
El Tigre Acosta vive con temor a que lo asesinen
Polémico: el marino, que sería titular de una cuenta suiza, no goza de buen concepto entre sus camaradas: denuncias en la justicia local.
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"Nosotros no integramos grupos paramilitares librados a nuestros designios independientes", habría dicho el capitán de fragata Jorge Eduardo ÔEl Tigre´ Acosta, en febrero de 1987, ante la Cámara Federal que investigaba la causa por "gravísimos delitos contra los derechos humanos cometidos en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA)."
Casi once años después, Acosta fue identificado, al parecer, como uno de los dos titulares de cuentas bancarias en Suiza en la investigación que realizó la fiscal española Carla del Ponte por pedido del juez Baltasar Garzón.
El Tigre Acosta fue, desde 1975, jefe de Inteligencia del Grupo de Tareas 3.3.2, que funcionaba dentro de la ESMA. Según Adolfo Scilingo, Acosta era "el auténtico jefe de la ESMA".
El tribunal que lo investigó en 1987 le aplicó prisión preventiva a raíz de las declaraciones de distintos testigos que lo vincularon con casos de tortura. Una de esos testigos, Nilda Noemí Actis Goretta, secuestrada el 19 de junio de 1978 en la ESMA, declaró que mientras fue interrogada la sometían a "pasajes de corriente eléctrica" y reconoció a Acosta como una de las personas presentes en dicha ocasión.
Ana María Larralde, por su parte, dijo que fue torturada en dos oportunidades en agosto de 1978, "tras lo cual ingresó Acosta en la sala donde se encontraba y la interrogó", argumentó la Cámara.
También Lisandro Cubas, quien fue detenido en octubre de 1976, afirmó que fue golpeado y sometido a pasajes de corriente eléctrica e identificó a Acosta como a uno de sus torturadores.
Tanto Acosta como los otros nueve marinos a los que el tribunal les aplicó prisión preventiva, entre los que se encontraba Alfredo Astiz, quedaron en libertad cinco meses después gracias a la ley de obediencia debida.
"Nadie lo quiere"
Pero, a diferencia de Astiz, hombre protegido, por lo menos hasta semanas atrás, por muchos marinos en actividad y por la mayoría de los retirados, "a Acosta nadie lo quiere, lo tienen catalogado de sádico, de loco y por realizar manejos económicos turbios", según confió a La Nación una importante fuente vinculada con la Armada.
La última acusación en su contra está relacionada con el hecho de que, durante los últimos años de gobierno militar y albores de la democracia, Acosta era parte, junto con otros socios, de una empresa naviera, Astilsur SA, que obtuvo préstamos por casi 40 millones de dólares de cuatro bancos privados con el destino aparente de construir y exportar 16 buques de distinto tipo, trabajos que nunca se realizaron. Por este motivo, Acosta también estuvo procesado en 1987.
Pero antes de caer en desgracia, a mediados de 1978, tomó contacto con el rey de España, Juan Carlos de Borbón, "por medio de una entrevista personal con el fin de ofrecerle datos sobre el accionar de Montoneros en España y de agradecerle el apoyo que se le brindaba al GT 3.3.2", de acuerdo con lo dicho por Acosta en tres declaraciones secretas realizadas en 1986 y 1987 ante un jurado militar y que fueron mantenidas en esa condición hasta que llegaron al despacho del juez Baltasar Garzón.
"Vive con miedo"
Sin embargo, las relaciones humanas parecen no ser el fuerte de Acosta. Su personalidad le habría traído problemas no sólo con sus ex camaradas; también estaría peleado con sus dos hijos, con los que no se hablaría desde hace tiempo.
Por ese motivo, intentar reconstruir la vida de este personaje resulta más que complicado, ya que, revelaron fuentes navales, "nadie quiere saber ni siquiera qué hace. Cuanto más lejos esté de nosotros, mejor".
Aunque parezca inverosímil, hay quienes afirman, entre ellos gente vinculada con la SIDE, que el 1¼ de enero de 1994 Acosta fue visto en el alzamiento campesino del subcomandante Marcos, en Chiapas, México, como observador. Habría ido por pedido del entonces segundo jefe de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE), vicealmirante Juan Carlos Anchezar. La Nación intentó hablar con Anchezar, pero, según explicaron en su domicilio, se encuentra de vacaciones hasta febrero.
Hasta que llegó el efecto tequila, en marzo de 1995, Acosta habría trabajado en el banco cordobés Feigin, como jefe de seguridad, y tres meses después, el 12 de junio de 1995, su nombre fue vinculado con el atentado que sufrió el periodista Guillermo Cherasny, aunque esto nunca pudo probarse.
De acuerdo con fuentes cercanas a la Armada, la vida de Acosta en la actualidad no es nada apacible: "Vive con miedo, tiene delirios persecutorios y piensa que en cualquier momento le van a poner una bomba".
Sea como fuere, hoy, a once años de la primera investigación de la justicia local, la Cámara Federal porteña tiene previsto interrogar otra vez a Acosta por los secuestros de los grupos de tareas de la Armada. Pero, a los elementos ya conocidos, ahora se suma el hallazgo de la cuenta en Suiza, cuestión para la cual no hay obediencia debida.
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