
Algunas caras que reflejan el futuro
Son, en su mayoría, profesionales formados y quieren terminar con los males que envician la actividad política actualmente
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"Yo creo que perfectamente se puede hacer política siendo honesto", asegura este joven recién casado, licenciado en economía, con un máster en administración de negocios (MBA) nada menos que en Harvard.
No son palabras de un funcionario idealista o inexperto en la administración del Estado. Horacio Rodríguez Larreta (h.) es uno de los hombres públicos que manejaron los presupuestos oficiales más abultados en los últimos años: 20.000 millones de pesos anuales como gerente general de la Anses durante la gestión de Ramón "Palito" Ortega en Desarrollo Social, 2500 millones en el PAMI junto con Cecilia Felgueras hasta hace muy poco y los 1600 millones actuales en el Instituto de Previsión Social de la provincia de Buenos Aires, que preside bajo las órdenes del gobernador Carlos Ruckauf.
Y en esta Argentina hiperpoblada de denuncias y querellas, su nombre no sólo salió indemne de esas gestiones, sino que, además, esgrime logros nada desdeñables: junto con Felgueras -a quien nunca deja de nombrar- lograron reducir en 400 millones de pesos anuales los gastos del PAMI y licitar, por primera vez en la historia, todos los servicios para los jubilados.
La vocación por la función pública se percibe en cada gesto. Un cronista de La Nación lo conoció en 1993, en Boston, durante sus estudios de posgrado, y mientras sus compañeros argentinos aceptaban jugosas ofertas de bancos de inversión y calificadoras de riesgo de Wall Street, él decía a quien quisiera oírlo que iba a volver "para servir a mi país, sea cual sea el sueldo".
Abre bien los ojos y enfatiza: "Yo entiendo la vocación pública como meterme de lleno en temas que cambien la realidad de la gente para resolverle sus problemas."
No le escapa a la pregunta sobre qué hubiera hecho mejor: "En el PAMI nos habíamos propuesto que la libre elección de prestadores estuviera nacionalizada para fines del año pasado y no llegamos a extenderla más allá de la Capital. Y como subsecretario de Desarrollo Social me quedé con la sensación de que no pudimos unificar los planes sociales. Siempre se pueden hacer más cosas", responde.
Sobre el futuro afirma a rajatabla que seguirá haciendo lo que, cree, es lo que mejor sabe: gestionar y administrar, pero que tiene ideas para eliminar las listas sábana y para establecer un sistema de premios y castigos en la administración pública.
"Se viene un recambio generacional en la política, las formas más tradicionales de hacer política están obsoletas, la gente está cada vez más exigente y ya no quiere saber más nada con eso", concluye.
Martín Sabbatella
30 años, intendente de Morón
Elegido para "limpiar"
Martín Sabbatella tiene pinta de abogado recién salido de la Universidad.
Usa trajes elegantes, anteojos de persona seria y una barba candado que intenta sumar años a su rostro aniñado. Pero es inútil, por más que lo intente no podrá evitar las miradas de asombro y las mandíbulas por el piso cada vez que revele su profesión: intendente de Morón por el Frepaso.
Tiene 30 años y parece orgulloso de ser tan joven y haber llegado tan lejos. En Morón viven 355.000 habitantes y la historia reciente del municipio está indefectiblemente asociada a la corrupción adjudicada a Juan Carlos Rousselot, el intendente justicialista famoso por los trajes blancos y la sonrisa eterna hasta que fue destituido de su cargo y condenado a un año de prisión condicional por el desmanejo de los fondos públicos.
"Esta era la cueva de Alí Babá y los 40 ladrones", explica Sabbatella, casado, con una hija, desde su despacho en la Municipalidad.
El salió proyectado a la Intendencia luego de encabezar la comisión legislativa que investigó la corrupción de Rousselot. Consiguió el 49 por ciento de los votos en las elecciones de 1999 y se convirtió en uno de los tres intendentes frepasistas del conurbano bonaerense.
Apenas se sentó en el sillón que ocupaba Rousselot, decidió atacar el sistema montado durante los diez años en que su antecesor gobernó el distrito.
Se asoció con Poder Ciudadano y organizó una licitación con mecanismos de transparencia para otorgar la concesión de la recolección de residuos. Logró que una empresa española se interesara en el negocio y ofreciese una tarifa 35 % más baja que la que se pagaba hasta el momento. Sabbatella viajará a Washington invitado por el Banco Mundial para contar la experiencia.
"No sólo hay que ser transparente, también hay que ser eficiente", proclama.
El intendente de Morón luce entusiasmado. Quiere dar "una batalla muy fuerte" para recuperar la política, "un lugar repleto de corruptos y utilizado por delincuentes que la han destruido".
Milita desde los 13 años y dice que la política no le dejó espacio para estudiar una carrera universitaria. Trabajó en un taller de impresión y fue vendedor de libros, alimentos y lo que hiciese falta. Hoy vende su gestión como un ejemplo de que es posible hacer las cosas bien y tener éxito.
Sabbatella se enorgullece de mantener las costumbres, el auto y la casa. Lo único que cambió fue el estilo: ahora usa pelo corto y corbata. Pero veranea en Cuba.
Rafael Magnanini
Intendente de Benito Juárez
Tres mandatos y a casa
"Me gusta la capacidad de hacer, el desafío de la gestión. No tengo ambiciones políticas porque sigo proyectos y no cargos", dice Rafael Magnanini, reelegido por tercera vez intendente del partido bonaerense de Benito Juárez.
Ya en la facultad había fundado una agrupación independiente que logró ganar el centro de estudiantes. Hoy es responsable de liderar una ciudad industrial de 20.000 habitantes.
Con 41 años y dos hijos este ingeniero agrónomo dice que no aspira a prolongar su mandato. La última reelección la obtuvo en 1999, con el 65% de los votos. Y en el 2003 finalizará su cargo. "Me parece importante el recambio político, si no la gente piensa que hay caudillos y no proyectos", comenta.
Eduardo Duhalde no se equivocó cuando luego de verlo trabajar en la recuperación de un pueblo arrasado por un tornado intuyó que tenía potencial político. Fue entonces cuando Magnanini entró a las filas del PJ. Pero le gusta destacar su vocación independiente. "Cuando hay cosas con las que no estoy de acuerdo, no transo", asegura categórico.
Se lo ve un hombre abierto y práctico. Maneja el discurso propio del management empresario pero le agrega un matiz más humano.
Entre sus principales logros cuenta la incorporación a la administración pública de gran cantidad de pasantes, jóvenes destacados de la universidad que trabajan por una escasa remuneración a cambio de experiencia. "Cuando llegué a la intendencia había mucha gente pero poco profesional. El 90% de estos chicos no pertenece al justicialismo, son brillantes, trabajan en equipo y le imprimen al gobierno esa mística de quien se enfrenta por primera vez con los desafíos que siempre soñó", cuenta entusiasmado, mientras explica la importacia de dividir la administración en áreas de trabajo y delegar responsabilidades fomentando el compromiso de todos.
Durante su intendencia Magnanini apostó a la inversión tecnológica y educativa abriendo accesos gratuitos a Internet. "La educación es la gran herramienta para hacer una sociedad más justa y para incluir a más gente en el mundo del trabajo", destaca y reconoce que aún le falta profundizar la descentralización en materia de seguridad y de educacción.
Partidario de una relación más informal con la gente, al intendente de Benito Juárez le gusta ir al supermercado y hablar con los lugareños. "Uno debe mezclarse en la vida cotidiana como cualquier ciudadano y estar accesible sin protocolos. Pero sin pre-producción. Vivimos una era de política mediática donde todo está calculado para la foto", explica Magnanini.
