La Junta Electoral trata de poner fin al vaivén radical
Hoy se dará un veredicto sobre las acusaciones mutuas de fraude
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Como un matrimonio en crisis, con sus dos integrantes gritándose improperios sin escuchar argumentos. O como dos boxeadores que se adjudican la victoria luego de un match reñido, y levantan los brazos muy cerca del rival.
Así están Rodolfo Terragno y Leopoldo Moreau, precandidatos a presidente por el radicalismo, que desde hace 17 días dicen haber ganado las elecciones internas, y con ello el derecho a representar al partido en las presidenciales convocadas para abril próximo.
Ayer, la Junta Electoral continuó con su rol mediador en la contienda, y retomó el análisis de las respuestas a las impugnaciones presentadas por las listas. El tribunal partidario comenzó a delinear la votación de hoy, en la que se definiría el escrutinio que se dilata desde el 15 de diciembre último, cuando comenzaron las acusaciones mutuas de fraude.
El tribunal no quiso arriesgar cuál será su decisión final, ni cuándo llegará.
"Yo esperaría unas horas, antes de dar un pronóstico", dijo a LA NACION Norberto Rinaldi, presidente de la junta, poco antes de reunirse con sus pares en el edificio del comité nacional, en Alsina al 1700.
Las hipótesis que se manejan son, al menos, tres: el tribunal rechaza las impugnaciones y da la victoria a Moreau; ordena votar en Chaco, Formosa y San Juan; dispone votar sólo en Formosa y San Juan, más mesas cuestionadas de Santa Fe y Mendoza. Esta última hipótesis provocaría otro descalabro: la dimisión del presidente partidario, Angel Rozas, que se considera "renunciado" hasta que no se efectúen nuevos comicios en su provincia.
"No tiene ningún sentido"
Ayer, ambos candidatos prolongaron la rutina de la discusión. Jaime Linares, compañero de fórmula de Terragno, confirmó un llamado de Moreau, que le insistió en presentar de forma conjunta un pedido de elecciones complementarias en las tres provincias más cuestionadas.
La respuesta a la iniciativa fue otra vez no. "No tiene ningún sentido", contestó el intendente de Bahía Blanca, en coincidencia con allegados al senador porteño.
Allegados a Moreau repitieron su vocación negociadora, a pesar del desaire. "Hay que sanear la elección con la gente votando. Es la única forma", insistieron.
Para colmo, el diputado Mario Capello, uno de los aliados del senador en San Juan, criticó duramente al bonaerense, y negó la existencia de fraude en su provincia.
"No vamos a ser piloto de pruebas de una elección, sólo porque Leopoldo Moreau perdió en forma concluyente y ahora no le gusta el resultado", dijo a LA NACION el legislador sanjuanino.
Entre la desorientación y el descrédito, ambas listas coinciden en lamentar el daño irreparable que las sospechas de fraude le hicieron al centenario partido. "La UCR nació contra el fraude, y ahora nos acusan de cometerlo", afirman.
Miembros del partido señalan escándalos que vivieron los justicialistas. Recuerdan que en 1995, la Justicia Electoral santafecina debió extenderse cincuenta días, y volver a contar voto por voto, antes de otorgarle la victoria y la gobernación a Jorge Obeid. Las más de 500 acusaciones de fraude surgieron de la oposición, comandada por Horacio Usandizaga, pero también del ex intendente socialista Héctor Cavallero, que como cabeza de un sublema justicialista denunció votos de muertos y documentos adulterados, en una elección que nunca eliminó del todo las sospechas.
Los memoriosos también apuntan a la elección por la gobernación de Tucumán, en junio de 1999. Allí, Ricardo Bussi culminó la jornada como triunfador por sobre el justicialista Julio Miranda, para terminar perdiendo una semana después. "No sé qué pasa. Nos acostamos electos y hoy hay un virtual empate", soltó el indignado hijo del gobernador, cuando ya los datos preanunciaban su derrota.
Para los radicales, las internas siempre fueron ejemplo de democracia. En 1972, cuando Raúl Alfonsín y Ricardo Balbín disputaron el derecho a enfrentar a Juan D. Perón al año siguiente, el clima impidió que se contabilizaran los votos de toda la provincia de Misiones, pero el propio Alfonsín reconoció su derrota y con ella un eventual escándalo.
Tres décadas después, las internas y los agravios continúan. Terragno y Moreau siguen sin oírse, aunque intuyan que de la resolución del conflicto dependa buena parte del ensombrecido futuro político de la UCR.




