
El peor año de la batalla política entre Menem y Duhalde
El gobernador frenó la embestida por la reelección; el acuerdo resulta difícil
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Cuando Carlos Menem pidió a Eduardo Duhalde, el 27 de diciembre de 1987, que lo acompañara en la fórmula para enfrentar al tándem Antonio Cafiero-José Manuel de la Sota, no imaginó que había dado el puntapié inicial a una batalla que se prolongaría durante, por lo menos, diez años.
Esa pelea política aún no ha terminado. Y no se vislumbra un acuerdo que contenga a las máximas figuras del peronismo. Los protagonistas se perdieron la confianza. Ni siquiera se animan a jugar juntos al fútbol, como lo hacían en los viejos tiempos.
Desde que subieron al "menemóvil" para hacer la campaña presidencial, en 1989, la relación Menem-Duhalde sufrió varias embestidas.
Pero este año llegó a un punto en el que parece no tener retorno. El Presidente siempre supo que Duhalde era un hombre al que le gustaba moverse solo y que tenía poder. Esto se convirtió en una amenaza para Menem.
Duhalde comenzó a disputar espacio en el PJ al Presidente. Siempre quiso sucederlo, pero Menem nunca lo aceptó.
Cuando nadie lo esperaba, el gobernador reaccionó: convocó el 9 de julio último a un plebiscito por la "re-reelección" presidencial en su distrito.
Por primera vez se le animó al hombre con quien había edificado gran parte de su carrera política, el mismo que le había quitado, en 1994, la posibilidad de postularse a la presidencia.
Nunca se sabrá si realmente Duhalde vestía un jogging cuando llegó a Olivos. Pero fue el último en enterarse, en diciembre de 1993, que Menem había firmado el pacto de Olivos, que habilitaba la reelección.
Duhalde volvió a subir al "menemóvil" para hacer campaña en 1995 por la fórmula Menem-Ruckauf. Poco a poco, comenzó a gestarse la distancia. No hubo más asados ni partidos de fútbol en la quinta Los Caudillos, de Hugo Toledo.
La precandidatura presidencial de Duhalde se convirtió en una molestia para Menem. Su derrota en Buenos Aires, el 26 de octubre del año último, dio aire al operativo reeleccionista, pese al impedimento constitucional.
Duhalde estaba en su peor momento político. No había logrado sobreponerse. Y el aparato presidencial trabajaba por otra reelección.
La carta inesperada
Mientras Menem presidía los actos por el 9 de Julio, en Tucumán, Duhalde sacó del mazo una carta que descolocó al menemismo. Convocó a un plebiscito por la reelección para frenar la ofensiva menemista que lo había dejado sin iniciativa política.
La primera reacción del Gobierno fue convocar a una consulta popular no vinculante en todo el país. Fue sólo una amenaza. Todo estaba listo para el congreso del PJ de Parque Norte, el 17 de julio último. Menem tenía en mente ir a buscar allí el aval del partido para forzar su segunda reelección consecutiva. Pero fue a pescar.
Duhalde desconoció la convocatoria y consiguió el apoyo de Carlos Reutemann. El congreso de Parque Norte tuvo una escasa convocatoria y objeciones en la Justicia. Cuatro días después, el Presidente renunció en público -con gobernadores y funcionarios como testigos- a algo que no tenía: la posibilidad de competir en 1999.
Duhalde decía jocoso a su entorno que se sentía "alto, rubio y de ojos celestes". Después, lanzó su segundo dardo en Neuquén: aseguró que el modelo económico estaba "agotado". Menem no le perdonó ninguna de las dos jugadas. Cuando la situación se hacía insostenible, se cruzaban con declaraciones en los medios periodísticos, se juntaban en actos protocolares -siempre incómodos- o planteaban treguas que nunca cumplieron.
La última pelea es por la conducción del PJ. Menem alineó tras de sí a 12 de los 14 gobernadores peronistas. El menemismo reflotó la reelección después del triunfo de José Manuel de la Sota en Córdoba, y ahora rescata la precandidatura presidencial de Carlos Reutemann. Todo volvió a separarlos.
En 1999, la batalla Menem-Duhalde deberá definirse. El peronismo se juega la retirada del poder. Ninguno está dispuesto a ceder y buscarán neutralizarse recíprocamente.