Para este intendente, el poder es una arma para cambiar la realidad y por eso no concibe una gestión pública que no sea transformadora. "La política es cambio, es acción. A eso estamos llamados. Y a correr absolutamente todos los riesgos que implica la transformación sin amilanarnos por el costo político. Porque no hay mejor rédito que una buena gestión," concluye.
Jorge Srur
Legislador porteño
A trabajar
Jorge Srur es legislador porteño y evalúa la posibilidad de eliminarse el sueldo completo.
Es curioso, pero estrictamente cierto. El vicepresidente segundo del Poder Legislativo de la ciudad de Buenos Aires considera una reforma que convertiría su trabajo, y el de todos sus pares, en una actividad no rentada.
La idea, que aún está en etapa de gestación, es que la Legislatura se integre con profesionales que ejerzan sus mandatos ad honorem.
Para eso, advierte Srur, se debe modificar sustancialmente la tarea de los diputados porteños y hacerla más expeditiva. El proyecto es una de las soluciones que ideó la principal espada de Gustavo Beliz (líder del partido Nueva Dirigencia) para dar respuesta a la grave crisis de representación que afecta a la dirigencia local.
"El drama social es muy grande, hay que duplicar los gestos", explica este hombre de 34 años, que expresa una gran preocupación por lo desvirtuada que está la actividad política.
Enamorado de lo que hace
Srur, casado, con una hija, licenciado en ciencias políticas, ocupa uno de los mejores despachos de la Legislatura, pero dice que es sólo un inquilino.
"Esta es la casa de todos", explica. Su repisa es una prueba de ello: está adornada tanto por una imagen de la Virgen de Covadonga como por un libro del Corán y el candelabro judío de siete puntas (menorah).
Semejante señal de sincretismo religioso constituye una clara muestra de su personalidad. Srur es un hombre repleto de cautela. Tanta que al escucharlo hablar no parece un político, hasta vacila y retrocede antes de terminar una frase.
"Yo estoy enamorado de lo que hago y me gustaría que, cuando crezcan, mis hijas puedan sentirse orgullosas de la vocación de su padre", explica cuidando cada una de las palabras.
Srur sabe que la suya es una de las profesiones peor consideradas por los argentinos y dice que eso le duele.
"Lo que debería ser un honor muchas veces se transforma en una carga", sostiene.
Agrega que nunca se imaginó que los políticos caerían tan bajo en la estima pública cuando en 1982 era un adolescente que jugaba al fútbol en su Córdoba natal y soñaba con trabajar como periodista. Pero la guerra por la islas Malvinas cambió sus inquietudes para siempre.
Entonces, con apenas 15 años, decidió que su vocación era la de actuar en la esfera pública.
"La guerra me conmovió, sentí que no alcanzaba con contar la historia, había que meterse y, decididamente, cambiarla para bien de una vez por todas", dice con voz pausada y mirada firme.
Karina Seoane
28 años, concejala tucumana
No quiere volar muy alto
SAN MIGUEL DE TUCUMAN.- Karina Seoane confiesa que siempre tuvo dotes de liderazgo en los grupos que conformó, en los cuales expresó su fuerte carácter y una determinación firme.
"Estudié mucho e hice cursos, pero en todo momento tuve la impresión de que era otra cosa la que quería hacer en mi vida", remarca.
Su aspiración era dedicarse a la política.
"Tuve la suerte de conocer, a principios de 1999, al entonces senador nacional Julio Miranda, actual gobernador", recuerda.
Le expresó a Miranda su deseo de trabajar junto a él, a quien admira "por su experiencia política, sobre todo porque llegó muy alto a pesar de su origen humilde". Confiesa que siempre se inclinó hacia el Partido Justicialista. Precisamente, a esta fuerza política están afiliados todos sus familiares, aunque ninguno ejerció cargos oficiales.
"En realidad, nunca pretendí un cargo electivo. Cuando ingresé en el Concejo tenía 26 años y en ese momento quería aprender con Miranda trabajando en alguna secretaría o algo así", señala esta mujer casada que en tres meses más será madre.
