Juntos por el Cambio mantiene la unidad, pero expresa matices

Fuente: Archivo
Su próxima prueba será la postulación de Rafecas; diferencias internas
Laura Serra
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14 de enero de 2020  

En su debut como principal polo opositor, Juntos por el Cambio se vanagloria de haber superado sus primeras dos pruebas de fuego sin divisiones ni fugas. En el Congreso mantuvo su unidad, al rechazar la megaley de emergencia económica, y en la Legislatura bonaerense resistió hasta forzar cambios en la ley impositiva del gobernador Axel Kicillof. En ambas instancias, Juntos por el Cambio operó sin un liderazgo monolítico que impartiera la estrategia; al contrario, este espacio, otrora conducido por Mauricio Macri, es hoy un mosaico de caciques de distinta graduación opositora con el desafío de convivir pese a sus diferencias.

Con el expresidente ausente de la escena pública (al menos por ahora), no hay un primus inter pares que impere en Juntos por el Cambio; el vacío es ocupado ahora por una decena de caciques que representan a los tres socios del espacio, la UCR, Pro y la Coalición Cívica. Empero, no todos piensan ni actúan políticamente igual.

En uno de los extremos de la escala se ubican Gerardo Morales y Gustavo Valdés, los gobernadores radicales de Jujuy y Corrientes: preocupados por la gobernabilidad en sus territorios, ambos se inclinan por una oposición moderada frente al gobierno de Alberto Fernández. En la misma línea se posiciona Horacio Rodríguez Larreta, jefe de gobierno de Pro, a quien el Gobierno ya le insinuó que le quitará fondos de coparticipación.

"Está bien ser oposición, pero nosotros no podemos guiarnos por posiciones electoralistas como sí pueden hacerlo aquellos dirigentes que no tienen responsabilidad de gobierno", argumentan cerca de Morales.

En el otro extremo, Patricia Bullrich, futura presidenta de Pro, y Alfredo Cornejo, jefe de la UCR, encarnan la oposición más dura. Miguel Pichetto, excandidato a vicepresidente, no les va en zaga.

"Es cierto que los gobernadores están en una situación más frágil porque dependen de los recursos nacionales. Pero se equivocaría Morales si cree que el peronismo lo va a tratar mejor si se muestra demasiado moderado", sostienen en el macrismo.

A pesar de todo, tensiones

Esas diferencias, aunque disimuladas en la unidad formal del espacio, ya fueron motivo de tensiones internas. Se evidenciaron en el Senado con la discusión de la emergencia pública: mientras Morales y Valdés presionaban para que el bloque de Juntos por el Cambio diera los dos tercios para el quorum y facilite la sanción de la ley en tiempo récord -como pretendía el presidente Fernández-, un puñado de senadores encabezados por el radical Martín Lousteau (amparado por Cornejo) y Esteban Bullrich, de Pro, ofrecían resistencia.

"No nos podemos entregar a la primera de cambio, menos por una ley con superfacultades al Gobierno y congelamiento de las jubilaciones. Si no mostramos actitud de entrada, el peronismo nos va a pasar por encima siempre", argumentó Lousteau.

No tuvo éxito y la ley salió en los tiempos que pretendía el Gobierno. "El peronismo tiene mayoría en el Senado; si no aprobaba la ley ese día, lo hacía la semana siguiente", se justificaron los conciliadores.

Las tensiones internas prometen continuar. El próximo capítulo se desencadenará con el debate de la postulación de Daniel Rafecas como procurador general de la Nación; el peronismo necesita los dos tercios de los votos para su aprobación, por lo que la posición de Juntos por el Cambio será clave. En ese espacio, los más moderados se inclinan por condicionar la aprobación del pliego a una negociación más amplia con el oficialismo por otros cargos vacantes. Por ejemplo, la Defensoría del Pueblo. Otros proponen rechazar la postulación.

Esta estrategia de mostrar dureza para negociar, a sabiendas de las necesidades del oficialismo, fue la que exhibió Juntos por el Cambio en la Legislatura bonaerense. Tras intensas negociaciones, el gobernador Kicillof debió ceder y la oposición logró atemperar el impacto de la suba de impuestos, sobre todo el inmobiliario. Los buenos oficios de Sergio Massa, en tándem con la exgobernadora María Eugenia Vidal y el intendente de Lanús, Néstor Grindetti, doblegaron la inicial intransigencia kirchnerista.

Si bien Juntos por el Cambio logró sortear estos primeros desafíos y mantuvo su unidad, sus dirigentes son conscientes de que esto recién empieza y que vendrán nuevos obstáculos. "Hay que institucionalizar la mesa de conducción de Juntos por el Cambio, encontrar una dinámica lo suficientemente flexible que permita proteger a los gobernadores del espacio sin perder nuestro perfil opositor", insiste el diputado Mario Negri, jefe del interbloque opositor.

¿Quiénes integrarán esa mesa de conducción? En principio, los cuatro gobernadores de la coalición (Morales, Valdés, Rodríguez Larreta y Rodolfo Suárez, de Mendoza), los presidentes de los tres partidos (el radical Cornejo, el macrista Humberto Schiavoni y Maximiliano Ferraro, de la Coalición Cívica), los jefes parlamentarios (Negri y Luis Naidenoff, del Senado), y quienes integraron la fórmula presidencial, Macri y Pichetto. El expresidente aún no definió qué perfil adoptará en esa mesa de conducción, pero todo anticipa que los caciques que hoy dominan el espacio no aceptarán que, de buenas a primeras, se imponga como el primus inter pares del espacio.

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