
Imágenes, rostros y dichos de un día trágico
Las muertes de Kosteki y Santillán marcaron un punto de inflexión y fueron determinantes para el gobierno de Duhalde
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Finalmente se supo hoy que el veredicto contra los ocho ex policías procesados por el crimen de los piqueteros Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, ocurrido el 26 de junio de 2002, se conocerá el próximo lunes, a las 17.
Pero, ¿qué pasaba en el país por esos días? ¿Cuáles fueron las explicaciones del Gobierno tras la represión en Avellaneda? ¿Qué dijo entonces el encargado del operativo de seguridad y hoy principal acusado por los asesinatos, Alfredo Franchiotti?
Combate. "Esta gente venía con toda la intención de pelear con nosotros... Con palos, armada, con trapos cubriendo su cara. No digo que se trataba de un ejército, pero es gente que iba a combatir. Fuimos agredidos con objetos de todo tipo, entre ellos armas de fuego", fueron las primeras palabras de Franchiotti tras la represión de la protesta, sin saber que luego se lo acusaría por las muertes.
"Nosotros usamos en todo momento postas de goma. Pero escuchamos disparos de armas de fuego. Los manifestantes estaban con handies y con filmadoras", insistió.
En un primer momento, las imágenes reproducidas por las cámaras de televisión indujeron a casi aceptar las excusas del policía. Explicó, con la sangre que le corría por el rostro como prueba, que él y sus hombres habían sido víctimas de la violencia de sus ocasionales adversarios, los piqueteros.
Un día después, otras imágenes de los mismos episodios mostraron los últimos minutos de vida de los dos piqueteros caídos y se convirtieron en una de las principales pruebas contra Franchiotti y el ex cabo Alejandro Acosta en el juicio en su contra.
Palabra oficial. Las explicaciones oficiales corrieron por cuenta del entonces secretario de Seguridad Interior, Juan José Alvarez. El hoy diputado duhaldista apeló al argumento de que se investigaría "hasta las últimas consecuencias" y enseguida instaló la línea de que los piqueteros habían sido quienes "iniciaron la agresión".
"No había con quien dialogar. Hemos demostrado en seis meses una enorme prudencia en el uso de las fuerzas de seguridad. Debemos preguntarnos qué cambió. ¿Fuimos nosotros o los que protestaron fueron otros?", lanzó.
Elecciones adelantadas. Había pasado menos de una semana de la violenta represión cuando Duhalde, que había llegado a la Casa Rosada sólo seis meses antes tras la crisis y récord de presidentes de diciembre de 2001, anunció el adelantamiento de las elecciones presidenciales.
"Necesitamos un gobierno fortalecido por el voto popular. La política necesita renovarse", dijo ante las cámaras en cadena nacional.
"Hice lo que tenía que hacer. Ya más del 50 por ciento de la gente pedía elecciones. ¿Cuánto más iba a esperar?", reconoció horas más tarde en la intimidad.
El próximo lunes, el caso, que para muchos marcó el principio del fin del gobierno de Duhalde, tendrá un nuevo punto de inflexión: se conocerá la sentencia contra los ocho ex policías acusados por los asesinatos.
En el banquillo estará Franchiotti, el mismo que hace tres años y medio mostraba su ojo ensangrentado como un trofeo de guerra y defendía el operativo de seguridad. El mismo que podría llevarlo a la cárcel por mucho tiempo más.
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