El día C

Alejandro Rozitchner
(0)
17 de julio de 2009  • 18:31

El no positivo, una negación que transmuta en positividad, tarde en la noche, cuando ya casi nadie mira, colmando la expectativa o superándola, mandando a dormir felices a los aun despiertos, esperanzados, sintiendo que es posible otra cosa, algo más que la repetición acostumbrada de actitudes acomodaticias y blandas; un no positivo que da un paso más allá, un blando que inesperadamente y con dificultades se hace duro y presagia posibles desarrollos en los que nos sentimos por fin incluidos, más allá de la canallez K, del descarado avance de un poder que se hace el popular para no beneficiarse más que a sí mismo, confundiendo incautos o necesitados, un no que se hace si y que proyecta al blando endurecido a un protagonismo nuevo, merecido con un muy poco que es un mucho, con un casi nada circunstancial que de repente se hace bastante, suficiente, contundente, un casi nada que se hace un paso hacia algo, apenas con el atrevimiento de no creer que el daño con el que lo amenazan es verosímil, un blando que se anima a pensar y sentir que las amenazas no son más que palabras, porque estos políticos mal enseñados, políticos con aliento a Proceso, políticos totalitarios que se pretenden buenas personas sin serlo en lo más mínimo ya no pueden hacer tanto daño como creen o como quieren hacernos creer, porque si decidimos trocar nuestra negatividad en positiva nos ponemos en un más allá que no alcanzan ni comprenden, en un camino de osadía que paga, recompensa, ilusiona, determina otros pasos posteriores que hacen sentir diferente y que nos pone en el eje de lograr las cosas que decimos querer lograr pero que por el momento sólo somos capaces de enunciar, a veces con bronca, a veces con atrevimiento, a veces con eficacias que empiezan a surgir y que tenemos el deber de continuar regando para que de semillas apenas brotadas se transformen en plantas suculentas, en árboles de cambio y vida nueva, renovada, dispuesta a decir no tantas veces como sea necesario, siempre y cuando el no sea en realidad un sí, que abra mundo y no lo cierre, siempre y cuando sigamos teniendo la capacidad de animarnos a hacer lo inesperado y conveniente, lo impensado pero necesario, lo azaroso que termina siendo constructivo y útil.

Gracias Cobos por tu paso, por esa noche, por el día siguiente, por lograr una referencia a la que pudimos utilizar de cuña para hacer ceder un poder que se proponía como aplastante sin serlo tanto, por poner en evidencia que a veces se dan la circunstancias y tenemos que ser capaces de aprovecharlas, que es necesario estar atentos y aparecen, que se trata de no asustarse ni dejarse llevar adonde uno no quiere.

Entonces no estabas ahí por estar, no habías traicionado todo –como se pudo pensar-, no te habías dejado comprar con poco, no estabas dispuesto a hacerte de papel para dejarlos en la impunidad total, no estabas entregando un radicalismo empaquetado para consumo populista. Estabas, estuviste, estás, para llevar un poco de sensatez donde hace falta, para ser un contrapeso necesario, para encarnar un hombrecito común que si puede se transforma en mucho más de lo que parecía. Ellos creyeron haber comprado un inútil al que podían basurear tranquilos y pues no, no fue posible, no eras tan poco como en un momento pareció, no fuiste poco, fuiste mucho más y nos sorprendiste a todos. Gracias, Cobos.

ADEMÁS

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.