
Caselli, el hombre que ahora jura fidelidad al gobernador Ruckauf
El secretario general bonaerense dice respaldar a quien lo nombra en su cargo
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En su mesa de luz, además de una cruz y la Biblia, está su teléfono celular encendido. Nunca lo apaga. Dice que ésa es la señal más concreta de la fidelidad que ahora le profesa al gobernador bonaerense, Carlos Ruckauf, después de haber sido funcionario menemista y uno de los que impulsó la inconstitucional "re-reelección" del ex presidente Carlos Menem.
"A mí siempre que me necesitan me encuentran, eso es ser fiel", asegura Esteban "Cacho" Caselli con su tono pausado y las manos entrelazadas.
Al secretario general de la gobernación bonaerense algunos de sus compañeros de gabinete le dicen, en broma, Dios: "Está en todas partes", explican en los pasillos y a sus espaldas. "Aparece en reuniones sin avisar y se queda. Tiene un gran poder sobre Ruckauf", dijo a La Nación un funcionario de alta jerarquía en La Plata.
Caselli, a quien el menemismo bautizó El Obispo durante su gestión como embajador en el Vaticano, no usa muchas palabras para relativizar esa percepción: "El que dice eso, no me conoce", advirtió durante una conversación con La Nación en la imponente oficina de sus hijos en Puerto Madero, al lado del restaurante Piperno, que también es de ellos.
Sin embargo, es el encargado de coordinar la acción de los ministros bonaerenses y el gobernador le delega varios temas. Le tiene confianza.
El ex embajador en el Vaticano niega los enfrentamientos que se le adjudican, por ejemplo, con el vicegobernador bonaerense, Felipe Solá.
Le reprochan su vieja y estrecha relación con Menem, con quien Ruckauf está dispuesto a enfrentarse en las urnas partidarias para destronarlo de la conducción del PJ.
"Hablo a veces con el ex presidente, pero ahora no tengo tiempo para verlo. Estoy involucrado en el proyecto de Ruckauf y si él es candidato para el 2003, yo lo apoyo", señaló a La Nación . Por primera vez desde que asumió su cargo definió una postura pública que podría quebrar la relación con su ex jefe político.
-¿Y si Menem se postula como candidato en 2003? -La fidelidad es para la persona que me nombró en el cargo. Si yo llegué a ser alguien en política es porque me manejé así. Si Menem y Ruckauf son candidatos, yo respaldo al gobernador, que es el que me nombró en un cargo.
Caselli fue un "obispo" de la corte menemista, vinculado en un momento con el affaire de la venta ilegal de armas, y que además confesó ser amigo del controvertido empresario fallecido Alfredo Yabrán. Estudió en un colegio marista, militó en la Acción Católica y comenzó su carrera política, tras decidir no ser cura, en 1974.
El senador Eduardo Bauzá fue su padrino político y el que lo llevó al gobierno menemista, en 1989, como asesor del Ministerio del Interior. Llegó a la embajada argentina ante la Santa Sede, en 1997, donde acumuló poder.
Selló fuertes lazos entre la Iglesia y el menemismo, además de las audiencias con el Papa que consiguió para Menem por su amistad personal con el secretario de Juan Pablo II, Angelo Sodano. Hace poco estuvo en Roma para otra tarea: aceitar los contactos entre el Vaticano y Ruckauf. Está dispuesto, si el gobernador se lo pide, a gestionar una visita a la Santa Sede y, asegura que no significaría interponerse entre la Cancillería y la embajada argentina en el Vaticano.
Dice que no tiene enemigos en el PJ, pero entre sus íntimos admitió que está rota la relación con Bauzá.
"Nunca me llamó para felicitarme por mi gestión como embajador y por todas las cosas que conseguí para el país y para Menem. Me defraudó...", se quejó el ex embajador menemista.
Trabajo por fidelidad
El último gesto de Menem hacia Caselli, antes de dejar la Casa Rosada, fue firmar un decreto por el cual El Obispo conservaría el título de embajador, aunque sin cobrar sueldo.
Pero el presidente Fernando de la Rúa dejó sin efecto esa deferencia menemista y Caselli se quedó sin el rango diplomático que tanto le gustaba. Asegura que De la Rúa se disculpó con él porque no podría dejar ese decreto del ex presidente.
Sin embargo, sus secretarias y colaboradores lo siguen llamando "embajador". "El embajador Caselli quiere saber cuánto es el importe adeudado", dijo, por ejemplo, su secretaria a una empleada de una tarjeta de crédito. Y Caselli no los corrige.
"Del Vaticano me fui llorando. Uno puede pretender cualquier cargo, pero llegar a ser embajador en la Santa Sede es la aspiración de todo cristiano", cuenta. Parece haber adoptado algunos de los modales eclesiásticos. Practica la religión católica hace 12 años y fue varias veces con Ruckauf a misa.
"El gobernador es un hombre de convicciones de familia. Defendió la vida desde la concepción -es decir, es antiabortista-, como hizo siempre Menem, pero lamentablemente el Gobierno varió la política hacia la Iglesia y la Santa Sede", afirma el funcionario que busca desatar un debate político sobre el aborto.
Caselli no se incomoda cuando se lo consulta sobre cómo le cae que algunos digan que es el "monje negro" de Ruckauf. "No soy la sombra de nadie y tengo la tranquilidad de ser un hombre leal con quien me da trabajo. Antes de traicionar, prefiero irme de la función", afirma.
Tampoco acepta que le adjudiquen tanto poder propio y sobre su jefe. El gobernador es su nuevo empleador y si las condiciones se mantienen no apagará su teléfono celular.



