
Frías: "El presidente Kirchner debería girar hacia el centro"
El jurista analiza los nuevos tiempos
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A los 84 años, la vivacidad de Pedro José Frías no ha disminuido mucho. Quien es considerado uno de los juristas más influyentes del país en el último medio siglo está, como siempre, en plena actividad, sea como fuente de consulta directa, a través de su producción escrita, o incluso como promotor de movimientos cívicos como ¡Reforma Política Ya!, que impulsa modificaciones de fondo en la legislación electoral de los argentinos.
La provincia de Córdoba tiene la huella de cinco generaciones de Frías. Pedro J. Frías padre fue gobernador por el viejo Partido Demócrata. El hijo, que vive en pleno centro de la capital cordobesa, tuvo el premio al mejor bachiller en el Colegio Nacional de Montserrat, fue embajador en Bélgica y ante la Santa Sede, juez, profesor de las universidades Nacional y Católica de Córdoba y consultor durante la mediación papal por la crisis del Beagle, en 1979/1980.
Podría decirse que Frías fue el especialista más buscado durante el ciclo de reformas constitucionales producidas, en los órdenes nacional y provincial, desde el retorno de la democracia. Desde la Constituyente de 1994 en Santa Fe hasta las de Córdoba o Tierra del Fuego, en todas ellas tuvo peso su palabra. No siempre lo que se hizo después con las letras de esas leyes fundamentales estuvo en consonancia con su espíritu, lo que le deja cierto sabor amargo a un hombre que no deja de recorrer de punta a punta un país que conoce como pocos. Presidente de la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de Córdoba e integrante de las más importantes academias, Frías es un prolífico autor de libros siempre actuales, entre ellos "El ordenamiento legal de los partidos políticos", "El comportamiento federal en la Argentina", "Sobre poder y sociedad" y "Aproximaciones".
Lo que sorprende al hablar con Frías, más allá de las quejas por arrugas y achaques, es la agilidad mental y ese estar siempre al día, al tanto de circunstancias cambiantes. En el plano de las opiniones, no se priva del elemento punzante, particularmente visible cuando carga contra la costumbre de hacer política con la mente puesta en el marketing y cuando le aconseja al presidente de la Nación que, desde la izquierda, gire hacia el centro en el espectro de las ideas.
-¿De qué manera explica la decadencia argentina?
-Yo creo que tendríamos que proceder geológicamente. Toda sociedad tiene cuatro capas: la más profunda es la moral; siguen la jurídica, la política y la económica. En el orden moral, yo advierto que la Argentina ha perdido bastante sus valores, cosa que tiene en común con todo Occidente. Se ha descristianizado la Argentina, en verdad, más lentamente que Europa, pero han ido apareciendo antivalores, amplificados muchas veces por la televisión. Por eso hay una campaña por la recuperación de los valores. La Academia de Educación, a la que pertenezco, la de Letras, la de Periodismo, inclusive los anunciantes, se están dando cuenta de que la televisión está alterando a la sociedad, precisamente por la pérdida de los valores.
-¿Desde cuándo se agudiza esta caída que usted menciona?
-Nos hemos vuelto individualistas, y el individualismo disuelve los vínculos sociales en los egoísmos particulares. Nos hemos vuelto relativistas: todo es igual, el bien y el mal, la Biblia y el calefón. Nos hemos vuelto muy desconfiados. De los gobiernos, de los vecinos. Hay desconfianza mutua en la sociedad, por eso está tan fragmentada. Yo creo que esto no tiene muchos años. La pérdida de valores es paulatina, pero la desconfianza se ha vuelto muy grave a partir de nuestras crisis, fundamentalmente la de diciembre de 2001.
-¿Esos días fueron como un súbito despertar?
-No, ya la sociedad estaba fermentada.
-¿Ya éramos, al estallar la crisis, una sociedad con los valores alterados?
-Se produjo una alteración de la cultura moral de la sociedad. En los últimos tiempos nos hemos acostumbrado a desvirtuar, a desnaturalizar. Desnaturalizamos las elecciones cuando la ingeniería electoral de la presidencia de Duhalde nos llevaba a una doble vuelta electoral entre dos candidatos de un mismo partido, situación muy singular que no se dio por la renuncia del doctor Menem. Hemos desnaturalizado, por ejemplo, la ley de lemas, que importamos del Uruguay, a punto tal que, en Tucumán, por cada 23 electores hubo un candidato. En estos meses hemos desnaturalizado el protocolo...
