
La Justicia declaró inocente a Angeloz
En un fallo unánime, la Cámara Séptima del Crimen de Córdoba rechazó el cargo de enriquecimiento ilícito; con lágrimas, dijo no sentir rencores.
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El primer juicio por enriquecimiento ilícito a un dirigente político relevante concluyó ayer en Córdoba con la absolución del ex gobernador de esa provincia, el senador radical Eduardo César Angeloz. Por unanimidad, los tres miembros de la Cámara Séptima del Crimen de esa provincia consideraron que la imputación no quedó probada.
La causa se originó en agosto de 1995 por una denuncia del gremio bancario de Córdoba. Su apoderado de entonces, Marcelo Touriño, lamentó ayer la decisión del tribunal. "Había pruebas suficientes", dijo. Angeloz podrá reincorporarse mañana al Senado, donde fue suspendido a principios de 1996 por pedido de la justicia provincial. Originalmente se creyó que el proceso contra el ex candidato presidencial podía sentar un precedente a nivel nacional. El fallo no coincidió con esas expectativas.
Sin contener las lágrimas, Angeloz dijo, tras ser liberado de culpa y cargo, que no sentía resentimientos ni rencores. "No tengo cuenta chica ni grande que cobrarme", afirmó. Antes de la sentencia, el último fin de semana, había recibido muestras de solidaridad del ministro del Interior, Carlos Corach, de Raúl Alfonsín y del jefe de campaña de Fernando de la Rúa, Rafael Pascual.
Humor social y sentencia judicial
El análisis de la noticia.
Eduardo Angeloz festejó su absolución con los ritos de un triunfo electoral.
Los poderosos bajo sospecha encontraron un consuelo. Ahora pueden decir que el juicio de Córdoba no los perseguirá como un augurio.
Angeloz fue declarado inocente y la idea de presentar su caso como la referencia inicial de un proceso de persecución judicial de alcance nacional murió antes de nacer.
El humor social, impregnado de impunidad, denuncias y una fuerte incredulidad, creyó encontrar en el caso del ex gobernador una insinuante respuesta. Ahora, para ese humor, el desengaño multiplica la desazón.
Angeloz fue juzgado sin que esa presión pública perforara el clima de Córdoba. Pasaron más de tres años desde su precipitado adiós a la gobernación, con el poder consumido por un incendio financiero.
El tiempo, se sabe, colabora con el olvido. Como también se acepta que los jueces no están para conformar las demandas temporales e inasibles de la opinión pública, sino para investigar, condenar y absolver.
Esa regla, sin embargo, no desmiente que Angeloz fue denunciado y sometido a proceso durante los días en que los cordobeses le resultaban más hostiles. Ayer, en cambio, su inocencia fue saludada con un vaho de indiferencia.
Los manifestantes que fueron a hostigar sumaron menos de la mitad que el medio centenar de incondicionales que acompañaron a Angeloz a someterse a la votación más comprometida en sus cinco décadas de política. Ganó por tres votos a cero.
"La gente incorporó a Angeloz a su pasado, para bien o para mal, pero ya no quiere volver a preocuparse por él", interpretó, con dotes de psicólogo, un diputado radical.
Sobre esa laguna de apatía, la Cámara Séptima del Crimen de Córdoba absolvió al acusado sin temor al descreimiento colectivo.
El regreso
Con una sentencia que lo repone en el mundo de los inocentes, Angeloz saldrá a buscar una reivindicación.
Como tenía pensado, apenas el secretario de la cámara pronunció las palabras que lo alejaron de la cárcel, explicó que no tiene cuentas que cobrarse. También dejó para otro momento una explicación de los detalles de la confabulación fundamentalista que llegó a denunciar para explicar sus desventuras.
En su provincia, todavía conserva la fidelidad de por lo menos un tercio del poderoso radicalismo que es gobierno desde la restauración democrática. En Buenos Aires, amigos no le faltan; Raúl Alfonsín es uno de ellos.
Tampoco estará ausente Carlos Corach. Al ministro del Interior, como al grueso del menemismo, la absolución de Angeloz le encaja en el discurso que condena las denuncias de corrupción lanzadas por la oposición que integra el propio dirigente radical.
Feliz, con la certeza de que no pudieron quebrarlo, Angeloz volverá a la política, de la que nunca se había marchado.
Su propio caso le hizo olvidar lo que muchos de sus socios en la Alianza hubieran deseado escuchar. En el Frepaso lamentan que ya no pronuncie aquella frase que, en sus años de gobernador, repetía para exacerbar el orgullo de sus comprovincianos: "Córdoba es el rostro anticipado del país".





