El plan de Axel Kicillof para la pandemia: rodear el virus con la policía

Sergio Suppo
Sergio Suppo LA NACION
Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo
(0)
29 de mayo de 2020  • 00:12

En el corazón de Villa Azul, entre Quilmes y Avellaneda, hay una cancha de fútbol con césped sintético. En ese rectángulo aseguran que se produjo la propagación del coronavirus, partido tras partido. El asentamiento es casi un apéndice de Villa Itatí, seis o siete veces más grande y poblada.

No hay agua potable, cloacas ni gas natural, la electricidad escasea y a muchas casas les falta parte del techo. Por estar en una depresión, el barrio se inunda. Al puntero político o al narco que controla la zona (no hay precisión al respecto) se le ocurrió que la mejor forma de ayudar a los vecinos era alfombrar la canchita.

Los gobiernos suelen repartir comida y los militantes aparecen cuando hay que juntar votos o para llevar gente a algún acto, la policía no entra y los puestos de salud están siempre desbordados. La solución que encontró para ese lugar Axel Kicillof es rodear al virus con la policía, pero como el Covid-19 es difícil de identificar, los que quedaron encerrados son sus víctimas o potenciales víctimas. El disparate fue compensado con otro: también los countries serán sitiados si tienen contagiados.

Hay en el conurbano unas 1600 villas como Villa Azul. No están desde siempre, aunque haya algunas que tienen más de sesenta años. La cantidad de barrios precarios crece en forma exponencial después de cada crisis. Ocurrió en las hiperinflaciones de 1988 a 1990, hubo otro salto en 2001, y otra fuerte acumulación de argentinos empobrecidos en el bajón económico del final de la primera década de este siglo. Cada capa se fue consolidando sobre la otra y la gestión de Mauricio Macri agregó entre 4 y 5 por ciento de nuevos pobres.

Kicillof dice que recibió "tierra arrasada". Se equivoca, tiene ante sí una pirámide de desgracias sociales fabricada por todos los gobiernos desde que se frenó el crecimiento industrial en los alrededores de la ciudad de Buenos Aires. Eso ocurrió hace medio siglo, con la inestimable colaboración de todos los gobernadores peronistas que lo antecedieron en 28 de los últimos 32 años. Nada es casual. El gobernador tiene que echarle la culpa a María Eugenia Vidal porque no puede apuntar contra su propio partido. Vidal está en el pasado, pero también en el futuro inmediato. En las elecciones pospandemia, el año próximo, la oposición rodeará a la exgobernadora para enfrentar a Kicillof.

Las características del coronavirus se reflejan sobre esos conglomerados. El Covid-19 necesita del contacto estrecho y el hacinamiento, de multitudes que viajen apretadas. Es un fatal anillo al dedo para un país que celebró, desde la constitución de su Estado, en la última parte del siglo XIX, la construcción de una gran capital y un territorio vasto y despoblado.

Desde el lugar de un comentarista que no es y como escapando a la presidencia que ejerce, Alberto Fernández hizo ese descubrimiento tardío, el martes pasado. Dijo: "Lo primero que debe enseñarnos la pandemia es que vivimos en un país injusto y ahora nadie puede decir que no lo vio". ¿Hacia dónde miraba el Presidente antes de serlo? Es un poco tarde para descubrir al país desigual y empobrecido.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Politica

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.