Caputo analiza emitir un bono por hasta US$10.000 millones garantizado por el Banco Mundial
El préstamo que negocia con el Banco Mundial, de ser aprobado, podría servir como aval para bajar la tasa y permitir el regreso a los mercados internacionales; en Economía niegan la operación
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La noticia circuló como versión en la reunión del Fondo Monetario Internacional que se está celebrando en Washington. El equipo económico, con Luis Caputo a la cabeza, está negociando con el Banco Mundial y otros organismos multilaterales un préstamo que rondaría los 4000 millones de dólares. El desembolso depende de la aprobación del directorio del Banco. El significado de esta información adquiere su verdadera dimensión cuando se advierte que Caputo y sus colaboradores analizan tomar ese crédito como garantía para la emisión de un bono a través del cual recaudar un monto de mayor tamaño: se especula con que tomarían entre 8000 y 10.000 millones de dólares.
En el Ministerio de Economía se encargaron de enfriar la expectativa: fuentes oficiales negaron en la tarde del jueves que esté en carpeta una emisión de deuda de esas características.
El Tesoro enfrenta para el resto del año vencimientos por 9000 millones de dólares. El año próximo será mucho más exigente: la cuenta a saldar será de 27.000 millones. La operación que negocia el equipo económico, si se concreta, supone una mejora significativa de las perspectivas del programa económico. Sobre todo por la caída en el índice de riesgo-país. En consecuencia, también iría en ascenso la competitividad política de Javier Milei.
La emisión de deuda en el mercado convencional es una cuestión estratégica para Caputo. El último intento por conseguir ese objetivo fue vetado por Milei. Fue cuando el Presidente desautorizó la emisión de un papel para captar fondos a una tasa superior al 9%. La primera derivación de esa negativa fue la renuncia del secretario de Finanzas, Alejandro Lew. Fue reemplazado por Federico Furiase.
El objetivo casi exclusivo de Furiase, bajo la presión de Caputo, fue que se le habilite el acceso a los fondos con un costo inferior. La solución es la que se negocia en estas horas: que parte del riesgo crediticio lo asuma una institución más confiable que la Argentina. Según funcionarios que están al tanto de las tratativas, es la fórmula en la que aparece el Banco Mundial como garante de parte de ese crédito. En el terreno de las hipótesis, partiendo de la base de una operación de 10.000 millones de dólares (adicionales a lo que presten los organismos internacionales), se realizaría como sigue: 4000 millones de dólares se tomarían a una tasa de alrededor del 4%, que es la que cobra el Banco Mundial. Y los 6000 restantes se tomarían con una tasa del 9%. Quiere decir que para el volumen total del préstamo se estaría pagando una tasa del 7%.
El recurso al Banco Mundial completa una iniciativa de financiamiento que se está trabajando en el seno del equipo económico desde hace semanas, con la colaboración de un banco suizo.
El Gobierno hace tiempo que busca un éxito de dimensión simbólica: que la Argentina pueda, al fin, financiarse en el mercado voluntario de deuda. La imposibilidad de hacerlo venía siendo una de las principales carencias del programa liderado por Milei. Es cierto que habrá que disimular un detalle que no es tangencial si ocurriera como parte de las negociaciones en curso: ese objetivo no se alcanzaría al cabo de un proceso de acumulación de credibilidad, sino inoculando en la gestión oficial credibilidad ajena. En este caso, la del Banco Mundial. Dicho de otro modo, el escepticismo de Wall Street ante el programa de Milei no se habría doblegado.
Es una lógica que Caputo viene ensayando con contratiempos desde mediados del año pasado. Una vez que recibió el cheque de 20.000 millones de dólares del Tesoro de los Estados Unidos, buscó conseguir una suma similar para la recompra de deuda. Los bancos invitados para aportar los fondos pidieron una garantía del Tesoro, que Scott Bessent se negó a extender. El proyecto fracasó. Ahora se pretende ensayar el mismo truco de manera más modesta. Pero entre uno y otro experimento reaparece un factor vital para Milei: la vocación de los Estados Unidos, en rigor, de Donald Trump, para sostener la gestión de su aliado. La influencia del Tesoro sobre el Banco Mundial es determinante, aun cuando el actual presidente de la entidad, Ajay Banga, haya sido propuesto por el demócrata Joe Biden.
Indicios
Durante la semana hubo un indicio de esta estrategia. Estaba en el párrafo del acuerdo alcanzado con el Fondo Monetario Internacional que se refiere a financiamiento. Dice así: “Se está implementando una estrategia integral para refinanciar las obligaciones cambiarias mediante la emisión continua de deuda nacional denominada en dólares, la venta de activos estatales, operaciones de recompra con bancos centrales y préstamos externos, potencialmente respaldados por instituciones financieras internacionales. Se espera que, con el tiempo, esta estrategia impulse un acceso oportuno y sostenible a los mercados internacionales de capitales”.
Además del relativo valor simbólico de la emisión de un bono en el mercado de deuda, la novedad es muy beneficiosa para el Gobierno. Un problema crítico para Milei y Caputo es el del financiamiento del gasto público mientras se persevera en el equilibrio fiscal. La decisión de poner todo el peso en la reducción de las erogaciones no sólo llegó a su límite. Lo traspasó. Los recortes están produciendo crujidos en toda la administración, como se advierte en el conflicto que se abrió con los proveedores del PAMI, por citar el caso más estridente. Las autoridades podrán ejecutar el presupuesto de manera menos dramática.
Otro frente importantísimo es el de las reservas del Banco Central. Acumularlas es un imperativo categórico para la gestión de Milei. Pero esa mejora en el activo del Central resultaría ilusoria si los dólares que se adquieren son destinados al pago de la deuda del Tesoro. Si se confirma la posibilidad de endeudarse a una tasa más razonable el perfil de reservas del Central mejorará en términos absolutos.
Este último frente es siempre importantísimo. Pero adquiere una relevancia mayor en el actual contexto internacional. Aun cuando la guerra de Medio Oriente llegue a su fin, la crisis económica que se desencadenó por su culpa tendrá una duración inconveniente. Muchos bienes se van a encarecer. Sobre todo, los hidrocarburos y sus derivados estratégicos.
Por lo tanto, hay que esperar una amenaza inflacionaria, que los bancos centrales intentarán conjurar subiendo la tasa de interés. El primero de todos, la Reserva Federal de los Estados Unidos. Esa decisión financiera se proyectaría sobre la escena global como suele hacerlo: los países más necesitados de tener dólares son los primeros en recibir el azote del mercado. Es lo que sucedió en abril de 2018, inaugurando la lenta declinación del gobierno de Macri. Es el gran riesgo que enfrenta Milei, por culpa de una paradoja: su principal benefactor bilateral, Trump, es su máximo verdugo por sus jugadas en la arena internacional.
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