
En busca de un país con pleno empleo
La participación en el comercio internacional y la inversión en capital humano pondrán un freno a la falta de trabajo
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Una de las noticias más optimistas que se pueden leer de las últimas mediciones de empleo y desempleo es el freno en la caída del empleo urbano. La encuesta del Ministerio de Trabajo es clara en mostrar que se han incrementado las incorporaciones de personal y han disminuido las desvinculaciones.
La realidad es que, en la Argentina, dos décadas de estabilidad institucional con casi una de crecimiento económico no sirvieron para resolver el comportamiento desfavorable que caracteriza al mercado de trabajo y, fundamentalmente, la escasa relación existente entre las tasas de crecimiento del empleo y la tasa de crecimiento económico.
Las consecuencias de estas dificultades han sido múltiples y exceden largamente cualquier consideración de tipo económico. La relación directa y estrecha que existe entre empleo, ingresos y niveles de vida hace que este problema se transforme en una prioridad para la sociedad.
Existen numerosas investigaciones que han intentado ubicar, desde distintas posturas ideológicas, las raíces de los problemas del mercado de trabajo argentino, siendo todas coincidentes en señalar que sólo con un conjunto de políticas consistentes que ataquen los aspectos coyunturales y estructurales se podrá cambiar el rumbo y corregir en poco tiempo los aspectos más difíciles y angustiantes del problema.
Sin tomar la postura absolutamente optimista de pensar que se han solucionado todos los problemas, ni la totalmente pesimista de pensar que irremediablemente se está marchando a un deterioro cada vez más profundo e irreversible de la situación laboral, hay que ser razonable, precavido y sincero con respecto a cuánto se puede esperar de la actual situación y el contexto político y económico en que se produce la tenue reversión de los indicadores del mercado de trabajo.
Subestimar la complejidad y la envergadura de los problemas acumulados en el mercado de trabajo puede conducir a análisis muy simplistas sobre las causas y sobre cuál es la mejor política. Y el empleo no creció en forma espectacular, ni siquiera en momentos de mucho crecimiento.
Buen momento para cambiar
Si bien es un hecho altamente auspicioso que haya habido una disminución en las desvinculaciones acompañado por un crecimiento en la cantidad de puestos de trabajo, esto no hace más que confirmar que es un buen momento para emprender y profundizar todos los cambios que aceleren la eficiencia asignativa externa e interna del mercado de trabajo
El cambio en los precios relativos de la economía producto de la devaluación ha producido un repunte en algunas actividades sustitutivas de importaciones y en algunos sectores exportadores que se encontraron frente a una disminución de los salarios reales. Estos sectores, sin embargo, no llegan a ser empleadores ni siquiera de una quinta parte de la población de los centros urbanos más importantes del país.
La causa más obvia para este bajo porcentaje es el bajo grado de inserción comercial internacional del país, hecho estructural que debe ser resuelto en la medida en que se quiera una recuperación sostenida en el crecimiento de la actividad económica y el empleo.
A ella se suman como característica estructural endémica de nuestro país los desbalances regionales y de calificación de los trabajadores que cumplen el papel de enlentecer y agravar la movilidad laboral y la reasignación de trabajadores entre actividades. Es decir, hay sectores y regiones que están expulsando mano de obra que no tiene la dotación de capital humano necesaria para incorporarse a las nuevas actividades ahora "demandantes".
Frente a esto, la agenda tentativa de políticas laborales debe incluir un conjunto amplio y variado de componentes: mayor integración comercial al resto del mundo; incremento en la cantidad y calidad de la inversión en capital humano con programas que contemplen la cobertura social pero estén orientados a facilitar el cambio estructural, y la modernización de las instituciones laborales sin desproteger al trabajador y su familia.
Existen muchas razones para ser precavidos para analizar esta leve recuperación, entre ellas, el veranito financiero que devolvió un horizonte mínimo de previsibilidad a algunos contratos. Pero no se puede perder de vista que, para eliminar la delicada situación ocupacional argentina dada su relevancia como determinante de la situación social de la mayoría de los argentinos, se requiere una serie de políticas y una actitud seria, responsable y coherente del conjunto de la sociedad que hoy parecen no existir.
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