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La falta de cuadros técnicos propios y el limbo en el que se sumergió la gestión ministerial por el caso Adorni parecen haberse conjugado para dar pie a una situación insólita en el área de Ambiente del Gobierno: la renuncia de un subsecretario pasó tantos meses sin ser aceptada que, cuando eso finalmente ocurrió, el funcionario ya se había olvidado −o intentó resistir en el cargo− y siguió acudiendo a su despacho.



