
El diccionario de apodos del poder
Entre crueles y divertidos, los dirigentes tienen claves para nombrar a sus líderes; Kirchner, por ejemplo, es "Furia"
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La charla empezó así: "Me llamó «Furia». Estaba almorzando con «la Señora» y me dijo que hable con «el Odio» y «el Loco», y que no le diga ni una palabra a «Masita»". Sucedió en una charla de ocasión con un funcionario nacional. Pareció, al principio, un código para que pocos pudieran entender de qué hablaba, pero en verdad no fue más que una demostración de la naturalidad con la que la dirigencia política habla de la misma dirigencia política. No son claves; son apodos, sobrenombres que la mayoría de las veces se cuentan con algo de crueldad, y casi nunca se revelan delante del político mencionado.
"Furia" es uno de los sobrenombres con que en los ministerios nacionales se conoce a Néstor Kirchner. Se lo nombra así, sin artículo. En el interior, algunos gobernadores que mantienen o mantuvieron diferencias con el ex presidente lo apodaron de otra manera: "el Hombre Malo". Es por su carácter. En conversaciones con LA NACION, por ejemplo, lo han llamado así.
Lógicamente, a Kirchner nadie le dice estos motes personalmente. Igual que "la Señora", apodo dado a la presidenta Cristina Kirchner desde que era la primera dama.
A casi todos los dirigentes influyentes se los llama por algún nombre cruel. Y no se perdona ni a quienes padecen algún inconveniente físico. La política no tiene misericordia.
La disputa interna del gobierno nacional, por ejemplo, generó incontables sobrenombres. El ministro de Planificación, Julio De Vido, es "el Odio". "Se lo pasa refunfuñando todo el tiempo, gruñe", contó un funcionario de buena vinculación con el ministro.
A Alberto Fernández se lo conocía como "la Tía". Lo explicó un peronista porteño: "No quería al peronismo y prefería abrir el juego a otros actores. Era como una tía gorda que se quejaba todo el tiempo".
Una vez que renunció Fernández, la nueva disputa interna se focalizó en Sergio Massa -jefe de Gabinete- y Florencio Randazzo -ministro del Interior-. También a ellos se los rebautizó. A Massa no hay uno que no le diga "Masita". ¿Por qué? "Llegó al Gobierno y se hizo el guapo, dijo que había que echar a Moreno y que había que cambiar un montón de cosas, pero Néstor y De Vido se lo comieron en dos segundos", reveló un peronista de trato frecuente con Kirchner. Fuentes de relación cotidiana con el jefe de Gabinete admiten que Massa aborrece ese apodo.
A Randazzo lo llaman cariñosamente "el Flaco". Así le dicen cuando él está presente. Cuando se retira, lo apodan "Killer", sobrenombre que arrastra de su paso por la gobernación bonaerense. "Es que es un tipo bravo", reveló un ex funcionario bonaerense que lo conoce de cuando ambos pertenecían al círculo íntimo de Felipe Solá.
Justamente Solá también sufre por la maldad de la dirigencia política. "Le decimos «Felipe el Hermoso», porque se lo pasa mirándose en el espejo", señaló un kirchnerista que, por lo visto, no guarda la mejor impresión del diputado rebelde.
Lógicamente, varios se agrupan por colores, tamaños de cabeza, volumen del abdomen y ascendencia geográfica. Están "los colorados", "los negros", "los gordos", "los cabezones", "los gallegos", "los gringos", "los turcos" y "los tanos". Son decenas. Están los del nombre poco frecuente, como "Cleto" Cobos, y a los que se asocia con personajes del espectáculo. Estos son un poco más antipáticos.
Uno: al secretario de Transporte, Ricardo Jaime, le dicen "Johnny Tolengo", "porque le encantan las joyas y los anillos", según explicó un funcionario nacional. Johnny Tolengo era un personaje de Calabró que iba siempre adornado con collares, anteojos llamativos y anillos. Dos: al jefe de Gabinete de la ciudad, Horacio Rodríguez Larreta, lo apodan "el Guasón", "porque es igual al personaje de Batman", de acuerdo con la visión de un kirchnerista porteño.
El kirchnerismo, en sus vertientes peronista y progresista, es una usina de sobrenombres perversos. En la Capital, por caso, donde el PJ está enfrentado con el ex jefe de gobierno Aníbal Ibarra, a éste se lo llama " Lavashe y Cashao ". "Pronuncia demasiado fuerte la ye", ironizó un peronista de alta alcurnia.
El sobrenombre del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, resulta más conocido. Es "el Loco". Sus extravagancias y su fanatismo político explican el apodo, que lo acompaña desde la militancia adolescente.





