
Cattáneo: para la jueza es una muerte dudosa
No autorizó aún la entrega del cadáver a la familia; el Gobierno y la policía creen en la hipótesis del suicidio
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Mientras el Gobierno y la policía están convencidos de que Marcelo Cattáneo, hombre clave en el caso IBM-Banco Nación, se suicidó porque no podía devolver 300.000 pesos que había tomado de la empresa donde trabajaba, la jueza Gabriela Lanz Ouviña sigue considerando el caso como una muerte dudosa y ordenó nuevos estudios sobre el cadáver. Entretanto, no autorizó la entrega de los restos a la familia. A su vez, los familiares pidieron nuevos peritajes para despejar dudas.
Un escrito, recibido ayer en varios medios de prensa y cuya autenticidad fue confirmada en fuentes de la investigación, transcribe conversaciones telefónicas entre familiares de Cattáneo y parientes de Carlos Asencio, dueño de la empresa Baxxor, representante de Mexicana de Aviación, donde trabajaba el hombre de negocios.
A juzgar por esas conversaciones, grabadas por la SIDE por orden judicial para investigar la desaparición de Cattáneo, el hombre habría demorado el pago de reintegros durante tres meses a la compañía Mexicana de Aviación y usado ese dinero para invertirlo en la bolsa, con catastróficas pérdidas.
Asencio negó ayer públicamente que su compañía le deba dinero a Mexicana de Aviación, pero dijo que inició una auditoría para determinarlo. En el sumario policial habría declarado que detectó un faltante de dinero, según dijeron fuentes policiales que confirmaron el contenido de las desgrabaciones de las charlas telefónicas.
Por su parte, el fiscal Carlos Cearras, que interviene en el caso IBM-Nación, solicitó ayer protección policial para el abogado del empresario muerto, Luis Dobniewsky, por considerar que conoce todos los entretelones del negociado a partir de los comentarios que le realizó su cliente.
Una suma de hechos demasiado turbios
El Gobierno observa con inquietud cómo se multiplican hechos oscuros que llegan hasta las puertas de los más importantes despachos de la Casa Rosada, mientras el presidente Menem viajó anoche a los Estados Unidos decidido a sumar mayor protagonismo internacional. En el medio, una muerte: la de Marcelo Cattáneo, seriamente involucrado en el escándalo informático IBM-Banco Nación.
Las dos imágenes se superponen. La de Menem y su protagonismo internacional y la de funcionarios, amigos, parientes y allegados al Presidente que intentan, sin mucho éxito, explicar una serie de episodios, vinculados con procesos judiciales donde se investigan hechos de corrupción que, presuntamente, los afectan.
En momentos en que de lo que más se habla es de transparencia, todos, en el oficialismo, parecen haber comenzado a percibir un futuro turbio, consecuencia de un país con demasiados episodios turbios.
Las palabras y los hechos se desvincularon. Van por distintos caminos y forjan realidades diferentes. Las primeras evocan la transparencia; los hechos aportan desconfianza.
Carlos Corach fue el encargado de fijar el discurso oficial frente a la nueva tragedia que lo roza, al afirmar que "la presunción es que Marcelo Cattáneo se habría suicidado".
La decisión implícita es que nadie, en el Gobierno, avanzará más allá de las palabras de Corach. "El que lo haga tendrá que asumir en soledad lo que diga", dijo un hombre de Menem.
Hechos que ya tienen una significativa difusión, como los del tráfico de armas y las denuncias que involucran supuestamente a Emir Yoma, ya no son vistos ni por los más optimistas dentro del Gobierno como que ocurren de la puerta para afuera. Es más, no les alcanza con cerrar la puerta para que no los rocen.
Es el caso del secretario general de la Presidencia, Alberto Kohan, probablemente el funcionario más cercano a Menem en estos momentos. Entre ambos hay una amistad que va más allá de los avatares políticos. Kohan tuvo como subsecretario a Juan Carlos Cattáneo, hermano de Marcelo, quien se alejó de la función pública al estallar el escándalo de IBM-Banco Nación.
Menem, a su vez, nunca abandonó su antigua y férrea relación com Emir Yoma, su amigo y ex familiar.
Según un hombre del oficialismo, la situación que se vive en el círculo más cercano al Presidente es reveladora: "Menem está agarrado a un globo de helio, que lo lleva hacia arriba, pero si quiere tomar la manos de alguno de sus funcionarios o amigos para que suban con él, el globo comienza a descender por el peso".
Frente a la realidad de causas judiciales que rozan a hombres clave del menemismo y a jueces dispuestos a avanzar en esos trámites o, por lo menos, a agitarlos, la suerte de los allegados a Menem ya no parece depender ni de la propia voluntad del Presidente.





