
Cuestionan los retiros en la Armada
Al dejar su cargo, el contralmirante Castro Madero responsabilizó al Gobierno por su alejamiento
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El pase a retiro de oficiales por "portación de apellido" sigue generando preocupación en las Fuerzas Armadas. Anteayer, al dejar la actividad por estar "en desacuerdo con la decisión del Ministerio de Defensa de pasar a retiro a seis oficiales jefes", el contralmirante Carlos Castro Madero se despidió de la fuerza y dejó en claro las razones de su alejamiento.
Con 36 años de servicio en la Armada y un año después de haber sido ascendido, Castro Madero explicó que pidió el retiro "debido, lamentablemente, a circunstancias que trascienden a la conducción de la Armada pero que están dentro del ámbito de la conducción política, a las cuales les debo total subordinación".
Aludió claramente a la postergación de los ascensos de los capitanes de fragata Marcelo R. Barbich, Gustavo Barreto Neuendorf, Juan José Lucena, Eduardo Enrique Pizzagalli, Jorge Emilio Sciurano y James Ronald Whamond, cuyos ascensos fueron postergados el año último por la entonces ministra de Defensa y hoy titular de Seguridad Nilda Garré.
Sobreviviente del Crucero General Belgrano, hundido por los británicos en la Guerra de las Malvinas, y amante de la Marina, Castro Madero, de 54 años, es hijo del vicealmirante Carlos Castro Madero, que presidió durante el gobierno militar la Comisión Nacional de Energía Atómica y falleció en diciembre de 1990.
Su mensaje fue recibido con aplausos por sus subordinados, a quienes les transmitió su mensaje de despedida, en el Edificio Libertad. Dejó el cargo de subsecretario de Relaciones Institucionales en manos de su superior, el secretario general de la Armada, contralmirante Eduardo Raúl Castro Rivas. Además de oficiales y subalternos, estaban el ex presidente Fernando de la Rúa, de quien Castro Madero fue edecán, y el embajador Emilio Cárdenas.
La conducción de la Armada reconoció las palabras de gratitud y no hubo mención a los desacuerdos por los ascensos denegados a los oficiales que tenían el aval de las juntas de clasificaciones. Al fundamentar su desacuerdo con la política de promociones manejada por el Ministerio de Defensa, el jefe naval dijo que su afirmación "no es sólo una apreciación personal, sino que está avalada por las distintas y reiteradas Juntas de Clasificaciones, que en forma responsable, ecuánimes y luego de arduas horas de trabajo llegaron a la conclusión de que estos oficiales no sólo reunían todas las cualidades y aptitudes para el ascenso, sino que se situaban en puestos de relevancia".
El marino retirado señaló a sus subordinados que "la conducción superior no sólo declama confianza y acatamientos a valores que nos inculcaron a lo largo de nuestra carrera naval, sino que está dispuesto a ponerlo de manifiesto con acciones y comportamientos". Y advirtió que "de la justicia y el acierto con que se lleve adelante la selección de los ascensos militares" dependerá "el incremento de la confianza en la superioridad y en el fortalecimiento del orden y la disciplina".
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