Duhalde comenzó el día en Luján y lo finalizó en una playa de Brasil

A la mañana, en una misa, le agradeció a la Virgen su ayuda para salir de la crisis
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26 de mayo de 2003  

Eduardo Duhalde comenzó ayer el día con una misa celebrada en Luján y la finalizó a las 17.30 en el avión del presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, para tomarse unas vacaciones en una playa de ese país en la compañía de su esposa, Hilda González.

Cuando promediaba la jornada, por supuesto, le entregó la banda presidencial a Néstor Kirchner en el Congreso. Y a la salida, con una inocultable sonrisa en el rostro, dijo: "Siento una profunda alegría y el convencimiento de la tarea cumplida".

Ante una consulta sobre cuál fue el tramo más importante del discurso presidencial, Duhalde respondió: "El énfasis que puso en el fortalecimiento del Mercosur, las relaciones serias y respetuosas y el no alineamiento automático con los Estados Unidos".

Poco después destacó especialmente que la asunción de Kirchner implica una nueva etapa en el país: "La de la renovación de la política, que le da oxígeno a la Argentina".

Duhalde había iniciado su jornada a las 7.35, en la quinta de Olivos, con el tradicional chocolate del 25 de Mayo, el último día tras haber gobernado un año y medio luego de la gravísima crisis política e institucional que desencadenó la conclusión anticipada de la gestión de Fernando de la Rúa.

Luego, a las 9, el presidente saliente participó de una misa en la basílica de Luján para "pedir a la Virgen por el nuevo gobierno" y agradecer que "haya ayudado a la Argentina en su crisis más grave".

Acompañado por todo su gabinete, incluidos los cuatro jefes militares que en las próximas horas pasarán a retiro, Duhalde decidió concurrir a misa a Luján para devolver la visita del arzobispo de Mercedes-Luján, Héctor Di Monte, y del obispo Jorge Torres Carbonell, quienes a principios de su gestión le llevaron una imagen de la Virgen para el despacho presidencial.

El oficio religioso sirvió de excusa para que el justicialismo bonaerense de la primera sección electoral movilizara simpatizantes para despedir a Duhalde.

Unas 4000 personas llegaron a Luján desde distintos sectores del conurbano bonaerense y se establecieron en la plaza frente a la basílica con pancartas partidarias y banderas argentinas. Para evitar desbordes se desplegó en el centro de Luján un amplio operativo de seguridad que incluyó 500 policías bonaerenses, 150 efectivos de la Policía Federal, 50 móviles y un helicóptero.

El interior del templo estuvo ocupado por los funcionarios de Duhalde y del gobernador bonaerense, Felipe Solá, y por vecinos, alumnos de escuelas privadas y estatales y veteranos de la Guerra de las Malvinas.

Duhalde y la primera dama saliente, Hilda González, fueron aplaudidos por la concurrencia durante la caminata de funcionarios que encabezaron entre el cabildo local y la iglesia.

Monseñor Di Monte, en su mensaje dominical, advirtió que "son horas en las que hace falta apoyar las instituciones legítimas; poner el hombro y empujar para adelante" porque "urge mancomunar esfuerzos para trabajar sin desgarramientos facciosos".

Reconoció la gestión de Duhalde y sin nombrar a Kirchner advirtió: "Hoy se hace preciso serenarse, apoyar las instituciones legítimas, trabajar en unión, acentuar la cultura del trabajo".

"¿Trajeron plata?"

  • "¿Trajeron plata?", preguntó en tono de broma Eduardo Duhalde a los enviados del FMI que lo fueron a saludar antes de abandonar el poder. La escena ocurrió en el Congreso, donde delegaciones extranjeras y de organismos internacionales saludaron a Duhalde. El mandatario saliente intercambió comentarios sobre fútbol, pesca y tradiciones argentinas con las delegaciones invitadas. Con especial efusividad saludó a los presidentes de Chile, Ricardo Lagos -a quien consideró "un gran amigo"-; a Luiz Inacio Lula da Silva, de Brasil; a Alejandro Toledo, de Perú, y a Hugo Chávez, de Venezuela.
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