
Evocan la figura de Lisandro de la Torre
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SANTA FE.- A 60 años de su muerte, que se recuerdan hoy, la figura del doctor Lisandro de la Torre parece agigantarse. Aquel santafecino, nacido en Rosario un 6 de diciembre de 1868, fundador, primero de la Unión Cívica de la Juventud, con la que desplegó el movimiento popular de cuyos resultados fue la Revolución de 1890, y después del Partido Demócrata Progresista (PDP) en 1914, brilló en la época como el opositor de estilo propio, crítico basados en conocimientos, decisión y valentía.
A él pertenece aquella frase: "Que risa, señores. Que divertida es la corrupción y que sonrientes los corruptos. Pero el día que suenen las campanas marcando el momento de la justicia, que siempre llega, ya los veremos a los corruptos golpeándose el pecho. Que risa que nos darán entonces los corruptos".
Fue pronunciada en julio de 1935, y en las vísperas del asesinato de otro gran correligionario suyo, don Enzo Bordabehere, cuando en el Senado se debatía la comercialización de las carnes.
De la Torre encarnó como pocos el papel del político argentino del momento. Y así como el país se ponía de pie para escuchar sus grandes discursos, llenos de sentido práctico, elevadas obras de oratoria y firmes cimientos para una buena organización social, también lamentó su decisión de quitarse la vida, en su domicilio de Esmeralda 22, de la Capital Federal, aquel jueves 5 de enero, a las 11.15.
La Nación se refirió al acontecimiento en su edición del día siguiente, y al comentar su "vigorosa personalidad", destacó: "Una eminente figura política, de rasgos excepcionales y de resonante actividad durante los últimos 50 años de la vida nacional, acaba de extinguirse en forma que torna aún más dolorosa su imprevista desaparición. Hace apenas un mes, un grupo de amigos agasajaba al doctor Lisandro de la Torre, celebrando el septuagésimo aniversario de su nacimiento. El viejo luchador había llegado a esa altura de la existencia sin que declinaran el vigor de su clara mentalidad ni la energía de su recio carácter, puestos tantas veces a prueba a lo largo de una carrera llena de actos memorables y de dramáticas incidencias".
Y agregaba: "Frescos están aún los recuerdos de la ruidosa campaña parlamentaria con que epilogó, como senador, su participación en la vida pública del país, y que correspondía, por sus modalidades y circunstancias, a la briosa iniciación de su juventud. Sus comienzos como revolucionario, apenas salido de las aulas, mostraron el temperamento batallador y pugnaz que había de continuar siendo a través de todas las alternativas de su destino".
Había sido un artículo de La Nación , firmado por don Francisco A. Barroetaveña, bajo el título de "Tu quoque juventud", en el que se atacaba al régimen gubernamental imperante, el que lo vinculó en 1889 al movimiento de la juventud. Por entonces, frecuentaba el estudio del doctor Aristóbulo del Valle, donde conoció a Barroetaveña. Más tarde se acercó a Leandro N. Alem.
Fue periodista ("El Argentino", fundador de "La República"), escritor ("El presupuesto de un gobierno sin programa", "Poderes de las convenciones constituyentes", "La cuestión social"); productor agropecuario en la zona de Barrancas (Santa Fe), y en su vida legislativa, diputado y senador nacional. En 1930, al producirse la revolución del 6 de septiembre, declinó un ofrecimiento de su amigo el general Uriburu. Por la alianza demoprogresista-socialista fue candidato a presidente en 1931, acompañado en la fórmula por Nicolás Repetto. En el colegio electoral lo derrotó Agustín P. Justo. Allí mismo, la Legislatura santafecina lo proclamó senador, porque en la provincia había triunfado el PDP. Renunció a su banca el 6 de enero de 1937. Dos años después, se suicidó.
Dejó al doctor Díaz Arana, con quien había conversado aquella misma mañana, una carta anunciándole que renunciaba al sentido de duelo popular. Su hermana Sara de la Torre de Paganini recibió las cenizas, que fueron trasladadas al cementerio San Salvador de Rosario, donde quedaron depositadas en ceremonia sin público.
Como diría Alfredo Palacios en un homenaje póstumo, "se fue un varón ilustre, cuya voz poderosa y magnífica llegaba hasta lo más profundo del corazón de su pueblo. Ha entrado con paso resonante en la historia".






