
El grupo sushi , a punto de abandonar la escena política
De la Rúa parece regresar a sus colaboradores de la primera hora; Gallo, influyente
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¿Qué fue del "grupo sushi "? El ejército de jóvenes amigos del hijo mayor de Fernando de la Rúa, Antonio, que supieron ganarse el oído atento del Presidente e influir en sus decisiones duerme ahora en el freezer.
Y no son pocos -incluidos ellos mismos- los que aseguran que, luego del éxodo de Antonito con su novia Shakira rumbo a los Estados Unidos, el grupo ya no despertará.
Al menos ya no con el perfil desinhibido, espontáneo, casi apolítico que cultivó durante los primeros meses de De la Rúa en el poder.
Hoy, el Presidente parece haber vuelto a sus colaboradores de la primera hora, a quienes nunca abandonó del todo. Escucha con atención al canciller Adalberto Rodríguez Giavarini, al banquero y ex jefe de la SIDE Fernando de Santibañes (casi un "tío" para Antonio y Aíto de la Rúa), al secretario general de la Presidencia, Nicolás Gallo (con quien se reconcilió luego de un año sin hablarse) y a su vocero, Ricardo Ostuni.
La reciente llegada del diputado radical Juan Pablo Baylac, que ya se mudó a la Subsecretaría de Comunicación de la Presidencia de la mano del cada vez más influyente Gallo, termina de confirmar esa tendencia.
Antes, Gallo tuvo que desplazar a un sushi de pura cepa, el secretario de Cultura, Darío Lopérfido, en un área clave del Gobierno: la comunicación oficial.
Lopérfido había reconocido en público su escasa vocación por la difusión de los actos de gobierno. Y hasta acusó a los radicales de "psicóticos, porque hacen las cosas mal pero quieren que se comuniquen bien". Terminó a la intemperie cuando Antonito se desentendió del Gobierno.
De la Rúa no tardó en pasarle esa responsabilidad a Gallo. El funcionario, que conoce al Presidente y a su esposa desde hace treinta años, convirtió a Baylac en un vocero con atribuciones muy parecidas a las del fiel Ostuni.
Baylac es un radical "de estructura", nacido en Bahía Blanca, que supo militar en las huestes de Leopoldo Moreau y que había hecho su carrera sin saltearse ni uno de los peldaños de la larga escalera de la política tradicional.
Es, en síntesis, lo opuesto a los jóvenes que se hicieron famosos por su lealtad exclusiva -y excluyente- hacia el Presidente y por sus reuniones en Puerto Madero, done comían sushi mientras debatían los avatares del Gobierno.
Con la llegada de Baylac a la Casa Rosada también perdió su silla otro sushi , Ricardo Rivas. Tachuela, como lo llaman hasta los más altos funcionarios del Gobierno, había ingresado en la Casa Rosada de la mano de Lopérfido, Fernando de Santibañes y del segundo de la SIDE, el joven Darío Richarte. Ahora dependerá de Ostuni en la Unidad Presidente.
También perdió terreno otro joven funcionario, ex militante de Franja Morada de la UBA y mano derecha de Lopérfido en la Casa Rosada: Juan Manuel Romero, a quien Gallo despojó de la Dirección de Prensa. En ese cargo asumirá Sergio Levit, un periodista que integró hasta ahora el directorio de Télam.
Resignación
Lopérfido tuvo que resignarse también a perder el control sobre la programación de los contenidos de su creación predilecta: el multimedios estatal, integrado por Radio Nacional, Canal 7 y la agencia de noticias Télam.
Ahora, Gallo -que también le quitó el Comité Federal de Radiodifusión (Comfer)- buscará darle un papel "más federal" al grupo de medios estatales.
El secretario general de la Presidencia suele decir que éste "pertenece al Estado, es federal, pero no lo refleja en sus informativos, no muestra al país". Las intenciones del ex ministro de Infraestructura y Vivienda preocupan a Lopérfido, quien luchó por dar al multimedios el perfil artístico, cultural y apolítico que lo elevó en el rating y lo hizo ganar varios Martín Fierro.
Pero más allá de la coyuntura, ¿cómo toma el grupo sushi su propio ocaso? Llamativamente, no parece mostrar nostalgia, sino alivio. Los sushis consultados por La Nación recordaron que nunca actuaron como un "grupo político" y que la marca registrada sushi fue un nubarrón "peyorativo y estigmatizante" fomentado por los "radicales a la antigua".
Ahora, dicen, ganaron en poder real lo que perdieron en imagen. "Tenemos tres ministros (Patricia Bullrich, Chrystian Colombo y Andrés Delich), un viceministro (Lautaro García Batallán) y varios secretarios (como Lopérfido, Hernán Lombardi y Richarte)", argumentan.
La relación de Antonio con la cantante Shakira y la de Lopérfido con la guitarrista de rock María Gabriela Epúmer no contribuyeron demasiado a alejarlos de una imagen "casi menemista", admiten.
También reconocen que creyeron demasiado en su propio poder. "A veces llamaba un puntero radical y no se lo atendía. No le prestábamos atención a lo partidario. Fuimos demasiado espontáneos", dicen.
Pero creen, también, que el supuesto enfriamiento de De la Rúa para con los amigos de su hijo tiene bastante más de pose que de realidad. ¿La razón? Las elecciones legislativas de octubre, que obligaron al Presidente a retomar el contacto con "la nomenclatura partidaria de la UCR" para definir cuanto antes las listas de candidatos.




