
Las boletas que nadie quiere recordar
Las papeletas electorales son testimonio de antiguas alianzas y actuales traiciones
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Para un político, no hay nada más parecido a un boomerang que una boleta electoral.
Aunque las necesitan para ser elegidos, presidentes, gobernadores, diputados y senadores dejan en esos papeles las huellas de sus alianzas pasadas. Alianzas que, más seguido que lo aconsejable, preferirían no recordar.
En respuesta a la acusación presidencial por su supuesta responsabilidad en la política de la década de los 90, Ricardo López Murphy tiró la primera piedra: "Kirchner compartió siete veces la boleta con Menem", disparó.
En rigor, el Presidente sólo compartió en una ocasión la boleta con su actual enemigo. Fue el 14 de mayo de 1995, cuando ambos fueron reelegidos por amplio margen: Menem como presidente y Kirchner como gobernador de Santa Cruz.
La boleta encabezada por la fórmula Menem-Ruckauf incluía también a notorios miembros del actual gobierno, como Sergio Acevedo (ex jefe de la SIDE y actual gobernador de Santa Cruz), Carlos Zannini (secretario legal y técnico) y Alicia Kirchner (ministra de Desarrollo Social), que no tuvo suerte en aquella ocasión con su candidatura a intendenta de Río Gallegos.
Pero no es el único caso de antiguas sociedades hoy en apariencia incompatibles. Con frecuencia la oposición le recuerda al jefe de Gabinete, Alberto Fernández, los nombres que lo acompañaron en la única lista de candidatos que alguna vez integró: la de legisladores porteños del 7 de mayo de 2000.
La boleta encabezada por un Domingo Cavallo que buscaba gobernar la ciudad (secundado por Gustavo Beliz) proponía al actual jefe de Gabinete como candidato número 11 para legislador porteño. Quedaba así detrás de otros postulantes que hoy integran el Gobierno (como la funcionaria Marta Oyhanarte y el diputado Jorge Argüello), pero también de destacados legisladores macristas (como Santiago de Estrada y Eduardo Lorenzo Borocotó). El flamante titular del PJ porteño pudo sí ubicarse en un mejor lugar que Elena Cruz, la actriz defensora del dictador Jorge Rafael Videla a la que le permitió entrar a la Legislatura cuando renunció a su banca para ser jefe de Gabinete.
Alianzas curiosas
La curiosa política de alianzas de aquella elección alcanzó también al rival de Cavallo, Aníbal Ibarra, que no sólo apareció como candidato de la Alianza sino también de la Ucedé. Su segundo candidato a legislador era Ricardo Busacca, que en 2003 sería postulante de Mauricio Macri y ahora está aliado al ex comisario Luis Patti.
La feroz interna que hoy mantiene en vilo al PJ bonaerense es protagonizada por dirigentes que hace sólo dos años estaban felices de figurar en una misma papeleta electoral.
Felipe Solá, por ejemplo, consiguió su reelección como gobernador acompañado en la boleta por Hilda González de Duhalde, primera candidata a diputada nacional. Allí no sólo convivían armoniosamente los hoy enfrentados felipistas y duhaldistas. También estaban ministros de Kirchner -como Aníbal Fernández y José Pampuro-, que semanas atrás no dudaron en censurar las críticas de la diputada González al Presidente.
La lista, que hoy parecería una pieza de ciencia ficción política, incluía también a varios de los ministros de Duhalde, como Alfredo Atanasof, Juan José Alvarez, Graciela Camaño (la esposa del sindicalista Luis Barrionuevo) y Carlos Ruckauf.
Ruckauf, como tantos otros, había competido previamente por otro distrito. Por ejemplo, en 1993, en medio de la euforia menemista, encabezó la lista para diputados nacionales del justicialismo porteño en la que se ubicaban, entre otros, dos expertos en acrobáticos saltos entre partidos: Argüello, que en 2003 repitió la candidatura pero por el partido de Macri y ahora aspira a suceder al canciller Rafael Bielsa, y Patricia Bullrich, que -después de su paso como ministra de Trabajo de la Alianza y de haber sido aliada de López Murphy- hoy es una ferviente opositora a todo lo que huela a oficialismo nacional, porteño o bonaerense.
Pero está claro que el PJ no es el único que tiene un pasado que ocultar. El caso de la Alianza es paradigmático por su dispersión posterior: de aquellos postulantes que hace menos de seis años se enrolaban detrás de Fernando de la Rúa y Carlos Alvarez, hoy es casi imposible encontrar a dos que pertenezcan a la misma agrupación.
Así, detrás de De la Rúa, como candidatos a diputados nacionales por la Capital Federal se sucedían Alfredo Bravo (el reconocido líder del socialismo, ya fallecido), Jesús Rodríguez (flamante presidente de la UCR porteña), Darío Alessandro (embajador de Kirchner en Cuba), Nilda Garré (actual embajadora en Venezuela), Fernando Melillo (presidente del ARI porteño) y María José Lubertino, socia del kirchnerismo desde su propia agrupación, Espacio Abierto.
No pasaba lo mismo en la provincia de Buenos Aires, donde -detrás de la candidatura del hoy ministro de Desarrollo Humano de Solá, Juan Pablo Cafiero- la lista aliancista rebosaba de seguidores de Elisa Carrió: Eduardo Macaluse, Marcela Bordenave, Elsa Quiroz, Carlos Raimundi y hasta Graciela Ocaña, que luego emigró para dirigir el PAMI kirchnerista. Todos, unidos y triunfantes, y acompañados por quien luego sería designado vocero de De la Rúa, Juan Pablo Baylac.





