
La emperatriz de Japón, entre lo sagrado y el mundo terrenal
Michiko: el emperador y su mujer llegarán mañana al país; ella toca el piano y le interesa la literatura infantil; fuera de protocolo.
1 minuto de lectura'
"Cuando saludan al emperador o a la emperatriz, los japoneses lo hacen con una reverencia profunda, pero cuando Sus Majestades visitan otros países, se adaptan a sus costumbres", explicó el embajador interino de Japón en nuestro país, Kidekako Yamaguchi, descartando requisitos especiales para los invitados o el público, que no sean los de la elemental cortesía, durante la visita de la pareja imperial a partir de mañana.
Por primera vez que los emperadores de Japón serán huéspedes de la Argentina, aunque ambos estuvieron aquí en 1967, cuando eran el príncipe heredero Akihito y la princesa Michiko. Ella se viste con Kimonos tradicionales o con un estilo occidental que le es absolutamente propio: un aire oriental en el recato, pequeños sombreros apoyados sobre la frente como una flor, una línea fluida acorde con su delicadeza; todo a tono con el carácter de los actos y ceremonias que preside con el emperador.
Sus personas no sólo revisten una condición casi sagrada para los japoneses, sino que representan una cultura muy formal en sus expresiones y simbólica en sus contenidos, de raíces antigüas, históricas y religiosas.
Si el embajador cumple todos los años, en mayo, la ceremonia simbólica de plantación del arroz en el interior del Palacio Imperial, y en octubre, la de la cosecha, la emperatriz Michiko lo acompaña en otras como "Lectura de poesías imperiales en el Año Nuevo".
Música y literatura
Además de la naturaleza, disfruta de la música: toca el piano y el arpa, acompañando a veces al emperador, que toca el violoncelo, o a su hijo el príncipe Naruhito, ejecutante de viola y de violín. Compone waka (poemas tradicionales japoneses) y se interesa especialmente por la literatura infantil. Durante sus muchos viajes - juntos han visitado 43 países- ha conocido centros y bibliotecas especializadas en el tema y es autora del texto de un libro ilustrado titulado "Mi primera experiencia en subir la montaña" (1991) y de una selección y traducción de poemas.
Personalidad y elegancia distinguen a la emperatriz Michiko, aunque no parecen ser todas rosas en una corte imperial regida por el protocolo que acumula más de dos mil años de tradición, de un rigor inimaginado en Occidente. Las actividades de las mujeres de la familia están programadas y las iniciativas personales, como salir sola del Palacio, severamente limitadas. Se ha dicho en la prensa europea que la emperatriz no pudo asistir al funeral de su madre, y también circularon versiones sobre sus períodos depresivos y una crisis que en 1993 la dejó sin hablar durant e meses. Rumores parecidos circulan con respecto a la princesa Masako, diplomática, graduada en Harvard, políglota, demasiado "occidentalizada" para algunos de sus críticos.
La emperatriz Michiko nació el 20 de octubre de 1934 y proviene de una familia destacada en círculos industriales y académicoa. Debió interrumpir, y reanudó al final de la guerra, sus estudios primarios en Tokio. Asistió luego a la escuela secundaria Seishin (Sagrado Corazón) y se graduó en la Universidad del Sagrado Corazón en 1957. Se dice que conoció al entonces príncipe heredero Akihito jugando al tenis. Contrajeron matrimonio, según el rito shintoista, el 10 de abril de 1959.
Ella crió a sus tres hijos contrariando algunas tradiciones ya que se mantuvo cerca de su educación. Parece preocuparle no perder el contacto con la gente, a pesar de su severo protocolo.




