Las cinco razones detrás de la competitividad de China
Un valor negativo indica que está infravalorado; la política macroeconómica y la política de desarrollo productivo no pueden analizarse separadamente
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La ventaja competitiva china actual no puede explicarse solamente por productividad industrial. Hay datos que muestran que el yuan chino, en relación con los fundamentos económicos, refleja que está infravalorado.
El análisis combina, al menos, tres elementos: un renminbi muy depreciado en términos reales, enormes economías de escala/capacidad instalada y una política industrial que comprime los precios de una amplia gama de manufacturas.

El dato quizás más impactante es la fuerte subvaluación del yuan. El panel izquierdo del cuadro que acompaña la nota estima cuánto se aparta el renminbi de un valor consistente con los “fundamentals”. La trayectoria es muy marcada: hacia 2018/19 la brecha prácticamente había desaparecido. Desde entonces vuelve a ampliarse hasta aproximadamente –35% en 2026, según la estimación de Brad Setser.
Es importante no tomar ese –35% como una medición indiscutible. Depende de cómo se mida la cuenta corriente china, en particular de ajustes por importaciones de oro y rentas de inversión. Setser estima actualmente una subvaluación del orden del 30-35% con esos ajustes; sin ellos, alrededor del 20%.
El FMI es algo más prudente, pero confirma el fenómeno. Su evaluación más reciente señala que los desequilibrios externos aumentaron fuertemente en 2025 y que China es uno de sus principales responsables. En febrero estimaba que el superávit de cuenta corriente chino había alcanzado 3,3% del PIB en 2025, favorecido por exportaciones fuertes, demanda interna débil y una depreciación del tipo de cambio real derivada también de la muy baja inflación china.
Por lo tanto, aunque podemos discutir si la subvaluación es 20%, 25% o 35%, la señal económica es bastante robusta: el tipo de cambio real chino se ha convertido nuevamente en una fuente importante de competitividad externa.
Los descuentos de precios respecto de competidores internacionales son, aproximadamente: los siguientes
- Robots industriales: –17%
- Baterías: –23%
- Excavadoras: –25%
- Vehículos eléctricos: –32%
- Heladeras: –38%
- Smartphones: –40%
- Calzado: –53%
- Pantallas LED: –57%
- Camiones pesados: –58%
- Paneles solares: –63%
En muchos productos la diferencia de precios es muy superior a la posible subvaluación cambiaria.
¿Si el yuan explica unos 20–30 puntos de ventaja, cómo explicamos descuentos de 40, 50 o 60%? Ahí aparece el verdadero fenómeno estructural chino.
Cinco mecanismos que se potencian mutuamente
- El tipo de cambio. Una moneda depreciada abarata en dólares prácticamente toda la estructura de costos domésticos.
- Las extraordinarias economías de escala. China posee mercados internos y capacidades productivas de dimensiones que pocos países pueden replicar.
- La integración de las cadenas productivas. Baterías, electrónica, paneles solares, vehículos eléctricos, maquinaria, componentes y proveedores especializados forman ecosistemas industriales extremadamente densos. Esto reduce costos logísticos, tiempos de entrega y costos de coordinación.
- La política industrial. Crédito, inversión pública, subsidios, suelo, infraestructura, apoyo a I+D, compras públicas y políticas provinciales/locales han contribuido a crear capacidades y, en determinados sectores, exceso de capacidad. El propio FMI reconoce que los subsidios y otros instrumentos industriales impulsaron fuertemente la producción y que, combinados con una demanda doméstica débil, redujeron precios de exportación y aumentaron la dependencia de las exportaciones manufactureras.
- La debilidad de la demanda interna china. Este punto me parece central. Una economía con enormes capacidades industriales pero consumo doméstico relativamente débil necesita colocar una proporción creciente de su producción en el exterior. La deflación de precios industriales chinos ha sido además más persistente que en otras economías.
Podríamos sintetizarlo así: política industrial + escala + innovación + cadenas integradas + yuan depreciado + demanda interna insuficiente → enorme capacidad exportadora a precios excepcionalmente bajos.
La competitividad china
No estamos simplemente frente a China produciendo los mismos bienes que Occidente con salarios más bajos. Ese modelo pertenece a la China de hace 20 o 30 años.