-¿Se refiere a algunos gestos espontáneos del Presidente?
-No sólo a eso. El presidente Kirchner no tuvo en cuenta que un gobernante no puede inmiscuirse en los asuntos internos de otro país. Cuando, como candidato, visitó Chile, expuso su admiración por Salvador Allende, cosa que ni el propio presidente Lagos hubiera hecho jamás. También lo ha hecho en Bolivia, y lo ha hecho en Uruguay. Confío en que sean las últimas muestras de una intrusión que no nos hace bien y nos sigue mostrando como un país paradojal, que es lo más benigno que ha dicho la prensa extranjera de los argentinos.
-¿Se obra en virtud de conveniencias políticas del momento?
-En efecto, porque otra de las cosas que desnaturalizamos fueron las prioridades. Se da prioridad a lo que produce rédito político inmediato. Le doy un ejemplo: una provincia tan bien gobernada como Santa Fe, en 1992 los hidrólogos habían señalado que era necesario completar las obras de defensa del río Salado. ¿Quién les iba a hacer caso a los hidrólogos, quién iba a pensar en una inundación de ese porte? Y bueno, ocurrió lo que ocurrió.
-En ese corte geológico que usted proponía, la segunda capa era la jurídica...
-Sí, y en ese plano la tragedia fue completa, porque se destruyó la seguridad jurídica, condición necesaria del crecimiento económico, porque las decisiones de inversión tienen que ser tomadas en un marco de confianza y de previsibilidad. Si no lo hay se debilitan las inversiones. Nosotros destruimos todo, los ahorristas se vieron estafados...
-¿No había sucedido antes, con el llamado rodrigazo y la hiperinflación de fines de los años 80?
-Pero nunca tan grave como esta vez, porque fue prácticamente una confiscación de los ahorros, que se va recomponiendo ahora lentamente. Reconstruir la seguridad jurídica es absolutamente necesario, y para eso puede haber servido el sesquicentenario de la Constitución nacional. Contrariamente a lo que por error dice el excelente escritor Marcos Aguinis en un artículo de LA NACION, pocas veces la Argentina ha celebrado con tanta fuerza un aniversario de este tipo. La Asociación Argentina de Derecho Constitucional hizo hasta un congreso internacional en Córdoba, con un nivel de excelencia de público y expositores que yo nunca hubiera creído posible. Todos los juristas, y especialmente los constitucionalistas, nos hemos empeñado en que el país tenga conciencia de que debe respetar las leyes. Eso es crucial en la Argentina, un país en el que las reglas se respetan poco...
-¿No cree que la sociedad acaba de reaccionar contra ese vicio?
-Yo diría que la reacción de la sociedad es positiva, pero no suficiente. Me llamó la atención que en Tucumán los bussistas siguieran ganando, por ejemplo.
-¿Qué mecanismos de la vida política sería preciso modificar?
-Yo me sumo a la campaña de la ¡Reforma Política Ya! Los puntos que se piden están pendientes desde los tiempos en que Beliz era ministro del Interior (en el gobierno de Menem). A veces me llamó para pedirme ideas, pero nunca logró que el gobierno hiciera suyo su proyecto, quizás uno de los motivos de su renuncia tan dura. Creo que es real que se deben hacer campañas más cortas. Las de Chile duran un mes, porque así no saturan a la sociedad y se gasta mucho menos. Las campañas tienen que ser menos costosas. ¡Acá es un despilfarro! ¡En Córdoba ha sido tan irritante para el público! Es una cachetada para la pobreza argentina. Ahora resulta que Adolfo Rodríguez Saá empapela Buenos Aires con su foto para recordar que vuelve... Que vuelve como diputado. Pero, ¿qué sentido tiene esto? A mí me parece un ejemplo nefasto.
-¿Piensa también que hay que suprimir las listas sábana?
-Todo el mundo está de acuerdo, porque la lista sábana permite a las cúpulas partidarias ubicar a quienes quieren ellas: parientes, amigos, acreedores (se ríe). El sistema electoral que yo prefiero y que he defendido siempre es el que rige en San Juan, rige en Córdoba después de la reforma. Es un sistema mixto de voto proporcional y de circunscripción uninominal.
-¿Al votar por un solo candidato no hay peligro de que las minorías no queden representadas?