El propio Miranda le sugirió que integre el sublema que encabezaba su hermano Miguel Miranda, entonces candidato a concejal en primer término.
Mantiene un contacto directo con el gobernador, a quien consulta sobre decisiones trascendentales. "El no me obliga a nada, sólo me aconseja, me asesora, es un gran guía", recalca con voz dulce.
Además, cuenta con el apoyo incondicional del mayoritario bloque del PJ en el Concejo.
No piensa presentarse como candidata en las elecciones a diputados nacionales de este año, lo cual sería, según sus palabras, "volar muy alto".
Considera que el Concejo Deliberante es la base de todo aprendizaje político."Hay que ir escalando en la vida. No podría haber sido diputada o legisladora sin experiencia, hubiera sido demasiado precipitado. Hay que ir despacio para no equivocarse. No tiene sentido apurarse", admite.
Asegura que aprendió mucho en el año que le tocó ejercer la función de edila.
"Pretendo seguir creciendo para ayudar a la gente y a mi partido, que lamentablemente ha quedado un poco vacío de gente joven y capacitada", apunta.
Opina que es "un poco temprano" para hacer su propia autocrítica. "Creo que en el 2002 sabré si mi tarea fue buena o mala", concluye esta joven dama que inspira simpatía y también la ternura propia de quien camina orgullosa con su panza de seis meses.
Maurice Closs, 29 años
Una promesa de renovación viene de Misiones
POSADAS.- Pese a su corta edad, 29 años, Maurice Fabián Closs salió a disputarle la candidatura al hoy presidente provisional del Senado, Mario Losada, encabezando una corriente denominada Movimiento de Renovación Radical (MRR), en la que están enrolados muchos jóvenes, algunos de ellos alcaldes de localidades del interior misionero.
"La política argentina está a punto de tocar fondo si no se producen cambios profundos en la conducta de su dirigencia", sostiene Closs, quien nació en Aristóbulo del Valle, población de la zona centro de la provincia, donde comenzó su militancia a los 16 años.
A los 22 se recibió de abogado, hizo un pos-grado en la Universidad de Palermo y una maestría en administración estratégica de negocios en la Universidad de California, EE.UU.
Actualmente está haciendo otra maestría en administración empresaria en Posadas. Ello no le impidió actuar en política hasta alcanzar la presidencia del comité de la juventud de la UCR en 1997. Como se ve, siempre sintió afinidad por el estudio y ahora sueña con volcar sus conocimientos en la admnistración estatal.
Es casado y tiene un hijo, Octavio. Su padre, Ramón Closs, es empresario del transporte y encabeza un grupo familiar dueño, asimismo, de una cadena de expendoras de combustibles y supermercados. Ramón Closs fue intendente de Aristóbulo del Valle, diputado nacional por la Unión Cívica Radical y actual diputado provincial.
Maurice Closs tiene un discurso claro, es estudioso, pinta como un verdadero renovador, como una joven promesa de la política misionera, y tampoco ha sido salpicado por denuncias de corrupción.
Proviene de un sector empresario importante, ya que trabaja en las numerosas empresas de la familia vinculadas con el transporte terrestre, distribución de combustible, comercio y producción agroforestal. Por lo que no aparece como un escalador de posiciones partidarias para alcanzar el poder y hacer negocios. Es más bien una cara nueva de la política misionera que muchos en la provincia siguen con verdadera atención.
Opina que "el ejercicio de la función pública no debe ser una carga para los contribuyentes y la carrera política debe despojarse de esa sospecha que despierta entre la gente, en tanto vuelva a cumplir con los objetivos de servir y no de aprovecharse de privilegios para ganar dinero fácil".
"Hay que concluir con la reforma administrativa -agrega-, bajar aún más el gasto público, racionalizar y rendir cuenta de la gestión realizada, a través de declaraciones patrimoniales creíbles, presentadas antes y después de ejercer la carga pública."
"Es la única manera de recuperar la confianza ciudadana y atenuar la crisis que afecta a nuestras instituciones básicas."





