
Desconcertante simulacro en la embajada de los Estados Unidos
Coincidió con el alerta declarado por el gobierno nacional
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Desde el patio interior de la embajada de los Estados Unidos, una voz impostada con un megáfono advertía en inglés sobre el peligro. Inminente, al parecer. En la vereda, tres personas que estaban frente a las ventanillas del consulado, en donde se tramitan habitualmente las visas, siguieron las instrucciones del guardia de seguridad: inclinarse, rodilla en tierra. Resguardarse, en realidad. Otras cruzaron la calle, asustadas, y permanecieron detrás de los árboles del parque que corona la Avenida del Libertador.
Eran las cuatro de la tarde de ayer. Un día muy particular: el ministro de Defensa, José Pampuro, había revelado que recibió información de organismos de inteligencia nacionales y extranjeros sobre la posibilidad de un atentado en la Argentina.
La embajada norteamericana vio reforzada su seguridad exterior, al igual que la británica y la española (miembros de la coalición que encabezó la guerra contra Irak) y la italiana y la israelí.
En el patio interior, mientras tanto, la voz del megáfono seguía dando las instrucciones del caso. No se trataba de un atentado, ni de una amenaza, sino de un ejercicio usual que, según confió a LA NACION una fuente de la embajada, se realiza, previo aviso, cada 15 días. A veces, en caso de incendio; otras, en caso de bombas, explicó. Un simulacro, digamos.
Afuera, Gustavo Cherro, fotógrafo de LA NACION, así como la gente que realizaba a última hora el trámite de la visa, no sabía qué estaba sucediendo. Los agentes de la Policía Federal, tampoco.
Por un tiempo, mientras promediaban obras dentro de la embajada, habían quedado cerradas al tránsito, con bloques de hormigón, el tramo de la avenida Colombia que bordea la embajada norteamericana y parte de la calle Cerviño.
Entre esas obras, según trascendió, habría unos canteros especialmente diseñados para impedir el impacto de vehículos cargados con explosivos.
Sin ataques de pánico
El ejercicio coincidió, también, con las vísperas del Thanksgiving Day (Día de Acción de Gracias), razón por la cual la embajada permanecerá cerrada hoy. En las actividades cotidianas de ayer, la fuente dijo a LA NACION que no notó nada raro y que no hubo señales de alerta ni, menos aún, de pánico.
Lo mismo ocurrió en las embajadas de Gran Bretaña y de España. En ambos casos, sendas fuentes diplomáticas dijeron a LA NACION que trabajaron y atendieron al público como todos los días.
En general, como dijo una de ellas, las cuestiones de seguridad no "se discuten fuera de estas cuatro paredes ni son de dominio público". Por razones obvias, claro.
El refuerzo de la seguridad ha sido público y notorio, sin embargo. En la embajada británica se instaló por la mañana una tanqueta de la Policía Federal. Y se comentó, entre otras cosas, que iba a quedar cerrada al tránsito la calle Agote, cosa que no sucedió.
En la embajada española, una fuente dijo que el movimiento en la calle, con mayor seguridad, fue parecido en la embajada italiana, en Libertador y Billinghurst. Es decir, enfrente. Movimientos similares se han visto en instalaciones israelíes y de origen árabe.
Fuentes del Ministerio de Seguridad de la provincia de Buenos Aires confiaron a LA NACION, a su vez, que recibieron inquietudes, o quejas, de diplomáticos de Egipto, Gran Bretaña, Hungría, Kuwait, Francia, India y Finlandia por el retiro de la custodia policial en sus respectivas residencias, sobre todo en el Gran Buenos Aires, en virtud de la reciente aplicación del nuevo plan de seguridad provincial.
Sólo el simulacro en la embajada norteamericana, ante escasos testigos, alteró un poco la fisonomía habitual, reforzada la seguridad, en verdad, después de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001.
En el exterior, según observó el fotógrafo de LA NACION, primó el desconcierto por unos minutos. Los suficientes, en algunos casos, para dejar para otro día el trámite de la visa.