-Exacto, eso es lo que he enseñado siempre. Cuando hay una tendencia homogénea en una jurisdicción, el sistema de circunscripción uninominal no deja minorías. Es injusto, más que injusto. Pero hay varias alternativas. Para mí, lo mejor es un sistema mixto, proporcional y por circunscripción. Esto es lo que equilibra mejor las cosas.
-¿Usted ha colaborado con las asociaciones que están impulsando la firma de Reforma Política Ya?
-He colaborado, en efecto. Allí están la Acción Católica y Conciencia, asociación cívica apartidaria. Esta idea hay que impulsarla, porque la reforma política que empezó a hacer el Congreso es totalmente insuficiente. Lo que ocurre es que la clase política resiste todo lo que la responsabiliza. Estuve en Ushuaia y pude ver que lo que yo había proyectado, y que con algunas modificaciones es la Constitución actual de Tierra del Fuego, ha sido desnaturalizado en todo lo que concierne a la responsabilidad política. Desnaturalizado el voto de preferencia, desnaturalizadas las instrucciones a los legisladores, desnaturalizadas varias instituciones importantes.
-¿Por resistencia de la clase política?
-Sí, aunque no se trata de enemistarse con la dirigencia política. He cuidado en mis escritos de respetarla, porque sé los sacrificios que significa. Pertenezco a una familia política de cinco generaciones. Pero se trata de convertir, de modificar el sistema, porque así como está no da más.
-¿No da más?
-No, porque no hay control sobre el Poder Ejecutivo. En Tucumán no lo va a haber, porque la Legislatura, con el nuevo gobierno, ha cedido poderes extraordinarios al Ejecutivo. Es algo desalentador. En Córdoba no hay control, porque tiene mayoría el gobierno, y así sucesivamente.
-¿Para que hubiera más controles haría falta reformar la legislación electoral?
-Eso por una parte, y reformar también las costumbres. La política está muy fragmentada en la Argentina. Es una situación nueva. Los partidos tradicionales están fragmentados y aparecen muchos grupos nuevos. Yo comprendo que el presidente Kirchner haya querido constituir durante los primeros seis meses de su gobierno el poder político para apoyarse a través de la llamada transversalidad. Pero la transversalidad nunca es demasiado segura, porque da origen a negociaciones, a resistencias...
-¿Con la transversalidad se busca construir poder a costa de esa homogeneidad, podría decirse, ideológica que antes unía a los grandes partidos?
-Las campañas electorales se han convertido en marketing político. Ya no son las campañas electorales de antes. En la época de mi padre, cada candidato aportaba de su propia plata para la elección. Ahora todo es marketing, y el marketing tiene sus méritos, pero también sus peligros. Los candidatos deberían dar preferencia a los proyectos concretos antes que a las promesas y privilegiar los consensos necesarios para la consolidación del poder político. ¡Qué poco hábito tenemos de consenso! Y habría mucho más que decir, para que el marketing político deje de ser sólo una persuasión oculta que nos hace comprables y títeres del poder.
-¿Cree que la economía está definitivamente encarrilada?
-He escuchado un espléndido informe de Manuel Solanet, que deja algunas esperanzas, porque hay recuperación, pero también deja preocupaciones, porque el default es un problema muy difícil de superar. Creo que con el 75 por ciento de pérdida que nosotros proponíamos más otras deducciones, los titulares de bonos argentinos recibirían sólo el ocho por ciento. Hay propuestas de parte de nuestros acreedores de que nuestro pago sea del 35 por ciento. Yo creo que es justo no pagar todo, porque hemos tenido períodos de intereses muy altos.
-¿Cómo ha seguido estas convulsiones en la Corte Suprema de Justicia?
-Me ha asombrado la entereza del juez Moliné O´Connor, que ha esperado su destitución, porque yo esa entereza no la hubiera tenido. Frente a la bien o mal llamada mayoría automática, yo hubiera renunciado por cansancio moral, que fue la fórmula que usó en su momento el gran jurista cordobés Alfredo Orgaz. ¿Cómo no iba a haber cansancio moral en estos hombres tan vejados, tan sospechados? Me limito a esto: la Justicia es más confiable de lo que la gente cree. Esto me lo explicó Rosendo Fraga, una vez que dijo que sólo el siete por ciento de la gente confía en la Justicia. Le dije que eso me parecía muy poco equitativo. La justicia de Córdoba merece una confianza casi plena. "Lo que ocurre -me dijo Fraga- es que los jueces, los curas, los militares, quizá los abogados también, no sé si los políticos, son mirados como corporaciones. Bastan unos pocos malos ejemplos para que la gente piense mal de todos ellos." Y a lo mejor lo mismo podríamos decir de los medios...
