
Le pidieron silencio a Brinzoni
Desde el Ministerio de Defensa se solicitó al jefe del Ejército mantener un bajo perfil
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Cuando el teniente general Ricardo Brinzoni regrese en diez días de su viaje por los Estados Unidos su iniciativa por una mesa de diálogo quedará en el olvido. Es más, todo el tema sobre los desaparecidos y la represión ilegal quedará fuera de la agenda de trabajo del Ejército.
Un hombre con poder de decisión en el ámbito de la defensa nacional confirmó anoche a La Nación que la estrategia de aquí en más deberá ser el silencio sobre cuestiones vinculadas con los días de la dictadura militar.
Para que comprendiera en toda su amplitud el mensaje a Brinzoni se le sugirió que siga la línea de conducta del general Juan Carlos Mugnolo (Estado Mayor Conjunto), del almirante Joaquín Stella (Armada) y del brigadier general Walter Barbero (Fuerza Aérea).
Es decir, que se dedique a las cuestiones propias del ámbito militar: ejercitaciones y administración del presupuesto. Ninguno de los tres jefes castrenses han hablado específicamente de los días de la dictadura y menos aún han lanzado propuestas reconciliatorias.
La firme sugerencia de la cúpula política vinculada con el área militar fue recibida por Brinzoni horas después de que La Nación difundiera, el lunes último, parte de una entrevista efectuada por el diario Norte, de Resistencia, en la cual el jefe del Ejército confesaba que la denominada masacre de Margarita Belén, ocurrida en 1976 en el Chaco, durante la cual murieron 22 personas, "fue una operación militar para eliminar delincuentes terroristas".
"No fue un enfrentamiento, fue un fusilamiento encubierto de detenidos que estaban en la cárcel U-7", dijo Brinzoni, que en aquellos días tenía rango de capitán y se desempeñaba en la Secretaría General de la gobernación del Chaco. A esa provincia había llegado dos años antes destinado al Grupo de Artillería 7.
Fuentes inobjetables del Ministerio de Defensa admitieron a La Nación que ese reportaje fue la gota que colmó la paciencia del poder político frente a los reiterados intentos de Brinzoni de convertirse en el adalid de la pacificación nacional.
Fue el punto de inflexión entre políticos y militares. Aunque los asesores de Brinzoni habían decidido que el jefe militar respondiera a los periodistas convocados a una conferencia de prensa con la excusa de la condecoración al jefe del Comando Sur del Ejército de los Estados Unidos, general Peter Pace, el ministro de Defensa, Horacio Jaunarena, le aconsejó, en tono bajo y sin perder la mesura, que el discurso vinculado con los derechos humanos había llegado a su fin.
Buen soldado y entendedor de pocas palabras, Brinzoni suspendió el contacto con la prensa, sin dar explicaciones. Pocas horas después, se recalentaría el frente interno durante un encuentro de Brinzoni con oficiales jóvenes (desde mayores en adelante) con los cuales dialogó de diversas cuestiones y ante los que ratificó a su equipo de colaboradores.
A las caras de encono, porque no son pocos los que señalan al secretario general, Eduardo Alfonso, como uno de los inspiradores de las ideas de "pacificación", le sucedieron al día siguiente anónimos que circularon por pasillos y ascensores de uso exclusivo de coroneles.
En ellos, se cuestionaba la continuidad en el cargo de Alfonso, un militar que lleva tiempo en los ámbitos vinculados con la imagen institucional. Fue durante años jefe de prensa del Ejército en la gestión del teniente general Martín Balza y, desde allí saltó a su puesto actual.
Brinzoni viajó anteayer a los Estados Unidos para cumplir con una amplia recorrida de unidades del Ejército de ese país. Regresará a su despacho del Edificio Libertador el 21 del actual, es decir dentro de 10 días.
Anoche no se descartaba que, en este lapso fuera del país el militar aproveche para reflexionar sobre la sugerencia recibida para abandonar sus propuestas de sentar en una mesa a todos los sectores involucrados y afectados por la represión ilegal de la dictadura militar.
También podría regresar con la decisión de efectuar cambios en el elenco de sus asesores de imagen y de estrategia para cumplir con el pedido político de mantener silencio.
-¿El retiro de Brinzoni está cerca?-, preguntó anoche La Nación a funcionarios de la cartera de Defensa.
-No, nadie está pensando en que deba efectuarse un relevo. Sólo se trata de un reacomodamiento de estrategias.
-¿Podría implicar un cambio de hombres en las áreas vinculadas con la imagen y la relación externa del Ejército?
-Brinzoni comprendió muy bien el mensaje de que es conveniente cambiar la estrategia y dedicarse a atender las cuestiones inherentes al ámbito militar y dejar los aspectos políticos en manos de quienes deben estar. Sólo él sabe si corresponde hacer cambios de subordinados.
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