
La Alianza sancionó la ley con lo justo
El aval del senador peronista Omar Vaquir fue clave; el radical Mario Losada desempató en uno de los artículos conflictivos
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Costó, pero los esfuerzos del Poder Ejecutivo se vieron finalmente coronados en la madrugada de ayer con la sanción definitiva de la ley de ajuste fiscal, norma que le permitirá a la administración de Fernando de la Rúa ajustar sus cuentas a la política de déficit fiscal cero o a la menos técnica, pero más coloquial, definición de "vivir con lo nuestro", que utilizó el Presidente.
Fue, sin embargo, una sesión difícil en la que algunos nombres fueron fundamentales para que el Gobierno pudiera conseguir el objetivo de tener la ley aprobada antes de la apertura de los mercados.
Clave fue, por ejemplo, el apoyo del peronista Omar Vaquir (Santiago del Estero) al proyecto en todos sus artículos. "Todo embajador es un representante de su presidente y, por lo tanto, tenía que votar la iniciativa del Poder Ejecutivo", se defendió el legislador que había recibido el acuerdo del Senado a su diploma hace casi dos meses, cuando ni se hablaba del ajuste fiscal.
Por eso no extrañó que apenas finalizada la sesión un senador peronista bautizara, con cierta ironía, la flamante norma que acababa de sancionarse: "Ya tiene nombre la criatura, esta es la ley Vaquir", dijo mientras se retiraba del recinto.
Pero también, en tren de poner nombres, la sanción de la ley se le puede adjudicar al titular provisional del Senado, Mario Losada (UCR-Misiones), que desempató con su doble voto la definición del artículo 10 de la ley, el que establece que los gastos del Estado deben sujetarse a los recursos y que si éstos no alcanzan deberán cortarse erogaciones, incluidos salarios y jubilaciones.
Fue el momento más tenso y angustiante de la sesión. Eran poco más de las 3 de la mañana cuando el debate en particular (la sanción en general se había alcanzado con cierta holgura por 25 a 20 votos), llegó a la primera de las cuatro cláusulas que forman el verdadero corazón de la filosofía del déficit cero.
Momento de rebeldía
Como se esperaba, el bonaerense Leopoldo Moreau (UCR) planteó su oposición al artículo y las modificaciones que pretendía incluirle para asegurar un "blindaje" que excluyera del recorte a los haberes de los jubilados. Lo siguió el otro radical rebelde, Alberto Maglietti (Formosa), en el mismo sentido.
En ese momento, en el oficialismo comenzaron a moverse los hilos para tratar de asegurar la mayor cantidad de votos posibles para superar el trámite sin contratiempos.
Así, el cordobés Luis Molinari Romero se puso el overol y se lanzó a un raid entre las bancas para tratar de dar vuelta algunas voluntades que todavía se mantenían rebeldes.
Al primero que buscó fue a su colega Alcides López (UCR-Entre Ríos), que había dejado con la boca abierta al jefe del bloque de la UCR, Jorge Agúndez, al avisarle sobre el inicio mismo de la sesión que no iba a votar los artículos del ajuste.
Luego de un breve diálogo con López se dirigió a la banca que ocupaba el correntino José Antonio Romero Feris (Autonomista), que ya había anunciado en el debate en general que se oponía al recorte de salarios y jubilaciones.
Del lado peronista también el trabajo fue incesante. Cuando comenzó a debatirse el artículo 10 del proyecto el tucumano José Carbonell le indicó con sus dedos al presidente del bloque, José Luis Gioja (San Juan), que hacía falta retirar a dos legisladores para asegurar el triunfo del oficialismo.
Solícito, Carbonell se levantó de su banca y comenzó a buscar a alguien que lo acompañara para hacer realidad la "opción Jaroslavsky".
Esta tarea produjo verdaderos pasos de comedia, porque nadie quería acompañar al tucumano en su retirada. Los "duros" que se mantenían en el recinto -después de votar en contra en general Felipe Sapag (Movimiento Popular Neuquino) había abandonado el recinto, facilitando así la estrategia del PJ-, hacían gestos ampulosos de que no favorecerían la sanción del artículo.
Como el caso de la peronista Beatriz Raijer (Córdoba), que con sus manos y su cabeza le decía que no a las presiones de Gioja para dejar en minoría al peronismo.
"Dale, Beatriz, que se hunden las provincias, te tenés que ir", rogó el presidente del bloque justicialista.
La senadora se mantuvo en sus trece: "Ni loca me voy; ya dije que mi gobernador nunca me pidió que votara esta ley", respondía Raijer.
La legisladora estaba enojada porque voceros menemistas habían deslizado que José Manuel de la Sota había enviado una carta al bloque apoyando la sanción del proyecto, hecho que la legisladora le negó categóricamente a LA NACION.
Cuando Losada llamó a votar y las manos comenzaron a levantarse, la tensión se apoderó del recinto.
Romero Feris todavía mantenía una comunicación telefónica desde su celular con el secretario general de la Presidencia, Nicolás Gallo, que le pedía que por favor votara el artículo para evitar su rechazo.
A su lado, Molinari Romero le decía por lo bajo: "Falta un voto, Pocho, falta un voto".
Finalmente, la gestión del senador cordobés también fue clave. Si bien Romero Feris votó en contra del artículo 10, López terminó pidiendo permiso para abstenerse. Ese paso atrás del entrerriano alcanzó para que la votación terminara empatada en 21, sobre 43 presentes.
En ese momento, el mendocino José Genoud (UCR) puso su grano de arena ya que, rápido de reflejos como cuando ocupaba la presidencia provisional del Senado, salió al cruce de los tibios cantos de victoria del riojano Jorge Yoma (PJ), que aseguraba "ganamos, se cayó la ley".
"Es un empate 21 a 21, desempata el presidente", reaccionó Genoud.
Así sacó del trance en el que se encontraba Losada que, asustado por lo que parecía una derrota, no atinaba a decir en voz alta el resultado de la votación.
Así, la UCR logró pasar el examen y Gallo pudo llamar a la quinta de Olivos para, en plena madrugada, desvelar a De la Rúa, por fin, con una buena noticia.




