La segunda explosión habría sido también premeditada
Ocurrió tres semanas después del desastre por un sospechoso descuido.
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RIO TERCERO.- Omar Gaviglio no podía creerlo. En la medianoche del 3 de noviembre de 1995, pocas horas después de las explosiones en la fábrica que mataron a siete personas y destrozaron tres barrios, los máximos oficiales de Fabricaciones Militares (FM) que llegaron de Buenos Aires se mostraban como si nada hubiera ocurrido.
El general Juan Carlos Andreoli, interventor en FM y amigo del presidente Carlos Menem, y el coronel Edberto González de la Vega, director de Coordinación Empresaria, "cenaban pollo asado con cerveza helada en el comedor del alojamiento del personal superior. Andreoli me llamó a medianoche y entré asustado. Yo era el jefe de la Planta de Carga donde empezó el fuego -cuenta Gaviglio- y lo lógico era que me interrogaran a fondo. Pero no, estaban muy tranquilos y Andreoli apenas me preguntó algo mientras me ofrecía cerveza".
Quizá porque sabían la verdad, ese día la consigna de las autoridades fue no preguntar cómo voló la planta que concentró y acondicionó las armas y municiones contrabandeadas a Croacia al amparo de tres decretos falsos firmados por Menem y cuatro ministros. Con el agravante de que la mitad del material no pertenecía a FM sino al Ejército.
Menem llegó al mediodía y sin hablar con el subdirector a cargo, el teniente coronel Oscar Nicolás Quiroga, instó a los periodistas a "decir que fue un accidente, no un atentado". Si le hubiera preguntado, su comprovinciano Quiroga tal vez le hubiera dicho lo que declaró a la Justicia: " Alguien inició el fuego, porque la gente de la Planta de Carga es muy cuidadosa y el fuego no se prende así nomás".
Muestras adulteradas
A Quiroga no sólo no lo interrogaron Menem y su ministro de Defensa,Oscar Camilión, sino que el propioAndreoli no quiso conocer su opinión. Quiroga quedó a cargo el día anterior porque el director, coronel Jorge Cornejo Torino, íntimo amigo de Andreoli, viajó a Buenos Aires con su esposa y en el momento de la explosión se encontraba en la oficina de éste.
Las otras consignas fueron adulterar y hacer desaparecer pruebas.
FM informó al juez federal de Río Cuarto, Luis Martínez, que la explosión destruyó el libro de guardia de la Portería Uno, donde se asienta el ingreso y el egreso de personas y vehículos. Pero el personal de guardia declaró que no hubo tal destrucción. El libro no aparece.
El año último, cuando se iba a reconstruir el siniestro en la localidad cordobesa de Serrezuela, FM envió muestras de trotyl adulteradas para que se encendieran y estallaran al contacto con una colilla o una chispa. Así, se confirmaría la hipótesis salvadora del accidente.
Pese a la adulteración, el juez Martínez quiso concretar la prueba. La querellante Ana Gritti se opuso y, más adelante, sin muestras adulteradas, la reconstrucción se realizó en Serrezuela y demostró que el fuego no se inició accidentalmente.
Ana Gritti, Gaviglio y el diputado frepasista Horacio Viqueira impidieron que la investigación se elevara a juicio como un simple accidente. Si bien está procesado por estrago culposo, Gaviglio presentó copias de sus reclamos por una mayor seguridad en la Planta de Carga.
Gracias a las gestiones de Viqueira, Gaviglio se convirtió en un testigo clave en la causa de los envíos ilegales de armas al declarar ante el fiscal federal Carlos Stornelli y el juez Jorge Urso que en la fábrica se maquillaron 15 cañones y ocho obuses del Ejército que se contrabandearon a Croacia. El Ejército también proveyó la mayor parte de la munición despachada.
La fábrica, que durante esos operativos estuvo a cargo del coronel Cornejo Torino, envió en secreto a Croacia a dos operarios a poner a punto los primeros cañones. En la planta se clonaron dos obuses italianos para restituirle al Ejército, pero resultaron inservibles.
Cornejo Torino, repiten aquí, era muy amigo del general Andreoli, pieza esencial del contrabando pues fue jefe de Arsenales del Ejército y no por casualidad reemplazó al menemista Luis Sarlenga al frente de FM cuando éste debió renunciar por las acusaciones.
Cuando la situación de Cornejo Torino se complicó, un desencajado Andreoli imploró ayuda para su amigo en Defensa. Poco después, Andreoli murió al estrellarse en Palermo un helicóptero del Ejército. Este hecho no fue esclarecido y el sumario duerme en el juzgado de Jorge Urso.
Vuela el polígono
La fábrica donde se ejecutó el mayor escándalo del menemismo no estalló en cualquier momento. Ocurrió cuando avanzaba la investigación en Buenos Aires, y al Ejército y a FM les faltaba material. En esos días, además, FM iba a pasar a Economía y se temía un inventario.
"Una explosión podía encubrir los faltantes", opina Aukha Barbero, abogado de Gaviglio. Los peritajes contables le dan la razón: FM presentó un inventario de municiones inflado. Se redactó mientras se hallaba en la planta el coronel González de la Vega. Gaviglio observó que también habían llegado "los jefes de las FM de Villa María, Rosario y Azul", tres plantas que contribuyeron al contrabando.
El 24 de noviembre de 1995, tres semanas después del siniestro, otra gran explosión sacudió a la ciudad. En el polígono de FM habían estallado los proyectiles que volaron el día tres sobre la ciudad y que recogió la policía cordobesa y Gendarmería.
"No me explico cómo acumularon allí munición de fósforo blanco con munición común", dice Gaviglio.
Dos civiles que pidieron reserva de su identidad revelaron a La Nación : "Gendarmería sabía que debía separar los proyectiles de fósforo, pero las autoridades de la planta ordenaron no hacerlo". Estas fuentes sostienen que escucharon la queja de boca de los propios gendarmes, pero temen que éstos no los respalden si lo declaran ante la Justicia.





