Francisco hizo aportes por partida doble
En 2006 reivindicó al pastor riojano y ahora aportó documentación para la causa judicial
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Tanto en el proceso judicial como en la posición que finalmente adoptaría la Iglesia frente al caso Angelelli, el papa Francisco hizo aportes que podrían ser considerados decisivos.
El primero fue en agosto de 2006, a 30 años de la muerte de Angelelli, cuando el entonces cardenal Jorge Bergoglio presidió una misa en La Rioja y revalorizó la vida del pastor riojano y las circunstancias de su muerte, desdibujando la teoría del accidente automovilístico.
"Fue testigo de la fe derramando su sangre. Ese día alguno se puso contento. Creyó que era su triunfo, pero fue la derrota de los adversarios", dijo, en una homilía en la que destacó el "coraje y aguante apostólico para sobrellevar las dificultades de la predicación del Evangelio".
Bergoglio reivindicó también a los sacerdotes Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville, asesinados el 18 de julio de 1976 en Chamical, y al laico Wenceslao Pedernera, ultimado una semana después. "Dieron su sangre para la Iglesia", dijo, en momentos en que la Iglesia no había dado pasos para exigir el esclarecimiento de lo sucedido.
Esa homilía fue un quiebre y coincidió con la reapertura del proceso judicial, tras la nulidad de las leyes de obediencia debida y punto final.
Bergoglio había estado en La Rioja el 13 de junio de 1973, con otros sacerdotes jesuitas, el mismo día en que Angelelli fue apedreado en Anillaco. Al día siguiente, el obispo les predicó un retiro espiritual y el actual Papa percibió a "un pastor que dialogaba con su pueblo", como dijo en 2006.
Dos meses después, acompañó al padre Pedro Arrupe, superior general de los jesuitas, quien al ver la obra del obispo y el escenario político y social en que se desenvolvía, dijo: "Esto es lo que quiere la Iglesia desde el Concilio Vaticano II".
El último aporte, ya como Papa, fue el envío de la documentación sobre Angelelli que se guardaba en el Vaticano. El actual obispo, Marcelo Colombo, le transmitió el testimonio de un sacerdote franciscano, quien habría señalado que el obispo había remitido cartas para denunciar las amenazas recibidas y sus preliminares investigaciones sobre los crímenes de Murias y Longueville.
Fuentes judiciales y eclesiásticas coincidían en lo arriesgado de la jugada de Francisco, dado que la revelación de que en el Vaticano existía ese material podría ser usado para argumentar el silencio y la complicidad de sectores de la Iglesia frente a los hechos de la dictadura militar.
Hoy Murias está en proceso de beatificación y se estima muy probable que el Papa disponga en breve que Angelelli también camine hacia la santidad.
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