
Los Duhalde extrañan la quinta
Era su máximo búnker político en San Vicente y lo donaron para chicos necesitados
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Un par de botellas de gaseosas y un jabón rosa gastado son las únicas señales de que alguien visita hoy la quinta Don Tomás, en San Vicente. Fue el centro de operaciones políticas de Eduardo Duhalde, el jefe del justicialismo bonaerense, que la había donado en 1997 y que la desalojó hace sólo cuatro meses.
Ni siquiera sobrevivió a la mudanza el cartel que llevaba el nombre Don Tomás. Antes de dejar la gobernación bonaerense a su sucesor, Carlos Ruckauf, Duhalde se llevó sus pertenencias de la imponente quinta, que se convertirá en un centro de recreación para chicos.
Desde que traspasó el portón de San Vicente, la familia Duhalde no volvió a pisar el inmenso parque. La quinta, donde el ex candidato presidencial del PJ construyó parte de su poder político en medio de incontables asados y partidos de fútbol, está vacía.
En un cuarto hay manchas de humedad y hasta goteras en un baño.
Hace cuatro años, el matrimonio Duhalde había decidido donar Don Tomás al Estado bonaerense. Fue mediante una ley de la Legislatura provincial (11.766), en la que se reservaron, hasta el 10 de diciembre último, el derecho real del usufructo.
El matrimonio, que se preparaba para las elecciones legislativas que luego perdió, puso dos cláusulas: en una se determinó que el destino de la quinta era exclusivamente para el funcionamiento de un "hogar de menores o actividades relacionadas con la niñez". La autoridad de aplicación debía ser el Consejo del Menor de la provincia o el Obispado de Lomas de Zamora.
En la otra cláusula, fijaron un plazo de cuatro años, a partir de la finalización de la reserva del derecho de usufructo (es decir, desde el 10 de diciembre último), para que la quinta se utilice exclusivamente para chicos necesitados; en caso contrario, debe ser devuelta a sus dueños.
Esto último, según aseguran allegados a Duhalde, era un reaseguro frente a la posibilidad de que un gobierno aliancista bonaerense utilizara Don Tomás con otros fines o no hiciera nada con el lugar que visitaron los principales dirigentes del PJ y hasta los de primer nivel de la UCR y del Frepaso.
En el jardín de invierno de San Vicente sólo quedan una mesa y siete sillas. Era el espacio preferido del ex gobernador bonaerense, donde miraba televisión y leía, pero donde también recibía a los periodistas.
En ese mismo lugar, según contó Duhalde, recibió algunos testimonios sobre el asesinato del reportero gráfico de la revista Noticias José Luis Cabezas, cuando él ofrecía recompensas para esclarecer el crimen que marcó su carrera.
El jefe del PJ bonaerense ahuyentó sus temores sobre el futuro incierto de su quinta con el triunfo de Ruckauf, con quien acordó que la autoridad de aplicación fuese el Consejo del Menor bonaerense.
Duhalde jugó varios partidos de fútbol con el presidente Carlos Menem en San Vicente y, en ese mismo lugar, tiempo después, planificó el plebiscito que sepultó las intenciones reeleccionistas e inconstitucionales del dirigente riojano.
El nombre de la quinta es el mismo del fallecido padre del ex gobernador bonaerense. Cuatro caseros mantienen el lugar; son los mismos que lo hicieron durante los últimos diez años. Si bien extrañan a sus antiguos patrones, ahora están más preocupados por no perder su trabajo.
Hace dos semanas, el Consejo del Menor de la provincia, que preside Daniel Bolinaga, envió al arquitecto Juan Labrune a tomar fotos de la quinta y revisar el estado en que se encontraba el lugar.
Cacho y Rubén, dos de los caseros, se excusaron: "No nos diga nada porque hay hojas en el jardín; al doctor (por Duhalde) le gustaba caminar sobre las hojas. Cuando se fue, nos pidió que hiciéramos lo mismo".
El arquitecto Labrune se comunicó con Bolinaga y tranquilizó a los cuatro caseros; el titular del Consejo del Menor prometió que conservarían su trabajo.
Planes y nostalgia
Duhalde hizo la mudanza de San Vicente pocos días después de dejar el poder. Sólo en las últimas semanas se ocupó del tema de San Vicente. Quiere supervisar la transformación de su quinta y espera que, a su regreso de España, le presenten los proyectos para remodelarla.
"No queremos crear más institutos de menores. En la quinta se harán talleres recreativos y de capacitación rotativos, para que la puedan disfrutar la mayor parte de los 10.000 chicos que protege el Consejo", dijo Bolinaga a La Nación .
El proyecto que más entusiasmó a Duhalde es construir dormitorios y baños y conservar las instalaciones para que los chicos realicen actividades deportivas.
La superficie de la quinta equivale a dos manzanas. Tiene un lago artificial, un parque inmenso, una pileta, dos quinchos (en el más grande se hacían las reuniones políticas multitudinarias), cancha de paddle, otra de fútbol con vestuarios y la casa, de estilo sencillo, rústico.
Duhalde participará de la transformación de Don Tomás. Por esto, prometió a las autoridades del Consejo del Menor bonaerense que se ocupará de conseguir fondos para financiar el proyecto.
"Les dije a los "muchachos" que yo voy a llamar a varios empresarios", relató Duhalde a La Nación .
Su esposa, Hilda "Chiche" González, también quiere incidir en el futuro de la quinta donde pasó con sus hijos mucho tiempo. El matrimonio acordará con Ruckauf y con su esposa, María Isabel Zapatero, los detalles finales de San Vicente.
La ejecución del proyecto no tiene fecha ni presupuesto previstos. "Duhalde quiere ver cumplido el objetivo de su donación", dijo Bolinaga. Pero aún no se hizo nada.
"Me hace mal ir, nunca volví a Don Tomás", admitió Duhalde a La Nación . Se consuela con que se concrete su proyecto y chicos necesitados habiten el lugar en el que él disfrutó con su familia, pero donde también pasó los peores momentos de su carrera política. Se refugiaba con sus amigos íntimos, le hacían masajes y jugaba al ajedrez mientras se escurrían sus posibilidades de ser presidente y él intentaba calmar su ansiedad política.
Los motivos de la donación siempre fueron un misterio. Una de las razones que confesó el ex gobernador en la intimidad era que no quería soportar las críticas por asfaltar la única calle de la zona para poder acceder con comodidad a su quinta. También bromeaba con que la ley del arrepentido la impulsaba para anular la donación.
Don Tomás era uno de los lugares mejor custodiados del país durante la gestión duhaldista. Patrulleros y policías de civil vigilaban la zona las 24 horas. Ahora sólo hay un guardia.



