Hubo saqueos y violencia en el conurbano

No hay cifras oficiales de los negocios afectados ni de los heridos y detenidos; dos comerciantes mataron a dos manifestantes
Alejandra Rey
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20 de diciembre de 2001  

Dos muertos, centenares de heridos y de detenidos, cerca de 70 grandes supermercados y más de 300 pequeños comercios saqueados, destrozados, rotos, vacíos fue el saldo del primer día de furia protagonizado por miles de personas que, sin poder resistir más la profunda crisis económica, salieron a la calle a robar.

Los partidos más populosos del conurbano bonaerense sufrieron, en mayor o en menor medida, la ira de los saqueadores, en general mujeres con niños en brazos, jóvenes de entre 10 a 15 años y hombres mayores de 50 que se llevaron todo, desde leche hasta una cinta para correr.

Un sinsentido, como lo que sucedió al filo de las 20 cuando un comerciante, dueño de un autoservicio, mató a balazos a un joven de 20 años e hirió a otro al resistirse a que un grupo de personas saquearan su local en Castelar Sur, Morón.

Más temprano, en horas del mediodía, los saqueos se cobraron la primera víctima. Diego Avila, de 24 años, murió ayer en Villa Fiorito, en el partido de Lomas de Zamora, cuando un comerciante chino, propietario de un mercadito, blanco de los saqueadores, le disparó a la cabeza. A varios kilómetros de allí, en la localidad de Ciudadela, otro comerciante chino, pero sin armas, lloraba desconsoladamente mientras más de 300 personas le vaciaban el local.

No era el único que lloraba. En ese aquelarre que fue la jornada de ayer, mujeres histéricas y niños de ojos grandes se confundían con adolescentes armados, cuyos rostros estaban ocultos. Y estaban ocultos porque en la mayoría de los casos saqueadores y policías se conocían: "No me pegués, yuta, que vivís en el mismo monoblock que yo".

Poca represión

Y la policía no reprimía en parte porque no estaba preparada para hacerlo y en parte porque, según fuentes confiables, había orden de "dispersar". Nada más.

Un recorrido de LA NACION por varios partidos del conurbano reveló que los efectivos encargados de reprimir pertenecían a las comisarías de la zona y no a la infantería, como era esperable; que por cada repartición un solo uniformado portaba pistolas lanzagases, que en la mayoría de los casos no fueron utilizadas.

Pero no fue lo único extraño que pasó ayer. Misteriosamente, funcionarios de primera y de segunda línea de la provincia se negaron durante todo el día a proporcionar datos exactos de la cantidad de comercios afectados, de los detenidos, de los muertos y de los heridos. Ni hablar de calcular las pérdidas económicas para los comerciantes. Ni qué decir de las patéticas escenas que se repitieron sin solución de continuidad.

Como si se tratara de una conjura, los funcionarios sólo aceptaban estar desbordados y en voz baja atinaban a decir: "¿Qué podemos hacer? Hay hambre, ellos tienen hambre".

Y "ellos", los hambreados y los "otros", los oportunistas sin hambre, se llevaban todo. Como en la zona norte del Gran Buenos Aires, donde los saqueos comenzaron en Hurlingham, por la mañana, y terminaron en el barrio La Horqueta, a la tarde, a 100 metros de la ruta Panamericana: un ejército de pobres avanzó a pie y arrasó con lo que había.

En Derqui, Pilar, cientos de personas se convirtieron en topadoras humanas, topadoras que aplastaban y pisoteaban lo que a las corridas no se podían llevar. Entre esas especies de topadoras había madres con niñitos visiblemente desnutridos...

Estos hechos se repitieron, casi calcados, en todo el conurbano. En La Matanza una madre, paralizada y hablando como una autómata, decía: "No vengo a robar, sólo quiero un sachet de leche", que no logró. A su lado, un hombre pasaba con un cajón de sidra.

En Lanús también hubo saqueos -en todos los casos del conurbano los grupos no bajaban de las 400 personas- y en Morón los pobres corrían con mercadería por las calles céntricas, mientras que en el partido de Malvinas Argentinas los comerciantes soldaban las persianas, en una carrera frenética contra el avance del ejército hostil.

Hostil, sí, y extraño: algunas mujeres con chicos en la zona norte decían a los adolescentes: "Yo te conozco, vos no venís a buscar comida, venís a robar", y su interlocutor no entendió la diferencia, pero ella sí, porque ella había visto el revolver calibre 22 que el chico tenía en el pantalón y que luego utilizó contra la policía.

¿Quién era quién ayer en el conurbano? Pobres, muchos pobres, pobres espontáneos a los que se les unieron delincuentes, pillos, drogados, hambreados e histéricos.

En la zona oeste esa gente, toda esa gente estuvo en vigilia anteanoche y comenzó a saquear de madrugada. Los blancos eran los supermercados y comercios de Moreno, Castelar, Ciudadela, Ramos Mejía, Morón, entre otros, donde muchos propietarios esperaban armados.

Pero el malestar estaba desde antes, desde muchas semanas antes, cuando pacíficamente en Liniers, por ejemplo, los pobres empezaron a pedir.

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