-¿Está de acuerdo con la reducción de los miembros, de nueve a cinco?
-Es mucho mejor. La Corte de nueve jueces es un gravísimo error, porque la circulación de los proyectos demora un año. La Corte no sólo está atascada de causas, sino que demora muchísimo en resolverlas.
-Por la personalidad del actual presidente, ¿teme que intente perpetuarse en el poder, como lo quiso hacer Menem?
-Sería un gravísimo error. Espero que el doctor Kirchner se dé cuenta, porque ya lo hizo en Santa Cruz. Yo conozco mucho la provincia de Santa Cruz: es un desierto, pero tiene el Calafate, tiene el Perito Moreno, tiene una ciudad bastante floreciente, como Río Gallegos. Pero Santa Cruz está unida por el viento, el viento más duro que yo he conocido en la Patagonia. Kirchner fue tres veces candidato a gobernador e hizo mal, sin duda. En una provincia como Santa Cruz, cualquier gobernante se vuelve autoritario, porque no tiene por qué consultar con nadie. Espero que la Presidencia cambie a Kirchner.
-¿Lo considera un hombre de izquierda?
-Hace poco, en un artículo que escribí para la revista de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa, decía yo que desde la izquierda Kirchner debe girar hacia el centro. Se puede ser de izquierda, pero todos los gobiernos socialdemócratas de Europa gobiernan desde el centro. Por eso Tony Blair inventó la tercera vía, que Menem, equivocadamente, dijo que era una vía muerta. Yo en LA NACION publiqué en un artículo que la tercera vía no estaba muerta, porque es la superación de aquellos gravísimos errores que tuvo el marxismo, el socialismo, de una planificación centralizada, que no dio el menor resultado. Fracasó todo, por eso la implosión de la Unión Soviética.
-Pero aquí tuvimos al menos una década entera de lo que podría ser visto como un gobierno de derecha...
-Sí, era de derecha. Y lo que tiene que hacer el gobernante actual es virar hacia el centro.
-¿Entonces usted lo ve al Gobierno muy volcado a la izquierda?
-Por ahora, sí. No en lo económico, que está manejado de otro modo, pero sí en lo político, y aun con cierta ingenuidad.
-¿Qué entiende usted por "centro"? ¿Cómo debería ser el viraje?
-Con una gestión que no alterara la moral media de la comunidad, aunque yo preferiría que la fortaleciera. Que respete la Constitución, que disminuya las transgresiones, que normalice las emergencias, que haga crecer, aun contra su voluntad, la conciencia constitucional. Porque no siempre a un presidente le interesa que crezca la conciencia constitucional, que significa más control del poder. Acá a nadie le interesa el equilibrio de poderes, y el Congreso no ayuda. Lo digo con profunda pena: el Congreso, y sobre todo el Senado, no ayuda al equilibrio de poderes.
-¿Cree, como sostuvo el escritor Vargas Llosa, que Kirchner se inclina a la demagogia?
-Opino que el Presidente debe dejar de lado la figura del Estado benefactor, pero debe multiplicar su gestión a favor de la gente, que es lo que importa. Gobernando desde el centro, que es lo que yo le aconsejo que haga, se renuncia a los espacios ociosos a favor de la economía libre. Pero el Estado debe ocupar con renovada eficacia sus poderes indelegables, como gerente del bien común y como garante de las reglas de juego de la comunidad. De ahí, por ejemplo, el control de los servicios privatizados.
-¿Hay que fortalecer el Estado?
-Yo sigo sosteniendo que necesitamos un Estado fuerte, pero en muy pocas funciones esenciales. Tiene que ser fuerte en la Justicia, aunque la comparta con la justicia privada. Mi mejor experiencia de abogado ha sido como árbitro. Tiene que gobernar la educación, pero compartirla con la gestión privada. En los años 90 habíamos debilitado mucho el Estado, y uno se va dando cuenta de que hace falta un Estado que funcione bien. Lo que pasa es que nosotros hemos dado muy malos ejemplos. Ahora, lo que dijo mi amigo Guy Sorman, a quien yo presenté para recibir el doctorado honoris causa en la Universidad Nacional de Córdoba, fue ultrajante. Decir que somos un país distópico... Distópico es que no existe, y la Argentina tiene existencia real, afortunadamente.




