El empujón anímico que ansía Mauricio Macri para arrancar su caravana

Laura Serra
Laura Serra LA NACION
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24 de septiembre de 2019  • 02:01

En el momento más difícil desde que asumió la Presidencia, Mauricio Macri confía en recibir este fin de semana el envión anímico de uno de los dirigentes de Cambiemos más críticos de su gestión: el gobernador de Mendoza y jefe de la UCR Alfredo Cornejo . Son las paradojas con las que suele sorprender la política: pensar que Macri y su lugarteniente Marcos Peña habían sido acérrimos detractores de que las provincias gobernadas por Cambiemos desdoblaran la fecha de sus elecciones provinciales; finalmente, la "desobediencia" de Cornejo al convocar a los mendocinos a votar este domingo se volvería una tabla de salvación para la alicaída campaña oficialista si, como se espera, triunfa el delfín del gobernador, Rodolfo Suárez .

Macri se ilusiona con que este fin de semana los astros finalmente se alineen en su favor; las buenas noticias que llegarían de Mendoza coincidirán con el lanzamiento de la maratónica caravana "Sí se puede" con la que el mandatario se propone recorrer 30 ciudades en 30 días. Una campaña vintage si se la mira con el prisma macrista, lejos de las redes sociales y más focalizada en el territorio y en la cercanía con el votante; una receta que los viejos baqueanos del radicalismo lograron imponer como estrategia ante la desesperación de los personeros de la "nueva política" tras la derrota en las primarias. Será una campaña imbuida de épica; para algunos será un milagro si Cambiemos logra achicar la diferencia de 17 puntos con que Alberto Fernández, el candidato presidencial del Frente de Todos, se impuso en las PASO. Otros, utópicos, creen que los milagros existen. Son los que se ilusionan con que un triunfo de Cambiemos en Mendoza sea el punto de inflexión en la campaña de Macri a partir de una primera derrota de Fernández.

El candidato del Frente de Todos decidió involucrarse en cuerpo y alma en las elecciones mendocinas y esto dotó de mayor atractivo nacional a esta disputa. Fernández sueña con la hazaña de arrebatarle al radicalismo su bastión y, con esa obsesión, desembarcó repetidas veces en la tierra cordillerana para impulsar a la joven candidata a gobernadora, Anabel Fernández Sagasti, actual senadora y discípula dilecta de la expresidenta Cristina Kirchner. Confía en contagiarle su halo ganador; sin ser local, Fernández se impuso por tres puntos a Macri en las primarias de agosto pasado. Por eso hoy pisará nuevamente suelo mendocino, pero esta vez lo hará rodeado de 16 gobernadores electos y en ejercicio; toda una muestra de poder peronista para jugar la última carta.

Frente los esfuerzos del Frente de Todos por "nacionalizar" el discurso y emparentar al oficialismo mendocino con el gobierno nacional, Cornejo y Suárez llevaron adelante una campaña netamente provincial, al punto que ni Macri ni ningún dirigente del Gobierno se atrevió a pisar el territorio en el último tiempo. Las encuestas les sonríen y cunde el optimismo en "Cambia Mendoza", la alianza que en esta provincia aglutina a Pro, a la UCR, a la Coalición Cívica y otros partidos locales. Los más eufóricos vaticinan un triunfo por un margen mayor a los 10 puntos, todo un batacazo para la historia electoral de esta provincia.

"Será un triunfo de ´Cambia Mendoza´, de Cornejo, de Suárez y de nuestros intendentes. Esperemos que sea un punto de inflexión en el ánimo de Cambiemos a nivel nacional", confía el senador Julio Cobos, padrino del candidato a vicegobernador Mario Abed.

Pero la historia no acabará este domingo. Al menos para Cornejo. Ni bien finalicen las elecciones provinciales, el actual gobernador arrancará un nuevo desafío, el de competir como candidato a diputado nacional en la misma boleta junto a Mauricio Macri. En las primarias de agosto, Cornejo perdió por centésimas ante su rival peronista, pero confía que en octubre dará vuelta el resultado. El dilema que aún no resolvió es cómo. El mandatario mendocino ha sido un crítico consuetudinario de la gestión del Presidente, sobre todo en materia de política monetaria y tarifaria; incluso sugirió, antes de las primarias, que Macri debía declinar sus ambiciones presidenciales y entronizar a María Eugenia Vidal como candidata de Cambiemos, toda una herejía a los oídos macristas.

Sin embargo, pese a sus reproches a la gestión, Cornejo reconoce que Cambiemos (ahora, Juntos por el Cambio) debe preservarse como un espacio de identidad republicana frente a un eventual gobierno peronista-kirchnerista. Por eso alienta que la coalición se mantenga unida aún en la derrota, rechaza la posibilidad de alianzas con Fernández y se imagina como futuro articulador de un posmacrismo regenerado con nuevos liderazgos. Sería todo un giro en este dirigente mendocino, quien en 2007 supo ser uno de los artífices de la ruptura del radicalismo para promover a Julio Cobos como candidato a vicepresidente de Cristina Kirchner.

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