El ballottage, la última encrucijada que enfrentará Cristina Kirchner

Alejandro Catterberg
Alejandro Catterberg PARA LA NACION
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28 de octubre de 2015  

El resultado del domingo pasado sorprendió a todos. La semana previa a las elecciones las encuestas reflejaban un crecimiento sostenido de Mauricio Macri y el escenario de segunda vuelta aparecía como el resultado más probable de la elección, pero una diferencia de menos de tres puntos entre Daniel Scioli y el candidato de Cambiemos no fue registrada por ninguna de las mediciones que realizamos en Poliarquía Consultores y entiendo que por ninguno de nuestros colegas.

Pero el hecho más sorpresivo fue, por lo inesperado y por sus consecuencias políticas, el triunfo de María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires. La actual vicejefa del gobierno porteño se ha transformado en una de las dirigentes más interesantes, carismáticas y con mejor imagen para la población argentina. Pero, sin quitarle méritos, la razón principal de su victoria estuvo en su rival.

La comunidad política (dirigentes, periodistas, analistas) en su gran mayoría subestimó el impacto que podía tener Aníbal Fernández como candidato a gobernador. Se creía que tendría un costo para el candidato presidencial del FPV y que su margen de victoria en la provincia sería más reducido que el de Scioli.

Pero la reacción social que generó, el corte de boleta que provocó y el arrastre que motorizó en la boleta a presidente de las principales fuerzas es un hecho con pocos precedentes en la historia electoral argentina.

Que el peronismo haya perdido el control de la provincia de Buenos Aires cambia el futuro de la política, independientemente de quién termine siendo ungido presidente de la Nación. A su vez, la derrota de Aníbal Fernández le quita el lugar de destino que muchos dirigentes y funcionarios K pensaban tener si quedaban marginados de un hipotético gobierno de Scioli. La provincia de Santa Cruz no pareciera tener un presupuesto de tal magnitud como para poder albergarlos a todos.

En este contexto, Cristina Kirchner se enfrenta a su dilema final. Su acuerdo con Scioli en los días previos al cierre de listas mostró los límites de la construcción política del kirchnerismo y su intención de apostar de todas formas a un triunfo del peronismo a nivel nacional. Pero luego la Presidenta no pudo controlar el espíritu rebelde de Florencio Randazzo (¿cómo habría terminado la elección el domingo si la formula hubiese sido Scioli presidente-Randazzo gobernador?) ni evitar una interna que proclamó al jefe de Gabinete como candidato.

Cristina tampoco cedió protagonismo durante la campaña. Sus constantes cadenas nacionales, anuncios y declaraciones -incluyendo su participación en las Naciones Unidas y una teleconferencia con Vladimir Putin a sólo días de la elección- parecieron estar destinadas a condicionar las posibilidades de diferenciación de Daniel Scioli y solidificar un relato que agrada sólo al núcleo duro de votantes K.

Un sector muy importante de la sociedad argentina demanda un cambio. Cuando se investiga en profundidad, este reclamo está más asociado a un cambio en el estilo, las formas y los modales y no a políticas sociales y económicas que se han implementado en estos años.

Dicho de forma directa: la gente reclama un final a la confrontación constante, las agresiones, el autoritarismo, la corrupción, las mentiras y manipulaciones, las divisiones y la intromisión constante de la política en sus vidas. Pero es más conservadora a la hora de demandar cambios económicos: más del 45% evalúa su situación económica como buena y apoya medidas como las estatizaciones de empresas, los programas de ayuda social y la expansión de jubilaciones, entre otras.

¿Qué hará Cristina Kirchner en las próximas cuatro semanas en las que se define el futuro presidente de la Argentina? ¿Decidirá ceder protagonismo, moderar sus intervenciones y declaraciones o evitar responder si el candidato del FPV hace críticas o propone modificaciones a políticas de su gobierno? ¿Estará dispuesta a decir que no tendrá un rol activo en la política argentina de los próximos años?

Tal vez la Presidenta prefiera cimentar su legado entre un grupo social importante pero minoritario. Santa Cruz seguirá gobernada por un Kirchner, ¿por qué ceder algunas de sus banderas políticas en el tramo final de su gobierno?

Scioli y Macri no serán los únicos dos protagonistas durante el próximo mes. Aunque su influencia y capacidad de determinar el resultado final de la elección son cada vez menores, Cristina Kirchner estará con ellos. Y lo que diga y haga podrá terminar de volcar la balanza para uno de sus lados.

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