Coronavirus en el Argentina: el Gobierno busca abrir una nueva fase política, más allá de la cuarentena

Se pondrá más esfuerzos en el arreglo de la deuda externa y en la resucitación del aparato productivo
Se pondrá más esfuerzos en el arreglo de la deuda externa y en la resucitación del aparato productivo Fuente: Archivo
Gabriel Sued
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10 de mayo de 2020  • 17:06

Lo sanitario y lo político van de la mano. Después de 50 días de confinamiento y con el inicio de la fase de reapertura progresiva en la mayor parte del país, en el Gobierno se debate cómo diversificar la agenda para salir de la cuarentena política. Sin desatender los riesgos sanitarios de la nueva etapa"No me van a torcer el brazo", dijo el Presidente durante los anuncios del viernes, y reforzó su batalla contra los que le reclaman empezar a priorizar el factor económico. Alberto Fernández no solo da esa pelea en público. También discute en privado con los que le plantean la necesidad poner la economía en el centro de la agenda. Los pide calmar la ansiedad y cumplir con el plan trazado por los epidemiólogos. El mensaje: su prioridad seguirá siendo la salud.

Por ese motivo, el cambio de fase política no será repentino sino gradual, con un pie en el freno, según graficó un colaborador de Fernández. Con la variable sanitaria bajo control en la mayor parte del país, en el Gobierno vislumbran el desafío de no perder iniciativa frente a un sector de la oposición que abandonó la postura conciliadora y se muestra dispuesta a aprovechar cada uno de los errores de la gestión.

La polémica por el otorgamiento de prisiones domiciliarias a cientos de detenidos marcó un quiebre y dejó al descubierto flaquezas de la gestión que varios funcionarios reconocen. La primera es coyuntural: la falta de iniciativa política para instalar agenda por fuera de lo estrictamente sanitario. La segunda es permanente: la ausencia de voceros de peso, capaces de hablar de todos los temas. Esa tarea queda reservada al Presidente y en contadas ocasiones al jefe de Gabinete, Santiago Cafiero.

En el Gobierno insisten en que sería un error entrar en el juego de un sector de la oposición y minimizar la lucha contra la pandemia del coronavirus. Cárceles, geriátricos y villas resumen las preocupaciones sobre un salto de casos en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). El Presidente, el jefe de gobierno porteño y el gobernador bonaerense sellaron un pacto para dejar de lado las intrigas políticas y trabajar de manera coordinada. La suerte de los tres está atada.

Pero con 22 provincias en pleno proceso de reapertura, en la Casa Rosada reconocen que se impone un cambio de etapa. Un colaborador del Presidente, de los pocos que visita Olivos sin invitación, lo resumió así: "Alberto logró conducir a la sociedad en el estado de excepcionalidad de la pandemia y que todos apoyen la herramienta de la cuarentena. Ahora el desafío es seguir conduciendo el proceso con otra herramienta".

Como pasó en la primera fase de la cuarentena, el cumplimiento de las medidas de restricción en la reapertura se llevará buena parte de la atención. "La nueva etapa trae muchos riesgos y hay que poner los esfuerzos en tener todo bajo control", dijo a LA NACION un funcionario que integra en elenco estable de la residencia de Olivos. Pero enseguida agregó: "Ahora viene también el desafío de la reactivación económica, con la reapertura de fábricas y comercios. Ese es nuestro tema de siempre. La agenda del Gobierno es resolver los problemas de la gente, la salud y la economía".

Aunque no haya buenas noticias para contar, el proceso de renegociación de la deuda externa ocupará el centro de la agenda durante las próximas semanas, descuentan en la Casa Rosada , y le pondrá al Presidente al frente de un combate estratégico. Fernández ya consiguió el respaldo del FMI y de todos los gobernadores, con la excepción del díscolo Alberto Rodríguez Saá, de San Luis. Pese a los malos resultados de la primera ronda del canje, el Presidente dice que está "tranquilo" y "seguro" de lo que tiene que hacer.

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