El gráfico muestra descuentos muy grandes en sectores tecnológicamente sofisticados: baterías, autos eléctricos, robots industriales, smartphones, paneles solares. Esto significa que China ha combinado ventajas de costos con acumulación de capacidades tecnológicas. Y esa combinación es mucho más difícil de enfrentar que una ventaja basada exclusivamente en salarios.
Es revelador que el descuento sea relativamente pequeño en robots industriales (≈17%), pero enorme en paneles solares (≈63%). Esto sugiere diferentes combinaciones sectoriales de productividad, madurez tecnológica, escala, exceso de capacidad y competencia doméstica.

El problema macroeconómico mundial
Aquí aparece una cuestión que conecta muy bien macroeconomía y estructura productiva.
China tiene aproximadamente esta configuración: alto ahorro → consumo relativamente bajo → inversión/capacidad manufacturera muy elevada → demanda doméstica insuficiente → superávit externo → exportación del excedente industrial.
Por eso el FMI insiste cada vez más en el rebalancing chino: menos dependencia de inversión y exportaciones y mayor peso del consumo interno. Su informe de julio de 2026 advierte precisamente que los desequilibrios globales volvieron a aumentar y que China y Estados Unidos son los dos grandes impulsores.
Esto también explica por qué la discusión internacional está pasando de “competencia china” a “overcapacity china”.
Una industria argentina no está compitiendo simplemente contra una empresa china. Está compitiendo contra un sistema productivo completo.
Si una firma argentina alcanza niveles razonables de productividad microeconómica, aún así debe competir contra un producto chino que puede incorporar simultáneamente:
- Economías de escala enormes.
- Proveedores locales muy eficientes.
- Financiamiento favorable.
- Infraestructura de primera calidad.
- Políticas industriales.
- Aprendizaje tecnológico acumulado.
- Intensa competencia entre productores chinos.
- Un tipo de cambio real favorable.
Frente a diferencias de precios del 30/60%, pretender que la respuesta sea exclusivamente “bajar aranceles para inducir productividad” puede resultar insuficiente. Una apertura rápida frente a esas brechas puede provocar desplazamiento de producción antes de que las empresas domésticas tengan tiempo de desarrollar nuevas capacidades.
Pero la conclusión opuesta -cerrar permanentemente la economía- tampoco resolvería el problema: puede preservar empresas sin inducir innovación ni productividad.
Paradoja muy interesante
Los precios chinos extraordinariamente bajos generan simultáneamente un beneficio y un problema para el desarrollo.
Para la Argentina, comprar paneles solares 60% más baratos, baterías 20/30% más baratas o bienes de capital más económicos puede acelerar la inversión, la transición energética y la incorporación tecnológica.
Pero si esos mismos precios destruyen capacidades locales potencialmente competitivas en maquinaria, autopartes, electrónica, bienes de capital o industrias verdes, pueden producir desindustrialización y pérdida de capacidades tecnológicas.
La pregunta relevante entonces no es “¿abrirse o protegerse frente a China?”, sino: “¿En qué actividades conviene aprovechar los menores costos chinos y en cuáles tiene sentido desarrollar capacidades domésticas, complementariedades productivas y asociaciones tecnológicas con China?”
Esa me parece una formulación mucho más cercana a Hirschman: seleccionar actividades por sus encadenamientos, aprendizaje y capacidad de generar nuevas ventajas comparativas, y no simplemente por la ventaja comparativa estática.
El gráfico describe algo más profundo que una “guerra de precios”. Estamos observando una modificación de la geografía mundial de las ventajas competitivas.
Durante décadas, los países desarrollados conservaron la ventaja tecnológica y China ofrecía fundamentalmente costos laborales bajos. Hoy China combina en numerosos sectores:
Costos bajos + escala + tecnología + innovación + infraestructura + financiamiento + política industrial + tipo de cambio competitivo.
Ese conjunto explica por qué Estados Unidos y Europa están recurriendo nuevamente a aranceles, subsidios, contenido local y políticas industriales: el ajuste exclusivamente mediante precios de mercado puede resultar demasiado rápido y destructivo para determinadas capacidades industriales.
Y aquí encuentro una enseñanza particularmente importante para LA Argentina: la política macroeconómica y la política de desarrollo productivo no pueden analizarse separadamente. Tipo de cambio, apertura comercial, financiamiento, innovación, escala, inserción internacional y construcción de capacidades forman parte del mismo problema.
El autor es profesor en la Universidad Torcuato Di Tella y en la Universidad de Buenos Aires
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