
El regreso de Nosiglia, un operador todoterreno
Para algunos, ha regresado. Sin embargo, muchos aseguran convencidos que, en realidad, nunca se fue. Lo cierto es que Enrique Nosiglia, el operador político radical por excelencia, ha vuelto a aparecer en el escenario nacional como protagonista de un operativo destinado a permitirles a los radicales K disputar la conducción del comité nacional de la UCR.
Más conocido como "El Coti", la sola mención de las sílabas de su sobrenombre alcanza para generar todo tipo de especulaciones sobre su persona, que está asociada de manera indisoluble, desde las épocas del alfonsinismo, con la negociación política sigilosa, intramuros y al más alto nivel.
Ahora, como lo reveló LA NACION el lunes último, Nosiglia ha vuelto a la escena política y a cargo del más impensado de los roles: como ariete del gobierno nacional en su búsqueda de apoderarse de la UCR, el segundo aparato político más importante del país, después del PJ.
Ese objetivo se esconde detrás de su prédica de "unir a la familia radical", razón por la cual ha elegido evitar a las actuales autoridades partidarias -en particular al senador jujeño Gerardo Morales, presidente del comité nacional-, invitando a reuniones "reservadas y amistosas" a legisladores nacionales y dirigentes partidarios.
Si bien es un hombre versátil, como buen político siempre prefiere jugar de local. Por eso a nadie extrañó que organizara sus encuentros en dependencias del hotel Elevage, propiedad que siempre se le adjudicó y que él nunca negó. Lo que muchos de los invitados no sabían era que la cena a la que amablemente concurrieron se estaba celebrando en el mismo salón en el que se terminaron de ultimar los detalles de la sanción de la ley de reforma laboral en el gobierno de Fernando de la Rúa.
"Tenemos que unir a la familia radical; parar esta sangría", coincidieron en señalar varios de los asistentes a esas reuniones como el mensaje con el que el "Coti" arranca su tarea de "ablandamiento".
Las tertulias se celebraron en diciembre y hubo una para diputados nacionales y otra para senadores. Esta última, el día después de Navidad. La actividad se cortó en enero debido a las vacaciones.
Sin embargo, unos días antes de que se conociera el pacto de Roberto Lavagna con el kirchnerismo, Nosiglia ya había retomado su tarea en pos de la unidad partidaria.
Tanto, que llegó al extremo de intentar acercar a algunos referentes del radicalismo K al mismísimo Raúl Alfonsín, padre y mentor del proyecto que embarcó a la UCR en la aventura presidencial de octubre último detrás del ex ministro de Economía.
La jugada no tuvo el éxito deseado, pero dejó una puerta abierta para un eventual nuevo giro político del ex presidente en su incesante lucha por mantener su protagonismo en el centenario partido.
Sin fronteras
Como buen y experto operador político, los contactos de Nosiglia no reconocen fronteras. En el radicalismo K, uno de sus principales hombres es el ex intendente de Neuquén y actual subsecretario de Relaciones Institucionales de la Cancillería Horacio Quiroga.
Entre los radicales orgánicos, Nosiglia también tiene tropa propia. En el Senado, su hombre es el pampeano Juan Carlos Marino, que fue el encargado de invitar a sus colegas en diciembre. En Diputados, el espectro es más amplio, pero mantiene buena relación, por ejemplo con el cordobés Oscar Aguad, jefe del bloque radical.
En el Gobierno, su contacto más aceitado es con Juan Carlos Mazzón, al que considera su par en el mundo de la operación política y al que conoce de mucho tiempo atrás, cuando este mendocino por adopción prestaba para Carlos Menem los mismos servicios que hoy cumple con los Kirchner.
En concreto, el "Coti" está de vuelta y haciendo lo que más sabe y le gusta: construir poder.
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