
El desafío de Alfonsín a 13 años del rezo laico
1 minuto de lectura'
"...con el objeto de constituir la unión nacional, afianzar la Justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino..." Un tramo del preámbulo de la Constitución Nacional era lo que en la campaña presidencial de 1983 ponía un acento especial al cierre de los actos del entonces candidato radical, Raúl Alfonsín.
Desde hoy, lo que Alfonsín definía como un "rezo laico", que comovió a multitudes, volverá -en su versión original-, a difundirse por las radios para convocar al acto que, precisamente pasado mañana, recordará el triunfo de la UCR en 1983, en Ferro, con el ex presidentre como protagonista. Es probable que, en esta ocasión, como sucedió en los últimos actos que el ex presidente realiza por el interior, se concluya con el Himno Nacional.
Aquellas imágenes
Alfonsín se coloca de frente a un nuevo desafío. El acto, formalmente, es para recordar aquella victoria. Pero el ex mandatario sabe que, ahora, no podrá soslayar el aspecto cuantitativo de la convocatoria: la cantidad de afiliados al radicalismo o no que se movilicen hasta Ferro. Conoce los peligros políticos. Los acepta.A su alrededor se hacen números. Diez mil, quice mil, veinte mil personas, conjeturan en el partido y también fuera de él. "Se podrá anular toda una tribuna, podrá erigirse un escenario que ocupe el mayor espacio posible pero, implacablemente, las cámaras televisivas, la prensa y hasta los propios radicales harán sus cuentas. Alfonsín acepta ese riesgo. "15.000 es una cifra considerable. 20.000 es un éxito. Más que eso, es un mensaje hacia adentro del partido y hacia la ciudadanía", según estima un ex funcionario radical.
El ex presidente, tal vez, quiera saber si la tan mencionada "reconciliación con la sociedad" se comprueba en los hechos. Para ello, en tiempos en los que mayoritariamente se prefieren los sets de televisión, Alfonsín retoma el camino de los actos públicos.
Con su libro "Democracia y consenso" bajo el brazo, en el que fundamenta las razones del controvertido pacto de Olivos y pone el acento en lo que denomina "el Estado legítimo", Alfonsín comenzó a recorrer las provincias ¿Es descabellado suponer que ya imaginaba la recordación del 30 de octubre de 1983, en Ferro, un acto vital par la campaña presidencial de entonces?
Pero el paso que dará Alfonsín no sólo se agota en lo cuantitativo, es fundamentalmente político. Los más encumbrados dirigentes de la UCR, como Federico Storani, Jesús Rodríguez, Juan Manuel Casella o Leopoldo Moreau dicen apoyar el acto para recordar aquel triunfo partidario ¿Es también un respaldo a Alfonsín? La diferencia se desdibuja frente a una realidad: ¿tiene la UCR vocación suicida como para escatimarle un apoyo activo?
En el centenario partido, Rodolfo Terragno llegó a la presidencia del comité nacional a partir de una equilibrada y, ocasionalmente, frágil coalición. Raúl Baglini es presidente de la convención por un voto.
Alfonsín intuye, mejor que nadie, que en la UCR no hay un liderazgo afirmado. Se declaró prescindente en la elección de autoridades de la convención y le fue útil. Comprobó que unos y otros coincidían en no cuestionarlo.
El ex presidente no quiere ni hablar, al menos por ahora, de ser el primer candidato a diputado por Buenos Aires en 1997. También dice que no piensa en la candidatura presidencial, salvo que haya un gran consenso que lo decida.
Para algunos sectores políticos el acto radical de pasado mañana es el lanzamiento de su candidatura. Tal vez no sea para tanto. Más sólida parece la hipótesis de que sea el fin de una etapa. En la carrera política de hombres como Alfonsín, todo fin es también un comienzo.
Hoy, Alfonsín prefiere poner el acento en el consenso: elogia a Cafiero, apoya a Menem en el conflicto con Cavallo y, casi sin que nadie lo advierta, desea para el PJ un lugar en la Multisectorial.



