Di Tella llegó a las Malvinas con su política de seducción

Busca contacto personal con los isleños y que el Gobierno retome su estrategia
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15 de octubre de 2000  

PUERTO ARGENTINO.- Apenas vio por la ventanilla las islas Malvinas, Guido Di Tella saltó de su asiento y comenzó a saludar, uno por uno, al resto de los pasajeros del vuelo de LanChile que en la tarde de ayer aterrizó en la base militar de Mount Pleasant.

El ex canciller comenzó así una de las misiones más complejas de su vida diplomática: aplicar la política de seducción cara a cara con los malvinenses y, en la medida de lo posible, evitar los insultos.

Mientras esperaba el avión en Río Gallegos, Di Tella explicó a La Nación que su visita era la continuidad de la estrategia que aplicó estando en la Cancillería. Es decir, desarmar la desconfianza de los isleños hacia los argentinos por medio de contactos personales.

Ayer, en un día inusualmente soleado para estas latitudes, cumplió con la promesa de visitar las Malvinas que se había hecho en julio del año último, al día siguiente de que se firmase en Londres el acuerdo que reestableció las comunicaciones entre la Argentina continental y las islas.

Y como inicio, la jornada inaugural de Di Tella en las islas estuvo signada por la cautela y el éxito.

La segunda de las evaluaciones tiene que ver con la cálida bienvenida que le dio el gobernador de las islas, Donald Lamont, en el aeropuerto.

Pese a las objeciones públicas de muchos de los consejeros, Lamont recorrió el largo y árido trayecto que separa esta ciudad de la base militar donde llegan los aviones y compartió un té británico con su ilustre visitante.

El gobernador y el ex canciller charlaron un rato en inglés sobre asuntos no demasiado políticos y quedaron en verse el miércoles próximo. Para ese día está prevista una comida que Lamont ofrecerá a Di Tella.

Luego de la conversación, que se extendió por más de media hora, el ex canciller abordó un avión rumbo a Port Howard, situado en otra de las islas del archipiélago. Ese fue, justamente, el recaudo que tomó Di Tella para evitar hostilidades.

Uno de los miembros de su comitiva explicó que la idea era pasar cuatro días fuera de esta ciudad, centro neurálgico de la política y de los negocios malvinenses, para que los ánimos de los isleños más beligerantes se fueran apaciguando.

Voces hostiles

Varios de los consejeros expresaron su disconformidad con el recibimiento que el gobernador le otorgó al ex ministro de Relaciones Exteriores. Pese a sus intentos de seducción, Di Tella aparece aquí como el principal impulsor del reclamo argentino de soberanía.

Norma Edwards, una de las consejeras, acusó a Lamont de prestarse al "desfile victorioso" que el ex canciller realiza en las islas.

Sus declaraciones ocupan la tapa del semanario Penguin News, que ayer publicó una edición totalmente dedicada a la cuestión argentina. En la página 5 se transcribe una carta del ex presidente Carlos Menem a los malvinenses en la que recuerda su viaje a Londres y asegura que la Alianza no modificará su política en la cuestión Malvinas.

En realidad, el canciller Adalberto Rodríguez Giavarini no está demasiado convencido de que la seducción que intentó Di Tella sea el camino para recuperar las islas. Los gestos del Gobierno hacia los malvinenses han sido mucho menos cálidos que los que le dedicaba la administración menemista.

Consciente de esto, Di Tella está especialmente interesado en que su viaje transcurra sin dificultades. Será una manera de demostrar que la amistad que él intentó forjar con los malvinenses con regalos y mensajes navideños no fue en vano.

Además, intuye que podría servir para que Rodríguez Giavarini retomase la línea de su gestión. Di Tella asegura que, en los últimos tiempos, la Cancillería ha dado muestras pequeñas de querer abandonar la frialdad inicial hacia los isleños.

Precavido, el ex canciller trajo a su familia y mezclará la actividad política con salidas turísticas. Los Di Tella que viajaron ayer son cinco:Guido, su hijo Luciano, su nuera Joanna y sus nietos Nicolás (de 11 años) y Benjamín (de 9).

El cuadro familiar del ex ministro es un claro ejemplo de a dónde apunta cuando intenta descongelar las relaciones con los malvinenses. Joanna es británica y conoció a Luciano mientras éste estudiaba en la Universidad de Oxford. En sus conversaciones familiares cada tanto se les escapa una palabra en inglés.

Di Tella espera que los contactos personales desanden el camino de hostilidad en el tema Malvinas, recorrido por los gobiernos británicos y argentinos desde la época colonial.

Más allá de la historia y la política, los Di Tella se mostraron muy entusiasmados con el paseo. Especialmente Nicolás y Benjamín, ya que ellos fueron quienes convencieron a su abuelo de visitar la pingüinera de Sea Lion, adonde irán mañana, y disfrutaron observando el acoso periodístico que sufrió el ex canciller.

El superclásico se vive en las islas

PUERTOARGENTINO(De un enviado especial).- El avión en el que Guido Di Tella llegó ayer a las Malvinas fue un pequeño muestrario de las relaciones actuales entre la Argentina y las islas.

Además del artífice de la política de seducción, viajó un contingente de 20 familiares de muertos en la guerra de 1982 y Martin Clarke, el malvinense que había viajado a Buenos Aires para probar suerte como futbolista en Boca Juniors. El jugador dijo que había hecho varios goles en las prácticas, pero que no puede avanzar en su carrera por una simple razón:aún no logró que las autoridades argentinas le aprobasen la residencia en el país.

El joven deportista regresó a su casa para asesorarse en cómo acelerar los trámites. Pese a que recibió la ayuda de un sponsor de las islas, Clarke se quedó sin dinero para seguir viviendo en Buenos Aires.

Jugaba en El Porvenir, que funciona como filial del club de la ribera, y vivía en un departamento cercano a la Plaza de Mayo.

Clarke lamentaba haber tenido que abandonar la Argentina justo en la víspera del superclásico entre Boca y River. Invitó a los cronistas argentinos a mirar el encuentro en The Globe, el pub de su madre. "Ganamos 2 a 0", se esperanzó.

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