
El hombre que odiaba ser peluquero
Además de trabajar con Alsogaray, Kaplan se ocupó de cuidarle el cabello a Menem
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Odiaba que lo llamaran "el peluquero de Menem". Enrique "Quique" Kaplan fue ciertamente el hombre que veló por la fortaleza capilar del ex presidente Carlos Menem.
Pero él prefirió siempre -por lo menos hasta ayer- ser recordado como director de Ceremonial de la Casa de Gobierno o como quien ocupó el cargo de subsecretario de Relaciones Institucionales de Recursos Naturales y Medio Ambiente cuando María Julia Alsogaray estaba en la cresta de la ola.
Kaplan era una estrella del estilismo masculino porteño cuando Carlos Menem se sentó por primera vez en su sillón de peluquero. El salón se llamaba Adán y fue un símbolo del glamour desde la década del 70. "Ahí te servían el whiskicito, el cafecito", recordó un ex habitué del local de la esquina de Tucumán y Uriburu, que obvió, tal vez pudoroso, otro detalle: fue el primer salón en el que los servicios eran prestados exclusivamente por mujeres.
Kaplan y su hermano Rubén tenían una empresa de trabajo temporario, Temporails, dedicada a encontrar bellas promotoras. También eran dueños de la Compañía Internacional de Eventos, con la que organizaron una muestra de automóviles importados en la Costanera Sur. Menem colaboró al firmar un decreto de exención impositiva de los automóviles. Uno de los autos fue la Ferrari Testarossa que Menem acarició por un tiempo.
"Yo era dueño del local en que se atendía Menem, no su peluquero", aclaró Kaplan hasta el cansancio cuando asumió con Alsogaray.
Cuando Menem estuvo detenido en el penal militar de Magdalena, entre 1976 y 1978, Kaplan le llevaba las tinturas para el pelo.
Sobre su ascenso en la Secretaría de Recursos Naturales, a la que llegó en 1991, tras salir precipitadamente de la oficina de Ceremonial en la Casa de Gobierno, explicó a la prensa: "En estos tres años que llevo en Ceremonial, ¿cuándo el Presidente pasó algún papelón? Y bueno, voy ahí porque cumplí eficientemente mi trabajo".
Un funcionario de extensa trayectoria en la Casa Rosada recordaba ayer: "Se le notaba que lo suyo era la peluquería, no el protocolo".
Su amistad con Menem lo colocó en la antesala de un puesto codiciado: el de secretario privado. El cargo había quedado vacante en 1993 tras la abrupta salida de Miguel Angel Vicco por el caso de la leche adulterada.
No pudo ser, y su relación con Menem comenzó a enfriarse. Al final, ni siquiera lo llevaba a sus viajes al exterior. Un cruce de palabras con Ramón Hernández, el hombre de máxima confianza de Menem, lo catapultó bajo el ala protectora de Alsogaray.
Su puesto con María Julia Alsogaray volvió a catapultarlo ayer, esta vez a una estrecha celda del edificio de Gendarmería en Retiro.
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