El Gobierno divide a los intendentes del conurbano

Juan pablo Morales
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24 de febrero de 2011  

El intendente de Florencio Varela, Julio Pereyra, dio ayer la primera señal. Hablaba de las colectoras por radio y cuando tuvo que referirse al plan electoral de la Casa Rosada no dudó: enseguida apeló a su liderazgo de la Federación Argentina de Municipios (FAM), habló en nombre de sus colegas y anunció sin vueltas: "Todos los intendentes estamos de acuerdo con las colectoras".

En un par de horas, esas declaraciones habían llegado como una alarma caliente a buena parte de los caciques del Gran Buenos Aires. En el Oeste, directamente, lo tomaron como una afrenta. Como el primer síntoma público de un fenómeno que ahora amenaza al PJ bonaerense: la división del bloque de intendentes más poderosos del país.

El Gobierno está decidido. Ayer repetían ante La Nacion en despachos oficiales que impondrán el proyecto para que Martín Sabbatella sea candidato bonaerense con la boleta de Cristina Kirchner y abrir la posibilidad de extender multicandidatos en los distritos, el polémico plan que fisuró al peronismo provincial y abrió un frente de resistencia pública, con los intendentes y el gobierno bonaerense a la cabeza.

Ahora, la Casa Rosada pretende quebrarlo. Y desde abajo. "Vamos a empezar a hablar distrito por distrito", aseguró ayer a La Nacion un influyente peronista con acceso a la Casa Rosada que sigue de cerca la estrategia oficial. En estos dos últimos días se iniciaron los contactos. El objetivo: negociar apoyo irrestricto de varios intendentes a cambio de protección. Eso sí, siempre con la opción de modificar las promesas ante la sospecha más temida: la traición.

El primer embate

Algunos se adelantaron para endulzar los oídos de Cristina Kirchner. "Tenemos que trabajar en una construcción colectiva, y para eso hay que poner el esfuerzo en acompañar a la Presidenta", dijo ayer Pereyra. En ese grupo "cristinista" confluyen varios jefes comunales. Entre ellos, Juan José Mussi (Berazategui), Francisco Gutiérrez (Quilmes), Martín Insaurralde (Lomas de Zamora) y Alejandro Granados (Ezeiza). En una entrevista en Radio Provincia, el mandamás de Varela aseguró también que el debate por las colectoras fue "inventado". Y agregó: "Los municipios estamos muy juntos en la planificación de lo que hace falta para continuar este proceso".

Pero no es cierto. Del otro lado, hay otro grupo de intendentes que siguen despotricando contra las colectoras. Por ejemplo, según pudo saber La Nacion, los dichos de Pereyra cayeron mal a Alberto Descalzo, intendente de Ituzaingó y aliado bonaerense de la FAM. Descalzo corre peligro de perder si el Gobierno le abre una colectora. Ya lo dijo públicamente: "Es preocupante, una trampa. Las colectoras perjudican a los municipios".

En el grupo que resiste aparecen también Hugo Curto (Tres de Febrero), Luis Acuña (Hurlingham), Raúl Othacehé (Merlo) y Fernando Espinoza (La Matanza), todos vecinos del distrito de Sabbatella, Morón. También caciques del Sur, como Fernando Gray (Esteban Echeverría), Jorge Ferraresi (Avellaneda) y Daniel Di Sabatino (San Vicente). Todos ya hicieron públicas sus quejas antes de la última reunión del PJ bonaerense. Ahora decidieron hacer silencio ante la tregua, sólo con una intención: obtener un turno para negociar.

En el camino, varios ya se resignaron y desistieron de buscar en Scioli un aliado que levante la voz. Ahora buscarán salvar su propia suerte, aunque todos dicen toparse con un problema: no saber con quién hablar. Antes Kirchner ordenaba las bendiciones o los padecimientos. Ahora, un grupo intenta recostarse en el ministro de Planificación, Julio De Vido, adversario del influyente secretario legal y técnico, Carlos Zannini, impulsor de las colectoras. Pero en realidad nadie sabe cómo llegar a la Presidenta: desde que murió Kirchner, ninguno tuvo una sola reunión cara a cara con ella.

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