
El cacerolazo, la nueva forma de fiscalizar
El mensaje va más allá de la economía
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El clanc clanc clanc empezó en un balcón, juntó fuerza en las esquinas y estalló en Plaza de Mayo. Miles de argentinas y argentinos, chicos y grandes, gritando y golpeando cacerolas. Clanc clanc clanc, que se vaya el pelado. Clanc clanc clanc, que se vayan todos. Clanc. Pero todos, ¿eh? Que se vayan a... clanc clanc y más clanc.
¿Qué quiso decir la educada clase media con este mensaje?
"Es un brote espontáneo de participación, con fuertes componentes de reclamo, porque la gente tiene una frustración muy grande, está sobrepasada," interpretó el sociólogo Manuel Mora y Araujo.
No fue el primer cacerolazo de la historia. El antecedente más recordado es el cacerolazo chileno en contra del presidente socialista Salvador Allende, el 1° de diciembre de 1971.
Pero ese cacerolazo fue un acto organizado, con marchas, carteles y pancartas, y no forzó la salida del presidente, aunque sí facilitó el golpe militar que lo derrocaría en 1973.
En la Argentina, la tradición del cacerolazo fue retomada por Carlos "Chacho" Alvarez y su partido, el Frepaso, durante el segundo gobierno de Carlos Menem, como estrategia para captar el hartazgo evidente de los sectores medios de la Capital Federal, tradicionalmente opuestos al caudillo riojano.
Después, ya en el gobierno de Fernando de la Rúa, fue el CAME, una agrupación de pequeños y medianos comerciantes, la que promovió cacerolazos en contra de distintas medidas económicas que golpeaban a los asalariados.
Pero fue sin duda el ex ministro Domingo Cavallo, con su decisión de congelar sueldos y depósitos bancarios, el autor intelectual del gran cacerolazo argentino.
"A mí me llamó la atención la existencia de dos sectores en el cacerolazo, aparte de los vándalos y provocadores: un sector que pedía la renuncia de Cavallo y el fin del modelo económico, y otro que iba más lejos, que quería el fin de las prebendas políticas, quería la renuncia de la Corte Suprema, un Parlamento que funcione, se avanzaba más en el plano de la reivindicación institucional," dijo el sociólogo José Nun.
Entonces, ¿para quién doblan las cacerolas?
"El cacerolazo va mucho más allá de De la Rúa y Cavallo. Es contra la dirigencia política. Por la cara de alegría que ponen los peronistas parece que no se dan cuenta de que la gente está harta", dijo Mora y Araujo.
"Haciendo la salvedad de que no todos los empresarios y políticos son ladrones, vivimos en la Argentina circunstancias históricamente excepcionales de ladrones nómadas y establecidos, que han achicado el país, y roban protegidos por una justicia que funciona muy mal. Yo creo que contra eso reaccionó la gente."
¿Es bueno que se exprese así en tiempos de democracia?
"Yo le veo un elemento positivo. Las encuestas muestran realidades, pero no pasa nada. Entonces la gente busca otra forma de expresarse", dijo Mora y Araujo.
"Las familias que fueron a la plaza no buscaban la anarquía y el caos, pero va a llevar tiempo hasta que esta protesta popular pueda articularse", dijo Nun. Clanc clanc clanc .



