para dar ese paso. No hay que olvidarse de que Schiaretti gobierna la provincia más antikirchnerista del país, donde de hecho el Frente de Todos perdió en las PASO, y que había dado pasos muy arriesgados de sintonía con su amigo Mauricio Macri.
  • Pero el camino de la neutralidad empieza a cerrársele. El PJ cordobés insiste con saltar hacia las playas de Alberto Fernández. Ahí juega un papel decisivo Carlos Caserio, senador, entusiasta del "albertismo". También Natalia de la Sota se jugó por el candidato kirchnerista. Schiaretti afronta el peligro de perder control sobre la estructura de poder provincial que parecía tener dominada desde la muerte de su socio histórico, De la Sota.
  • En el entorno de Alberto Fernández insisten en que el candidato aspira a cerrar cualquier atisbo de división en el peronismo. Cristina lo eligió para conseguir esa unidad y sumar a Schiaretti sería completar la obra a nivel superestructura.
  • Córdoba es una de las provincias donde tiene votos por sumar. De mejorar ahí ya no quedaría ningún margen para el milagro de la remontada macrista.
  • Alberto espera no solo ganar sino hacerlo por un número impactante. Cuanto más alta sea la cifra de votos, cree, más poder tendrá para negociar con el FMI -por un lado- y para legitimar el pacto con empresarios y gremios que anuncia como medida estelar para los primeros días de su eventual gobierno. El apoyo de Schiaretti le garantizaría además mayorías parlamentarias.
  • Otra definición que dejó Fernández en Córdoba es que tiene "el 70%" de su gabinete resuelto, aunque no dio los nombres. Dijo que el ministro de Hacienda saldrá de su equipo actual (lo que limita la duda a Emmanuel Álvarez Agis, Matías Kulfas, Cecilia Todesca, Guillermo Nielsen y Miguel Peirano) y alimentó la danza de nombres en marcha desde hace unos días.

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