El primer mes de Alberto Fernández: entre la emergencia económica y el desafío de la deuda

Cómo fueron los primeros 30 días de gestión y la fecha límite que se trazó para negociar con los acreedores
Cómo fueron los primeros 30 días de gestión y la fecha límite que se trazó para negociar con los acreedores Fuente: LA NACION - Crédito: Silvana Colombo
Gabriel Sued
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10 de enero de 2020  • 13:10

El Presidente endureció el gesto y lanzó una maldición al aire. Era 26 de diciembre y acaba de enterarse de que los directivos de la Mesa de Enlace no asistirían al día siguiente al primer encuentro de empresarios y sindicalistas. Esa postal estaba pensada como el germen del acuerdo económico y social que el Gobierno pretende institucionalizar durante el verano.

Fue uno de los tragos amargos que digirió Alberto Fernández en su primer mes en la Casa Rosada. Fueron días frenéticos en los que el Presidente ocupó el centro de la escena, se volcó de lleno a gestionar la emergencia, logró un triunfo importante en el Congreso, metió mano en variables clave de la economía, buscó hacer equilibrio en la coalición que lidera, convivió con demoras burocráticas de su administración y recibió a dirigentes de todo el arco político en su despacho, donde pasó encerrado muchas horas.

"Lo más urgente era frenar la sangría. Estamos tomando control, estamos tomando medidas que van al consumo, que tienen impacto en el territorio, hay señales positivas", dijo esta semana el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero , a quienes le pidieron un balance del primer mes. Recordó con una sonrisa que uno de los intendentes que lo visitó le había contado que muchos jubilados de su municipio usaron el bono de fin de año para comprarles juguetes a sus nietos.

El optimismo que sobrevuela el sector presidencial de la Casa Rosada convive a la fuerza con la cautela. En el entorno del Presidente aseguran que Fernández y sus colaboradores son muy conscientes de que caminan sobre un piso de cristal. La mirada está puesta en la fecha que el propio Presidente definió como el primer "deadline" de la gestión: el 31 de marzo.

Para entonces, cuando se hayan cumplido casi cuatro meses de mandato, el Gobierno espera tener cerrado un acuerdo con el FMI y la reestructuración de la deuda con los acreedores privados. Todas las medidas que se tomaron este mes fueron ideadas para apuntalar esa negociación. "Calmar la economía y ordenar la macro", se convirtieron en mandatos que guían los pasos de los principales funcionarios del Gobierno.

También del Presidente, que la noche del domingo 29 de diciembre decidió intervenir en persona para frenar un aumento de los combustibles que se había habilitado unas horas antes. Fernández llamó por teléfono a algunos periodistas para anunciar el giro. ¿Qué pasó en el medio? "Las petroleras lo presionaron a Nielsen [Guillermo] para que peleara por todo el sector, pero resulta que después la única que iba a aumentar era YPF", cuentan en la Casa Rosada. ¿Hubo una llamada de Cristina Kirchner? En el entorno del Presidente lo niegan. La relación entre Alberto y Cristina es el nudo central del nuevo gobierno. La vicepresidenta tampoco lo llamó para que intercediera a favor del gobernador bonaerense, Axel Kicillof , en las tratativas por el paquete impositivo, afirman en la Casa Rosada. Eso sí, Fernández tendió puentes con diputados e intendentes. Con Cristina fuera del país y una tendencia a la concentración de las decisiones y la comunicación (que en ocasiones lo expone a contradicciones), el Presidente es el protagonista excluyente de su gobierno.

El congelamiento temporario del precio de los combustibles y de las tarifas de los servicios públicos, como determinantes del nivel de inflación, es parte de la receta del ministro de Economía, Martín Guzmán, para mostrar ante los acreedores la "sustentabilidad de la deuda", un concepto que atraviesa la gestión. Fernández tiene toda la confianza depositada en el joven de 37 años, que sorprendió a todo el gabinete el viernes 27 de diciembre, cuando volvieron los picados de fútbol a la residencia de Olivos. En gran estado atlético, el economista fue la estrella de los dos partidos que enfrentaron a los equipos de "Casa Rosada" contra "ministros". Cafiero fue otra de las figuras.

Conocedor de los pasillos del poder, Fernández también está debutando como presidente. En algunos ministerios le atribuyen a él las demoras en las designaciones de secretarios y subsecretarios. "Tiene el chip de jefe de Gabinete. Revisó en persona cada una de los nombramientos y eso lleva tiempo", reniega un secretario, ya ubicado en su despacho, donde ejerce el cargo sin la designación formal. "Es la primera vez que tenemos un gobierno de coalición en serio. Se le dio lugar a todo el mundo en todos los ministerios", matiza un ministro.

Llevó unos días que el Presidente y sus colaboradores se habitúen al sistema de gestión electrónica que inauguró el gobierno de Mauricio Macri para el manejo de expedientes. "Nunca lo vi calentarse tanto a Alberto como la noche que queríamos sacar el decreto de la doble indemnización y no andaban los token que se usan para firmar los decretos", recuerda un funcionario.

Esas dificultades se sumaron al deterioro edilicio y de equipamiento que encontró la nueva gestión. El secretario general de la Presidencia, Julio Vitobello, dedicó sus primeros días en la Casa Rosada a gestionar la colocación de un aire acondicionado en el despacho del Presidente. Ahora analiza un expediente abierto por el gobierno anterior para adquirir un nuevo avión. Los tres que integran la flota presidencial están averiados. En su primera actividad en el interior, la visita del miércoles pasado a Chaco, Fernández y sus ministros volaron en una nave alquilada.

Cumplido el primer mes, Fernández terminó de apropiarse de su despacho y estableció algunas rutinas. Ahí trabajó todos los días de la semana, menos el martes pasado, que se quedó en Olivos afectado por un virus digestivo. Detrás de su escritorio, ubicado en el extremo norte, colocó dos grandes retratos de San Martín y de Belgrano. Más cerca del centro de la oficina, luce otro, de Juan Manuel de Rosas. Justo debajo de ese cuadro, sobre una mesa baja, tiene las fotos que lo muestran con Néstor Kirchner, con Luis Alberto Spinetta, con su mujer, Fabiola Yáñez, y con su hijo, Estanislao. En esa misma mesa hay una placa con una frase de Enrique V, una obra de Shakespeare: "No quisiéramos ir a la batalla con aquel que tema morir en nuestra compañía".

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