
El resurgimiento de los símbolos patrios
A fines de los noventa y comienzos de la primera década del siglo XXI, entre un tercio y un cuarto de los argentinos usaban escarapelas, ponían banderas en sus autos o embanderaban el frente de sus casas. Eran años difíciles en lo económico y social, y algunas hipótesis sostenían que ese refugiarse en el patriotismo tenía como origen un retorno a las raíces en momentos de confusión y dificultades.
En esos años tuvieron lugar dos mundiales, el de 1998 y 2002, que Argentina no ganó, pero que pusieron de manifiesto un fuerte fervor patriótico.
Entre 2003 y 2010 el uso de los símbolos patrios disminuyó.
En mi opinión ello fue por dos causas. Una, que la crisis se superó, la economía se recuperó y la sociedad se olvidó un tanto de ese sentimiento patriótico que abrazaba cuando sentía que lo necesitaba.
La otra fue la política del kirchnerismo de reducir las manifestaciones de tipo patriótico, porque ellas inevitablemente implicaban una revalorización histórica de lo militar. Hasta se registraron algunos intentos de sustituir la imagen de San Martín en su uniforme de general como Padre de la Patria, por la de Belgrano vestido de civil.
Los desfiles militares se terminaron en esos años y el presidente, rompiendo tradiciones más que centenarias, dejó de asistir al acto conmemorativo del Día de la Bandera en Rosario el 20 de junio y al aniversario de la muerte de San Martín el 17 de agosto, desactivó el acto del 25 de Mayo en la ciudad de Buenos Aires, y redujo todo a la conmemoración del 9 de Julio en Tucumán.
En los días patrios se suspendió la presencia de uniformes de los regimientos históricos. Además, las bandas de música de las Fuerzas Armadas, siempre demandadas por la comunidad y que despiertan el sentimiento patriótico, vieron notablemente reducidas sus presencias en actos públicos por disposiciones de la superioridad.
El viernes 21 de mayo de 2010, al recorrer las calles de Buenos Aires, era notoria la falta de símbolos patrios. No se encontraba más de una escarapela cada veinte personas que caminaban por las calles y eran pocas las banderas, aun en edificios públicos. Al día siguiente, el sábado 22 de mayo, la Presidenta decide no asistir al desfile histórico militar del que participan 5000 hombres de las Fuerzas Armadas y que fue el más importante desde el realizado en 1990 por la Avenida del Libertador, al comenzar el primer gobierno de Menem.
Pero entre ese día y el martes 25 de mayo se produjo un cambio, que en mi opinión fue más espontáneo que organizado o dirigido.
Lo patriótico explotó en las calles y ello conllevó el uso de los símbolos patrios nuevamente.
El kirchnerismo, caracterizado por su gran habilidad táctica, lo percibió y cambió. En la tarde de ese día, el matrimonio Kirchner coreó la marcha de San Lorenzo a voz en cuello frente a las cámaras de las TV pública, acompañando la ejecución musical de la fanfarria del Regimiento de Granaderos a Caballo. Habían transcurrido sólo tres días.
El 29 de mayo, la Presidenta asistió al desfile conmemorativo del Bicentenario del Ejército que se realizó en el Colegio Militar. En este caso, ya no solo es histórico, sino que participan 40 tanques, blindados y cañones. Una semana antes había decidido no asistir al del Bicentenario.
Ahora, asistiría al acto del 20 junio en Rosario y después al del 9 de julio en Tucumán, los que tendrán abundante presencia de bandas de música militares y desfile de las Fuerzas Armadas.
Los Kirchner parecen haber descubierto lo obvio: que lo histórico, lo patriótico y lo militar no tiene ideología, forman parte de un acendrado sentimiento nacional.
Paralelamente, se desarrolla el Mundial y éste tiene más manifestaciones de simbolismo nacional que el de 2006, es decir más similares a las de 2002 y 1998.
Cualquier gobierno pretende usar políticamente el Mundial de Fútbol en la Argentina. Pero sus efectos son limitados. En 1986, el país ganó el Mundial y al año siguiente el gobierno de Alfonsín perdió las elecciones. Hay efectos, pero estos son de corto plazo.
En cuanto al uso de los símbolos, cabe recordar que dos años atrás, el campo se imponía políticamente sobre el oficialismo y hacía un uso identificatorio de los símbolos patrios, con una eficaz estrategia de comunicación.
Los intentos de manipular políticamente el sentimiento patriótico, por lo general, son de corto plazo.
Es que, como finaliza Borges su poema en conmemoración del sesquicentenario de la Independencia escrito en 1966, La Patria Somos Todos. El autor es director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría




