El avión de EE.UU. que incomodó al Gobierno

Traía armas para un curso con la Federal
Jesica Bossi
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12 de febrero de 2011  

El avión militar C-17 Globemaster III, matrícula 77187, generó un sacudón puertas adentro del Gobierno. La aeronave, perteneciente a la fuerza aérea de Estados Unidos, demorada anteayer en Ezeiza por presuntas irregularidades, traía armamento para realizar prácticas de entrenamiento con la Policía Federal, financiadas por Washington.

La Casa Rosada manejó el asunto con absoluto sigilo y buscó evitar que se filtrara información. Desde temprano, la historia del avión varado incomodó a Cristina Kirchner, que pidió máxima cautela a ministros y funcionarios.

El infortunio cayó en un momento incómodo. Justo en las últimas semanas, el canciller Héctor Timerman abrió un frente de tormenta contra Estados Unidos: criticó a Mauricio Macri por enviar agentes de la Policía Metropolitana a cursos en una academia de El Salvador, financiados por Estados

Unidos. Lo que no sabía el encargado de las Relaciones Exteriores es que también la Federal toma clases en la misma escuela y eso generó malestar en su par del Gabinete, la ministra de Seguridad, Nilda Garré.

Desde la residencia de Olivos, ayer se bajó la orden de que el propio Timerman se hiciera cargo de los pormenores de la aeronave que investiga el juez penal económico Ezequiel Berón de Astrada. De hecho, según confiaron dos fuentes a La Nacion, el funcionario estuvo recorriendo el aeropuerto y solicitó datos sobre el hecho.

Al mismo tiempo y en otra sintonía, Garré -de quien depende la Policía Federal y uno de los organismos de control que intervino en la inspección- se reunió con el ministro de Seguridad del gobierno porteño, Guillermo Montenegro, fuertemente cuestionado por el canciller. Así, en una cita repentina, acordaron cómo coordinar las fuerzas que comandan (ver Información general).

En Balcarce 50, la mayoría se excusó de hablar acerca del avión. Cada ministerio y organismo consultados respondían que el único que iba a dar explicaciones era Timerman. Mientras crecía el misterio, en las oficinas de Cancillería nadie aportaba una versión oficial.

La aeronave norteamericana, de 55 metros de largo y fabricada por Boeing, arribó anteayer a la Argentina. Durante el control de rutina, personal de la Aduana, junto con la colaboración de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA), detectó anomalías que son objeto de la pesquisa que se abrió de oficio.

Según pudo saber La Nacion, había diferencia entre las armas declaradas por la tripulación y lo que cotejaron los agentes locales. Por eso, Berón de Astrada pidió informes y más precisión sobre los alcances de la tarea que iba a desempeñar la delegación estadounidense aquí.

El correlato de los entretelones es seguido, a la distancia, por Estados Unidos. Ante la consulta de La Nacion en Washington, fuentes del Pentágono confirmaron estar al tanto de la situación y señalaron que estaban elaborando una respuesta sobre el tema.

Hasta que el affaire lo concentrara Timerman, varios funcionarios se involucraron. Anteanoche, se acercaron al aeropuerto el secretario de Transporte, Juan Pablo Schiavi, y el titular de la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC), Alejandro Granados. Ambos responden al ministro de Planificación, Julio De Vido.

Ante la ausencia de comunicados y de postura gubernamental, hubo una catarata de versiones, algunas disparatadas: desde que se trataba de una compra de armamento por parte del gobierno argentino hasta que habían detectado sustancias ilegales en uno de los compartimentos. Llegada la noche, todas esas hipótesis eran descalificadas por fuentes que llevan la investigación.

Días de entrenamiento

En diálogo con La Nacion, un alto funcionario contó que el avión norteamericano, usado para el envío rápido de tropas y cargamento, vino con la misión de realizar "ejercicios conjuntos con las fuerzas de seguridad".

Se trata de una práctica que se realiza desde 2009 y avaladas por acuerdos oficiales, que en su momento suscribieron los ministerios de Justicia y Seguridad (hoy dividido en dos) y el Ministerio de Relaciones Exteriores. Los costos están a cargo del gobierno estadounidense. Es decir, la administración de Barack Obama afrontó todos los gastos operativos de la cruzada.

¿En qué consisten los programas de entrenamiento? Entre otros, efectúan pruebas de tiro y simulacro de rescate de personas. Duran alrededor de 20 días. "Estados Unidos lo hace con la mayoría de los países de Occidente. No sé por qué arman tanto revuelo", inquirió un funcionario.

Anoche, el avión militar seguía en el aeropuerto internacional de Ezeiza. Estaba celosamente custodiado por una camioneta de la Policía Federal. Nadie del Gabinete había hecho pública la postura del Gobierno, y Timerman, frenético usuario de Twitter, optó también por el silencio.

Idas y vueltas

Denuncia contra Macri y EE.UU. El canciller acusó el 3 de este mes al jefe de gobierno porteño de enviar agentes de la Metropolitana a una academia en El Salvador, financiada por Estados Unidos, para tomar cursos de "técnicas golpistas".

Nuevo contrataque A pesar de que trascendió que la Federal también asistía a esa academia, Timerman insistió y pidió informes sobre los planes de estudio.

Rol incómodo. La Presidenta le ordenó que se hiciera cargo del avión militar demorado en Ezeiza, que venía al país a hacer ejercicios nada menos que con la Policía Federal.

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